{"id":73,"date":"2012-01-14T01:43:32","date_gmt":"2012-01-14T01:43:32","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/\/?page_id=73"},"modified":"2013-04-18T18:05:46","modified_gmt":"2013-04-18T18:05:46","slug":"poe-los-crimenes-de-la-calle-morgue","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/textos-de-discusion\/poe-los-crimenes-de-la-calle-morgue\/","title":{"rendered":"Poe: \u00abLos cr\u00edmenes de la calle Morgue\u00bb"},"content":{"rendered":"<p align=\"CENTER\">Edgar Allan Poe (1809 &#8211; 1849)<\/p>\n<p align=\"CENTER\"><strong>Los cr\u00edmenes de la calle Morgue<\/strong><\/p>\n<p align=\"RIGHT\"><span style=\"font-size: x-small;\">Edici\u00f3n para el club virtual de lectura<br \/>\n<\/span><em style=\"line-height: 17px; font-size: x-small;\">En las nubes de la ficci\u00f3n<br \/>\n<\/em><span class=\"Apple-style-span\" style=\"line-height: 17px; font-size: x-small;\">Universidad del Pac\u00edfico, enero de 2012<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las condiciones mentales que suelen considerarse como anal\u00edticas son, en s\u00ed mismas, poco susceptibles de an\u00e1lisis. Las consideramos tan solo por sus efectos. De ellas sabemos, entre otras cosas, que son siempre, para el que las posee, cuando se poseen en grado extraordinario, una fuente de viv\u00edsimos goces. Del mismo modo que el hombre fuerte disfruta con su habilidad f\u00edsica, deleit\u00e1ndose en ciertos ejercicios que ponen sus m\u00fasculos en acci\u00f3n, el analista goza con esa actividad intelectual que se ejerce en el hecho de desentra\u00f1ar. Consigue satisfacci\u00f3n hasta de las m\u00e1s triviales ocupaciones que ponen en juego su talento. Se desvive por los enigmas, acertijos y jerogl\u00edficos, y en cada una de las soluciones muestra un sentido de agudeza que parece al vulgo una penetraci\u00f3n sobrenatural. Los resultados, obtenidos por un solo esp\u00edritu y la esencia del m\u00e9todo, adquieren realmente la apariencia total de una intuici\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Esta facultad de resoluci\u00f3n est\u00e1, posiblemente, muy fortalecida por los estudios matem\u00e1ticos, y especialmente por esa important\u00edsima rama de ellos que, impropiamente y solo teniendo en cuenta sus operaciones previas, ha sido llamada <em>par excellence<\/em> an\u00e1lisis. Y, no obstante, calcular no es intr\u00ednsecamente analizar. Un jugador de ajedrez, por ejemplo, lleva a cabo lo uno sin esforzarse en lo otro. De esto se deduce que el juego de ajedrez, en sus efectos sobre el car\u00e1cter mental, no est\u00e1 lo suficientemente comprendido. Yo no voy ahora a escribir un tratado, sino que prologo \u00fanicamente un relato muy singular, con observaciones efectuadas a la ligera. Aprovechar\u00e9, por tanto, esta ocasi\u00f3n para asegurar que las facultades m\u00e1s importantes de la inteligencia reflexiva trabajan con mayor decisi\u00f3n y provecho en el sencillo juego de damas que en toda esa frivolidad primorosa del ajedrez. En este \u00faltimo, donde las piezas tienen distintos y bizarros movimientos, con diversos y variables valores, lo que tan solo es complicado, se toma equivocadamente \u2014error muy com\u00fan\u2014 por profundo. La atenci\u00f3n, aqu\u00ed, es poderosamente puesta en juego. Si flaquea un solo instante, se comete un descuido, cuyos resultados implican p\u00e9rdida o derrota. Como quiera que los movimientos posibles no son solamente variados, sino complicados, las posibilidades de estos descuidos se multiplican; de cada diez casos, en nueve triunfa el jugador m\u00e1s capaz de concentraci\u00f3n y no el m\u00e1s perspicaz. En el juego de damas, por el contrario, donde los movimientos son \u00fanicos y de muy poca variaci\u00f3n, las posibilidades de descuido son menores, y como la atenci\u00f3n queda relativamente distra\u00edda, las ventajas que consigue cada una de las partes se logran por una perspicacia superior. Para ser menos abstractos