{"id":877,"date":"2013-06-13T16:27:30","date_gmt":"2013-06-13T16:27:30","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/\/?page_id=877"},"modified":"2013-09-27T13:51:51","modified_gmt":"2013-09-27T13:51:51","slug":"oscar-colchado-lucio-de-aqui-no-saldras-hasta-tu-muerte","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/textos-de-discusion\/oscar-colchado-lucio-de-aqui-no-saldras-hasta-tu-muerte\/","title":{"rendered":"\u00d3scar Colchado Lucio, \u00abDe aqu\u00ed no saldr\u00e1s hasta tu muerte\u00bb"},"content":{"rendered":"<p align=\"CENTER\"><span style=\"font-size: large;\"><b>De aqu\u00ed no saldr\u00e1s hasta tu muerte<\/b><\/span><\/p>\n<p align=\"CENTER\">\n<p align=\"RIGHT\"><span style=\"font-size: small;\">Edici\u00f3n para el taller de lectura virtual <i>En las nubes de la ficci\u00f3n<\/i>. Universidad del Pac\u00edfico, junio de 2013<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\n<p align=\"JUSTIFY\">\u201cDe aqu\u00ed no saldr\u00e1s hasta tu muerte, au zonza; morir\u00e1s ni bien empieces a subir la cuesta\u201d.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Acord\u00e1ndome nom\u00e1s estoy de ese d\u00eda que mi mama me dijo, ha venido do\u00f1a Estefania de nuevo, \u00e1ndate de una vez, aqu\u00ed no hay sitio para ti. Mi taita tambi\u00e9n aborreci\u00e9ndome seguro: \u00a1Anda, aqu\u00ed m\u00e1s carga est\u00e1s haciendo, busca para tu barriga siquiera!&#8230; Cargando mi quipi, me vine ah\u00ed mismo esa bajada, sin parar hasta el ojonal que hay al pie de Aitumanga. Un rato estuve por ah\u00ed matando sapos, despu\u00e9s brincoteando junto a los m\u00e1s chiquititos que se escapaban entre las matas, \u201c\u00a1Challhua! \u00a1challhua!, dici\u00e9ndoles&#8230; A la oracioncita todav\u00eda llegu\u00e9 a La Colpa, a ese sitio feo, silencioso, donde crecen solo cortaderas. Al fondo, escondida en la quebrada estaba su casa de la mujer. Quise volverme acord\u00e1ndome del arco iris que dec\u00edan que por ah\u00ed sal\u00eda; pero tomando valor avanc\u00e9 nom\u00e1s. Ni perros siquiera salieron a ladrarme cuando asom\u00e9 a la choza. Envuelta en su reboso, do\u00f1a Estefania sali\u00f3 a recibirme. Medio jorobada, flaca, puro pellejo, me miraba con sus ojos que parec\u00edan tener nube. Ya no vendr\u00e1 diciendo estuve por trancar mi puerta, dijo retirando su pelo cenizo que se desparramaba por su cara llenita de anugas. Sin ni saludarla, de un brinco me met\u00ed en su choza, sintiendo como que alguien me quisiera empu\u00f1ar por atr\u00e1s. Tienes susto, me dijo ya adentro, ma\u00f1ana me haces acordar para shojmarte con ramas. Y verdad, pues, al otro d\u00eda tempranito me ba\u00f1\u00f3 sobando sobando mi cuerpo con su flor del puy\u00f3, con yerbasanta y no s\u00e9 qu\u00e9 otras ramas m\u00e1s; despu\u00e9s me mand\u00f3 a abrigarme con una manta. De ah\u00ed me acuerdo que a los dos o tres d\u00edas ser\u00e1, cuando est\u00e1bamos en la cocina pelando papitas, vueltas y vueltas me advirti\u00f3: que si por si dizque oyera yo llamar a alguien desde afuera cualquier noche o silbar, no respondiera para nada ni fuera a molestarla a su cuarto. Arrop\u00e1ndote con la frazada te has de dormir, me dijo, si no el esp\u00edritu del r\u00edo te va