Rodrigo Bejarano, «Alienación» de Julio Ramón Ribeyro

La Real Academia de la Lengua Española define alienación como “(el) Proceso mediante el cual el individuo o una colectividad transforman su conciencia hasta hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de su condición.”. Es decir, es una sucesión de etapas que desembocan en la transformación total de una persona o de un grupo. En el cuento “Alienación” se retrata dicho proceso y las consecuencias que tuvo para Roberto López, el protagonista disconforme con su condición. Resulta evidente que el relato de Julio Ramón Ribeyro busca retratar dicha sensación de distanciamiento por parte del protagonista hacia su realidad, pero la pregunta sigue vigente ¿Porqué Roberto quería ser Bobby?

Si bien es brevemente explicado como una percepción errónea de inferioridad frente a personas con determinadas características, es necesario recalcar que no se basa en un error individual. La sociedad aún ahora refuerza ciertos paradigmas que abren las puertas a razonamientos de superioridad o inferioridad de razas. No pretendo hacer un análisis antropológico de la sociedad limeña y de su arcaica estratificación, mas sí declaro que resulta hipócrita decir que en el Perú el racismo ya no existe. Retrocediendo en el tiempo, esta idiosincrasia estaba mas arraigada a las clases altas de la capital. Por lo que no resulta extraño que un joven que haya querido salir adelante, erróneamente encuentre la solución a su situación de pobreza extirpándose todo lo que no le permitía mimetizarse con el grupo que vivía el estilo de vida que él añoraba.

El proceso de “deslopizarse” debió ser bastante crudo y fuerte para Roberto, quien además de aguantar la crítica de extraños entrometidos y familiares preocupados y decepcionados, debió lidiar consigo mismo. Ese nivel de distanciamiento entre uno y lo propio se debe sin lugar a dudas a una condición psicológica delicada. Situación, que debe agravarse al contrastar, durante el proceso de “transformación”, los cambios en uno en comparación a elementos de la realidad a la que solía pertenecer (vivienda, barrio, familiares, etc.).

De una manera mas sutil, pero igualmente intensa, se deja entrever el complejo de inseguridad por parte de otro personaje: Queca. Si bien siempre fue considerada la chica más deseada y esto podría generar la falacia de que posee un alta autoestima, el hecho que rechazase jugar con alguien por el color de su piel demuestra la inseguridad que siente frente a la opinión de los demás. Si bien es entendible su conducta, considerando que era solo una niña y que seguramente solo repetía los pensamientos implantados en casa, es una conducta igualmente reprochable. A lo largo del relato, se introduce su historia en pequeños tramos, en los cuales se ve un cierto “ascenso” por parte de este personaje por sobre los demás miembros del grupo del barrio. Finalmente termina, irónicamente, siendo victima del racismo que ella misma practicó en el pasado. Si bien, inesperado y trágico, el desenlace de la historia de aquella joven resulta revelador sobre una verdad que el autor deja ver entre líneas: en el Perú no existen razas. (Claro que habrá quienes quieran extrapolar dicha frase a nivel global, pero el cuento fue escrito para retratar a la sociedad limeña y este análisis se limitara a la misma.)

Alguna vez leí la frase “el peruano siempre tendrá a quien cholear y quien lo choleé”. Es decir que en nuestra sociedad se ha generado un circulo repetitivo no fundamentado, en el cual algunos se creen mejores que otros y asimismo, los primeros son minimizados por otro grupo y así continuamente. Retomando lo explicado con anterioridad, es la tarea de la sociedad romper con dicho paradigma. Por ejemplo, es natural escuchar en las calles de la ciudad cómo los conductores se prodigan insultos a los cuales anteponen un termino racial. Una persona que crece en un ambiente hostil, donde la determinación de a quién va dirigido tal o cual atributo se basa en diferencias raciales, inevitablemente va a crecer con un trastorno de inferioridad o superioridad.

Finalmente, así como debemos rechazar la idea de etiquetar a las personas por el color de su pelo, ojos, pigmentación de piel o facciones determinadas, debemos eliminar el sentido de ridiculización de un tema tan sensible como es el racismo. El uso indiscriminado de esta palabra para alimentar el discurso de un alborotador con un entendimiento incipiente del tema no resulta más que en la tergiversación del concepto y termina por calar en su profundidad. En pocas palabras, busquemos no herir la susceptibilidad de otros y no seamos tan susceptibles.