supongamos, por ejemplo, un juego de damas cuyas piezas se han reducido a cuatro reinas y donde no es posible el descuido. Evidentemente, en este caso la victoria \u2014hall\u00e1ndose los jugadores en igualdad de condiciones\u2014 puede decidirse en virtud de un movimiento <em>recherche<\/em> resultante de un determinado esfuerzo de la inteligencia. Privado de los recursos ordinarios, el analista consigue penetrar en el esp\u00edritu de su contrario; por tanto, se identifica con \u00e9l, y a menudo descubre de una ojeada el \u00fanico medio \u2014a veces, en realidad, absurdamente sencillo\u2014 que puede inducirle a error o llevarlo a un c\u00e1lculo equivocado.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Desde hace largo tiempo se conoce el <em>whist<\/em> por su influencia sobre la facultad calculadora, y hombres de gran inteligencia han encontrado en \u00e9l un goce aparentemente inexplicable, mientras abandonaban el ajedrez como una frivolidad. No hay duda de que no existe ning\u00fan juego semejante que haga trabajar tanto la facultad anal\u00edtica. El mejor jugador de ajedrez del mundo s\u00f3lo puede ser poco m\u00e1s que el mejor jugador de ajedrez; pero la habilidad en el <em>whist<\/em> implica ya capacidad para el triunfo en todas las dem\u00e1s importantes empresas en las que la inteligencia se enfrenta con la inteligencia. Cuando digo habilidad, me refiero a esa perfecci\u00f3n en el juego que lleva consigo una comprensi\u00f3n de todas las fuentes de donde se deriva una leg\u00edtima ventaja. Estas fuentes no solo son diversas, sino tambi\u00e9n multiformes. Se hallan frecuentemente en lo m\u00e1s rec\u00f3ndito del pensamiento, y son por entero inaccesibles para las inteligencias ordinarias. Observar atentamente es recordar distintamente. Y desde este punto de vista, el jugador de ajedrez capaz de intensa concentraci\u00f3n jugar\u00e1 muy bien al <em>whist<\/em>, puesto que las reglas de Hoyle, basadas en el puro mecanismo del juego, son suficientes y, por lo general, comprensibles. Por esto, el poseer una buena memoria y jugar de acuerdo con \u00abel libro\u00bb son, por lo com\u00fan, puntos considerados como la suma total del jugar excelentemente. Pero en los casos que se hallan fuera de los l\u00edmites de la pura regla es donde se evidencia el talento del analista. En silencio, realiza una porci\u00f3n de observaciones y deducciones. Posiblemente, sus compa\u00f1eros har\u00e1n otro tanto, y la diferencia en la extensi\u00f3n de la informaci\u00f3n obtenida no se basar\u00e1 tanto en la validez de la deducci\u00f3n como en la calidad de la observaci\u00f3n. Lo importante es saber lo que debe ser observado. Nuestro jugador no se reduce \u00fanicamente al juego, y aunque este sea el objeto de su atenci\u00f3n, habr\u00e1 de prescindir de determinadas deducciones originadas al considerar objetos extra\u00f1os al juego. Examina la fisonom\u00eda de su compa\u00f1ero, y la compara cuidadosamente con la de cada uno de sus contrarios. Se fija en el modo de distribuir las cartas a cada mano, con frecuencia calculando triunfo por triunfo y tanto por tanto observando las miradas de los jugadores a su juego. Se da cuenta de cada una de las variaciones de los rostros a medida que avanza el juego, recogiendo gran n\u00famero de ideas por las diferencias que observa en las distintas expresiones de seguridad, sorpresa, triunfo o desagrado. En la manera de recoger una baza juzga si la misma persona podr\u00e1 hacer la que sigue. Reconoce la carta jugada en el adem\u00e1n con que se deja sobre la mesa. Una palabra casual o involuntaria; la forma accidental con que cae o se vuelve una carta, con la ansiedad o la indiferencia que acompa\u00f1an la acci\u00f3n de evitar que sea vista; la cuenta de las bazas y el orden de su colocaci\u00f3n; la perplejidad, la duda, el entusiasmo o el temor, todo ello facilita a su aparentemente intuitiva percepci\u00f3n indicaciones del verdadero estado de cosas. Cuando se han dado las dos o tres primeras vueltas, conoce completamente los juegos de cada uno, y desde aquel momento echa sus cartas con tal absoluto dominio de prop\u00f3sitos como si el resto de los jugadores las tuvieran vueltas hacia \u00e9l.