a cargar vas a ver o si no yo misma, mane\u00e1ndote, te voy a entregar si me desobedeces&#8230; De aquella vez hasta ahora varias lunas ya han pasado, y ella creyendo estar\u00e1 seguro que le tengo miedo al esp\u00edritu del r\u00edo; qu\u00e9 esp\u00edritu ni nada, si el r\u00edo est\u00e1 seco en este tiempo, solo cuando carga he o\u00eddo decir a mis taitas que el r\u00edo se vuelve hombre y se lleva a las muchachas. Lo que s\u00ed tengo miedo de veras es que ese hombre que viene a verla a do\u00f1a Estefania dejando una luna, sepa que yo tambi\u00e9n vivo en esta casa y quiera despu\u00e9s hacer sus cochinadas conmigo como hace con ella. No falta nada ya casi para la otra luna, por eso he tomado la determinaci\u00f3n de irme ahora mismo, pase lo que pase; as\u00ed cumpla con su amenaza de matarme, como me ha hecho o\u00edr cada que le he confiado que me quiero ir porque no me acostumbro. solo muerta saldr\u00e1s de ac\u00e1, me ha respondido. Y yo ya s\u00e9 que ella de cumplir lo cumple. A cu\u00e1ntos ya habr\u00e1 matado. Mentada es. Desde el otro lado del Mara\u00f1\u00f3n se vienen busc\u00e1ndola, algunos a pie otros montados en sus bestias. La semana pasada nom\u00e1s un viejo lleg\u00f3 con sus burros. Antes que ni se sentara a sosegar, do\u00f1a Estefania le dijo, Ya s\u00e9 de d\u00f3nde vienes, t\u00fa no eres ni de Huayllabamba ni de Cutamayo; has hecho bien en no ser de por ac\u00e1, porque yo trabajo solo con los de lejos. \u00bfQu\u00e9 quieres?, \u00bfque lo mate al que te rob\u00f3 tu buey? Tanto te va a costar. Pasado ma\u00f1ana cuando llegues a tu tierra lo vas hallar tirado, vel\u00e1ndose. Ven, entra; te voy a dar unas bebidas para que lleves, para que sin venir de nuevo de tan lejos te deshagas t\u00fa mismo de tus enemigos. Y seguro que lo encontrar\u00eda muerto a su contrario, porque el hombrecito hasta ahora no ha vuelto.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Por eso nom\u00e1s, siempre siempre he tenido miedo de escaparme. Algo me har\u00e1 diciendo. Bueno, pero antes era todav\u00eda de soportar; siquiera remedando a los cuyes cuando mascaban su yerba me distra\u00eda; tambi\u00e9n cuando me pon\u00eda a arrancarles sus patitas a los grillos; harta risa me daba, vi\u00e9ndoles que no pod\u00edan saltar. Pero desde esa noche que lo vi desmontar a ese hombre en la puerta de la casa, todito mi cuerpo como descompuesto para; no s\u00e9 qu\u00e9 laya estoy, medio turbada me siento. A mi taita, cuando ha venido a verme, tanto le he rogado que me saque de este sitio. \u00bfPero acaso me ha hecho caso siquiera? Cobr\u00e1ndolo a do\u00f1a Estefania, r\u00e1pido r\u00e1pido se ha vuelto sin atenderme cuando le he querido contar. Ni de mi mama ni de mis hermanitos me ha dado noticia por \u00faltimo. Como as\u00ed son, no voy a tenerles pena yo tampoco ahora. Saliendo de ac\u00e1 a donde sea me voy a ir, no les he de llegar&#8230; Ahora do\u00f1a Estefania est\u00e1 en cama, muy mal; m\u00e1s p\u00e1lida que nunca. Con estas ramas que me ha hecho recoger, seguro piensa sanarse como otras veces que se ha quedado enferma despu\u00e9s que su gal\u00e1n se ha ido&#8230; Clarito me acuerdo de la primera vez que lleg\u00f3 ese hombre. De noche era. Yo ya estaba acostada. En eso me entraron ganas de salir a mear. Abriendo la puerta de la cocina, sal\u00ed afuera. Ya estuve por sentarme, cuando en eso, no s\u00e9 c\u00f3mo, levanto la cabeza y veo que por encima de la casa unos arquitos de colores, como luces que temblaban en el aire, se cruzaban unos encima de otros. \u00a1Achallau!, dije, qu\u00e9 bonito; y r\u00e1pido me levant\u00e9 para mirar de m\u00e1s cerca. Bocabierta me qued\u00e9 ah\u00ed paradita un rato. \u201c\u00bfHas visto, Eufemia, esos arcos de colores que se cruzan encima de su casa de do\u00f1a Estefania?\u201d. \u201cAchachay, encanto ser\u00e1, Gabino, \u00bfqu\u00e9 otra cosa, pues?; \u00e9ntrate, a lo mejor en su hora estar\u00e1\u201d. Acord\u00e1ndome de esa vez que as\u00ed hablaron mi taita con mi mama, de un brinco me met\u00ed en la cocina, pensando echarme en la cama y arroparme con la frazada; pero en eso que entro lo veo que de su cuarto de do\u00f1a Estefania sal\u00eda por las hendijas una luz medio amarillenta que poco a poco se iba haciendo blanca, m\u00e1s blanca, hasta alumbrar, \u00a1achic!, como en el dia. \u00a1Yaa!, \u00bfqu\u00e9, pues?, diciendo me asom\u00e9 bonito nom\u00e1s sin hacer ruido hasta una hendija. Entonces adentro lo veo a la mujer que apurada apurada se ba\u00f1aba metida en una batea grande, bonita, que nunca hab\u00eda visto yo que ten\u00eda. Pero lo que m\u00e1s llam\u00f3 mi atenci\u00f3n fue esa luz. \u00bfDe d\u00f3nde pues?, dije, si ella ni vela tiene a veces. Entonces me acord\u00e9 que igualito a esa luz vi en Sihuas, cuando mi taita me pidi\u00f3 acompa\u00f1arlo a volver unas bestias de la hacienda. Es luz de l\u00e1mpara, me dijo, al pasar por una tienda. Luz de esa laya de l\u00e1mpara ser\u00e1 pues, dije entre m\u00ed; pero por m\u00e1s esfuerzos que hice, no pude verla. Estar\u00e1 colgada por ah\u00ed, pens\u00e9&#8230; Cuando de nuevo me fij\u00e9 en la mujer, me pareci\u00f3 que no era ella sino otra. M\u00e1s muchacha se ve\u00eda. Aunque su cara era igual, su cuerpo no. Conforme se ba\u00f1aba, frot\u00e1ndose con esas ramas, parec\u00eda que se iba llenando de carnes, y su pellejo tambi\u00e9n, de lo arrugado que estaba, m\u00e1s lisito se iba poniendo. Me limpi\u00e9 los ojos, qui\u00e9n sabe tendr\u00e9 lega\u00f1a, diciendo; pero no, clarito vi que su cara estaba ahora m\u00e1s muchacha y su pelo tambi\u00e9n de lo ceniciento que era se estaba volviendo m\u00e1s negrito. Cuando termin\u00f3 de ba\u00f1arse y secarse con un pa\u00f1o de cara, no era do\u00f1a Estefania aquella mujer, sino una muchacha buenamoza, alta, que ten\u00eda ahora puesto sobre su cuerpo calapacho un camis\u00f3n como de aire o como de gar\u00faa fina. Hierbas para hacerse joven tambi\u00e9n habr\u00e1 pues seguro, me qued\u00e9 pensando. En eso oigo que alguien llama de afuera con voz de hombre, \u00a1Estefania! \u00a1Estefania! diciendo. Casito pero, salgo corriendo. No s\u00e9 c\u00f3mo me acord\u00e9 de sus advertencias. De puro jushga, me acerqu\u00e9 al otro lado de la cercha, desde donde puede verse el corredor y, m\u00e1s all\u00e1, el camino&#8230; Un jinete era el que estaba ah\u00ed afuera esperando, montado en un caballo blanco en el que relumbraban su bocado y los aperos de plata a la luz de