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">El poder anal\u00edtico no debe confundirse con el simple ingenio, porque mientras el analista es necesariamente ingenioso, el hombre ingenioso est\u00e1 con frecuencia notablemente incapacitado para el an\u00e1lisis. La facultad constructiva o de combinaci\u00f3n con que por lo general se manifiesta el ingenio, y a la que los fren\u00f3logos, equivocadamente, a mi parecer, asignan un \u00f3rgano aparte, suponiendo que se trata de una facultad primordial, se ha visto tan a menudo en individuos cuya inteligencia bordeaba, por otra parte, la idiotez, que ha atra\u00eddo la atenci\u00f3n general de los escritores de temas morales. Entre el ingenio y la aptitud anal\u00edtica hay una diferencia mucho mayor, en efecto, que entre la fantas\u00eda y la imaginaci\u00f3n, aunque de un car\u00e1cter rigurosamente an\u00e1logo. En realidad, se observar\u00e1 f\u00e1cilmente que el hombre ingenioso es siempre fant\u00e1stico, mientras que el verdadero imaginativo nunca deja de ser anal\u00edtico.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">El relato que sigue a continuaci\u00f3n podr\u00e1 servir en cierto modo al lector para ilustrarle en una interpretaci\u00f3n de las proposiciones que acabo de anticipar.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Encontr\u00e1ndome en Par\u00eds durante la primavera y parte del verano de 18&#8230;, conoc\u00ed all\u00ed a Monsieur C. Auguste Dupin. Pertenec\u00eda este joven caballero a una excelente, o, mejor dicho, ilustre familia, pero por una serie de adversos sucesos se hab\u00eda quedado reducido a tal pobreza, que sucumbi\u00f3 la energ\u00eda de su car\u00e1cter y renunci\u00f3 a sus ambiciones mundanas, lo mismo que a procurar el restablecimiento de su fortuna. Con el benepl\u00e1cito de sus acreedores, qued\u00f3 todav\u00eda en posesi\u00f3n de un peque\u00f1o resto de su patrimonio, y con la renta que este le produc\u00eda encontr\u00f3 el medio, gracias a una econom\u00eda rigurosa, de subvenir a las necesidades de su vida, sin preocuparse en absoluto por lo m\u00e1s superfluo. En realidad, su \u00fanico lujo eran los libros, y en Par\u00eds \u00e9stos son f\u00e1ciles de adquirir.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Nuestro conocimiento tuvo efecto en una oscura biblioteca de la <em>rue<\/em> Montmartre, donde nos puso en estrecha intimidad la coincidencia de buscar los dos un muy raro y al mismo tiempo notable volumen. Nos vimos con frecuencia. Yo me hab\u00eda interesado vivamente por la sencilla historia de su familia, que me cont\u00f3 detalladamente con toda la ingenuidad con que un franc\u00e9s se explaya en sus confidencias cuando habla de s\u00ed mismo. Por otra parte, me admiraba el n\u00famero de sus lecturas, y, sobre todo, me llegaba al alma el vehemente af\u00e1n y la viva frescura de su imaginaci\u00f3n. La \u00edndole de las investigaciones que me ocupaban entonces en Par\u00eds me hicieron comprender que la amistad de un hombre semejante era para m\u00ed un inapreciable tesoro. Con esta idea, me confi\u00e9 francamente a \u00e9l. Por \u00faltimo, convinimos en que vivir\u00edamos juntos todo el tiempo que durase mi permanencia en la ciudad, y como mis asuntos econ\u00f3micos se desenvolv\u00edan menos embarazosamente que los suyos, me fue permitido participar en los gastos de alquiler, y amueblar, de acuerdo con el car\u00e1cter algo fant\u00e1stico y melanc\u00f3lico de nuestro com\u00fan temperamento, una vieja y grotesca casa abandonada hac\u00eda ya mucho tiempo, en virtud de ciertas supersticiones que no quisimos averiguar. Lo cierto es que la casa se estremec\u00eda como si fuera a hundirse en un retirado y desolado rinc\u00f3n del <em>faubourg<\/em> Saint-Germain.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Si hubiera sido conocida por la gente la rutina de nuestra vida en aquel lugar, nos hubieran tomado por locos, aunque de especie inofensiva. Nuestra reclusi\u00f3n era completa. No recib\u00edamos visita alguna. En realidad, el lugar de nuestro retiro era un secreto guardado cuidadosamente para mis antiguos camaradas, y ya hac\u00eda mucho tiempo que Dupin hab\u00eda cesado de frecuentar o hacerse visible en Par\u00eds. Viv\u00edamos solo para nosotros.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Una rareza del car\u00e1cter de mi amigo \u2014no s\u00e9 c\u00f3mo calificarla de otro modo\u2014 consist\u00eda en estar enamorado de la noche. Pero con esta <em>bizarrerie<\/em>, como con todas las dem\u00e1s suyas, condescend\u00eda yo tranquilamente, y me entregaba a sus singulares caprichos con un perfecto abandono. No siempre pod\u00eda estar con nosotros la negra divinidad, pero s\u00ed pod\u00edamos falsear su presencia. En cuanto la ma\u00f1ana alboreaba, cerr\u00e1bamos inmediatamente los macizos postigos de nuestra vieja casa y encend\u00edamos un par de buj\u00edas intensamente perfumadas y que solo daban un l\u00edvido y d\u00e9bil resplandor, bajo el cual entreg\u00e1bamos nuestras almas a sus ensue\u00f1os, le\u00edamos, escrib\u00edamos o convers\u00e1bamos, hasta que el reloj nos advert\u00eda la llegada de la verdadera oscuridad. Sal\u00edamos entonces cogidos del brazo a pasear por las calles, continuando la conversaci\u00f3n del d\u00eda y rondando por doquier hasta muy tarde, buscando a trav\u00e9s de las estrafalarias luces y sombras de la populosa ciudad esas innumerables excitaciones mentales que no puede procurar la tranquila observaci\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">En circunstancias tales, yo no pod\u00eda menos de notar y admirar en Dupin (aunque ya, por la rica imaginaci\u00f3n de que estaba dotado, me sent\u00eda preparado a esperarlo) un talento particularmente anal\u00edtico. Por otra parte, parec\u00eda deleitarse intensamente en ejercerlo (si no exactamente en desplegarlo), y no vacilaba en confesar el placer que ello le produc\u00eda. Se vanagloriaba ante m\u00ed burlonamente de que muchos hombres, para \u00e9l, llevaban ventanas en el pecho, y acostumbraba a apoyar tales afirmaciones usando pruebas sorprendentes y directas de su \u00edntimo conocimiento de m\u00ed. En tales momentos, sus maneras eran glaciales y abstra\u00eddas. Se quedaban sus ojos sin expresi\u00f3n, mientras su voz, por lo general ricamente atenorada, se elevaba hasta un timbre atiplado, que hubiera parecido petulante de no ser por la ponderada y completa claridad de su pronunciaci\u00f3n. A menudo, vi\u00e9ndolo en tales disposiciones de \u00e1nimo, meditaba yo acerca de la antigua filosof\u00eda del Alma Doble, y me divert\u00eda la idea de un doble Dupin: el creador y el anal\u00edtico.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Por cuanto acabo de decir, no hay que creer que estoy contando alg\u00fan misterio o escribiendo una novela. Mis observaciones a prop\u00f3sito de este franc\u00e9s no son m\u00e1s que el resultado de una inteligencia hiperestesiada o tal vez enferma. Un ejemplo dar\u00e1 mejor idea de la naturaleza de sus observaciones durante la \u00e9poca a que aludo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00cdbamos una noche paseando por una calle larga y sucia, cercana al Palais Royal. Al parecer, cada uno de nosotros se hab\u00eda sumido en sus propios pensamientos, y por lo menos durante quince minutos ninguno pronunci\u00f3 una sola s\u00edlaba. De pronto, Dupin rompi\u00f3 el silencio con estas palabras:<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014En realidad, ese muchacho es demasiado peque\u00f1o y estar\u00eda mejor en el Th\u00e9\u00e2tre des Variet\u00e9s.