la luna que reci\u00e9n hab\u00eda salido. Hacendado ser\u00e1, dije, vi\u00e9ndolo togado, de poncho blanco, sombrero y botas. Volvi\u00f3 a llamar un poco m\u00e1s bajo que antes. Al ratito todav\u00eda se abri\u00f3 la puerta. Ah\u00ed fue que desmont\u00f3. Despacio empez\u00f3 a avanzar hacia la casa, caminando elegante, haciendo sonar, \u00a1shin! \u00a1shin!, sus roncadoras. La muchacha, abriendo los brazos, corri\u00f3 a colgarse de su cuello. \u00c9l la abraz\u00f3 por la cintura. Un rato se mucharon ah\u00ed en el corredor, sin despegar sus bocas. Despu\u00e9s, anchaditos de la mano, entraron a la casa. Bien buenmozo hab\u00eda sido el hombre, m\u00e1s alto que ella, ten\u00eda barba y sus cabellos tambi\u00e9n eran rubios, como candela todav\u00eda; sus ojos, azulitos, que en el d\u00eda seguro no pod\u00edan ver. Solo sus cejas daban miedo; parec\u00edan como del chancho cuando se encrespa. Parados a mitad del cuarto, segu\u00edan much\u00e1ndose. Hasta ese rato no me hab\u00eda dado cuenta que ese cuarto no era su cuarto de do\u00f1a Estefania. Otro era, m\u00e1s bonito y grande. Ni en la hacienda Santa Clara vi esas alfombras que hab\u00eda en el suelo. Parec\u00edan hechas de esa tela del gui\u00f3n de San Pedro, as\u00ed con sus felpas y todo como de oro. Espejos tambi\u00e9n hab\u00eda por todos lados, grandes y chicos. Alhajas de oro y plata relumbraban en esas paredes forradas con tela. Muebles tambi\u00e9n hab\u00eda, \u00a1achallau!, finos, m\u00e1s bonitos de los que vi en casa de los hacendados esa vez que fuimos con mi mamita y mi t\u00eda Agustina por papas llamlinas. Masqui mira, eso dizque se llaman muebles, me dijo mi t\u00eda, sirven para sentarse; ah\u00ed fue que conoc\u00ed&#8230; Agarraditos de la mano, estaban que se re\u00edan ahora, queri\u00e9ndose el uno al otro, bien sentados en uno de esos muebles. Hablaban tambi\u00e9n, pero bien bajito, qu\u00e9 dici\u00e9ndose ser\u00e1 pues. En eso me fij\u00e9 que sus muelas del hombre eran de purito oro. Ah, pucha, dije, este hombre ser\u00e1 pues bien proporcionado para que hasta sus muelas se haya hecho poner de oro. As\u00ed pensando que estoy, ya los veo que se levantan, se abrazan de nuevo en medio de la habitaci\u00f3n se muchan, fuerte, con ganas, haciendo sonar todav\u00eda sus bocas. Luego los veo que se calapachan y se echan en un catre el uno sobre el otro; puro lujo ese catre tambi\u00e9n, blando el colch\u00f3n&#8230; Medio me dio verg\u00fcenza mirar, un ratito baj\u00e9 la cabeza, y cuando de nuevo la alc\u00e9, \u00a1Santo Dios!, un chivo estaba sobre la mujer, un tremendo chivo que con su verg\u00fcenza de purita candela, la hac\u00eda sufrir o gozar ser\u00e1; pero ella estaba como muerta. Todito mi cuerpo se desvaneci\u00f3. Como atontada me qued\u00e9 ah\u00ed nom\u00e1s en mi sitio agarrada mi cabeza, no sabiendo qu\u00e9 hacer. Qui\u00e9n sabe habr\u00e9 so\u00f1ado diciendo, al rato asom\u00e9 mis ojos de nuevo por la hendija haciendo un esfuerzo. Entonces lo vi al hombre que ya se vest\u00eda. Ahora era el caballero del comienzo. Apurado apurado se abotonaba su camisa. Ella s\u00ed no parec\u00eda darse cuenta. Como dormida estaba. Apenitas se o\u00eda su respiraci\u00f3n. Ese mismo rato, mirando que estoy, las cosas empezaron a desaparecer poco a poco; algunas a recuperar su forma y su color del comienzo, como ese catre de lujo que poquito a poco se fue despinte y despinte y sus adornos perdi\u00e9ndose hasta volverse lo que hab\u00eda sido antes: la tarima vieja de do\u00f1a Estefania. A ella tambi\u00e9n la vi que, acostada donde estaba, empezaba a arrugarse su cara y el resto de su cuerpo, y su pelo a volverse cenizo&#8230; Una vez que termin\u00f3 de vestirse el hombre, peg\u00f3 una mirada a la mujer que segu\u00eda durmiendo, y, sin despertarla, sali\u00f3 del cuarto empu\u00f1ando su sombrero. La luz brillante que hace ratito alumbraba, amarill\u00e1ndose amarill\u00e1ndose se apag\u00f3. Cuando mir\u00e9 para afuera, vi que el hombre ya montaba en su bestia, y que despu\u00e9s se iba prosista. Chispas sal\u00edan de los cascos del animal, como ninacuros que volaran bajito, prendi\u00e9ndose y apag\u00e1ndose. Todo era silencio a esa hora, hasta los sapos y los grillos seguro dorm\u00edan. Blanca brillaba la luna, como un queso all\u00e1 arriba, y ac\u00e1 abajo, parec\u00eda agua derramada sobre las laderas&#8230; Despu\u00e9s que se despert\u00f3, la mujer se estuvo queje y queje en su cama, sin llamarme para nada. Yo, calladita, bien arropada mi cabeza, no pude dormir todita la noche. Al otro d\u00eda temprano, haci\u00e9ndome la inocente, me acerqu\u00e9 a preguntarle qu\u00e9 ten\u00eda, qu\u00e9 le dol\u00eda. Todo mi cuerpo, me dijo, para no toparlo est\u00e1, como si me hubieran dado una paliza; pero yo s\u00e9 c\u00f3mo curarme&#8230; Y ah\u00ed fue la primera vez que me mand\u00f3 recoger esa rama que se llama azularia y que hay por abajo, por Potrero. Varios d\u00edas demor\u00f3 esa vez en mejorarse, como siempre que se quedaba as\u00ed. A los que ven\u00edan a buscarla para que les haga un \u201ctrabajito\u201d, como dec\u00edan, ten\u00eda que decirles que no estaba, que se habia ido de viaje, que regresaran por lo menos en un par de semanas todav\u00eda&#8230; Ahora mismo la mujer est\u00e1 en cama. Amarrada su cabeza con un trapo. Escucho que me llama. Seguro quiere que vaya a recoger m\u00e1s ramas para la noche. \u00a1Anaychi!, ya estoy harta de esto. Hoy mismo voy a sacar mi quipi, y haci\u00e9ndome la que va a hacer sus mandados, me voy a escapar. Aunque me mate, no importa, como tantas veces ha dicho. Pero m\u00e1s estoy segura que es ella la que va a morir primero, porque la p\u00f3cima que me orden\u00f3 preparar enantes, no es la que la cura, sino la misma que le dio a ese viejo del Mara\u00f1\u00f3n y que ahorita nom\u00e1s acaba de tom\u00e1rsela.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"JUSTIFY\">* * *<\/p>\n<p><a title=\"\u00d3scar Colchado Lucio, &quot;De aqu\u00ed no saldr\u00e1s hasta tu muerte&quot;\" href=\"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/Colchado-De-aqui-no-saldras-hasta-tu-muerte.pdf\"><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"JUSTIFY\">Descarga el cuento en PDF<\/p>\n<p><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De aqu\u00ed no saldr\u00e1s hasta tu muerte Edici\u00f3n para el taller de lectura virtual En las nubes de la ficci\u00f3n. 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