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014No cabe duda \u2014repliqu\u00e9, sin fijarme en lo que dec\u00eda y sin observar en aquel momento, tan absorto hab\u00eda estado en mis reflexiones, el modo extraordinario con que mi interlocutor hab\u00eda hecho coincidir sus palabras con mis meditaciones.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Un momento despu\u00e9s me repuse y experiment\u00e9 un profundo asombro.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Dupin \u2014dije gravemente\u2014, lo que ha sucedido excede mi comprensi\u00f3n. No vacilo en manifestar que estoy asombrado y que apenas puedo dar cr\u00e9dito a lo que he o\u00eddo. \u00bfC\u00f3mo es posible que haya usted podido adivinar que estaba pensando en&#8230;?<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Diciendo esto, me interrump\u00ed para asegurarme, ya sin ninguna dada, de que \u00e9l sab\u00eda realmente en qui\u00e9n pensaba.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014\u00bfEn Chantilly? \u2014pregunt\u00f3\u2014. \u00bfPor qu\u00e9 se ha interrumpido? Usted pensaba que su escasa estatura no era la apropiada para dedicarse a la tragedia.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Esto era precisamente lo que hab\u00eda constituido el tema de mis reflexiones. Chantilly era un ex zapatero remend\u00f3n de la <em>rue <\/em>Saint Denis que, apasionado por el teatro, hab\u00eda representado el papel de Jerjes en la tragedia de Crebillon de este t\u00edtulo. Pero sus esfuerzos hab\u00edan provocado la burla del p\u00fablico.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014D\u00edgame usted, por Dios \u2014exclam\u00e9\u2014, por qu\u00e9 m\u00e9todo, si es que hay alguno, ha penetrado usted en mi alma en este caso.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Realmente, estaba yo mucho m\u00e1s asombrado de lo que hubiese querido confesar.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Ha sido el vendedor de frutas \u2014contest\u00f3 mi amigo\u2014 quien le ha llevado a usted a la conclusi\u00f3n de que el remend\u00f3n de suelas no tiene la suficiente estatura para representar el papel de Jerjes <em>et id genus omne<\/em>.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014\u00bfEl vendedor de frutas? Me asombra usted. No conozco a ninguno.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014S\u00ed; es ese hombre con quien ha tropezado usted al entrar en esta calle, har\u00e1 unos quince minutos.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Record\u00e9 entonces que, en efecto, un vendedor de frutas, que llevaba sobre la cabeza una gran canasta de manzanas, estuvo a punto de hacerme caer, sin pretenderlo, cuando pas\u00e1bamos de la calle C&#8230; a la calleja en que ahora nos encontr\u00e1bamos. Pero yo no pod\u00eda comprender la relaci\u00f3n de este hecho con Chantilly.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">No hab\u00eda por qu\u00e9 suponer charlataner\u00eda alguna en Dupin.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Se lo explicar\u00e9 \u2014me dijo\u2014. Para que pueda usted darse cuenta de todo claramente, vamos a repasar primero en sentido inverso el curso de sus meditaciones desde este instante en que le estoy hablando hasta el de su encuentro con el vendedor de frutas. En sentido inverso, los m\u00e1s importantes eslabones de la cadena se suceden de esta forma: Chantilly, Ori\u00f3n, doctor Nichols, Epicuro, estereotom\u00eda de los adoquines y el vendedor de frutas.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Existen pocas personas que no se hayan entretenido, en cualquier momento de su vida, en recorrer en sentido inverso las etapas por las cuales han sido conseguidas ciertas conclusiones de su inteligencia. Frecuentemente es una ocupaci\u00f3n llena de inter\u00e9s, y el que la prueba por primera vez se asombra de la aparente distancia ilimitada y de la falta de ilaci\u00f3n que parece median desde el punto de partida hasta la meta final. J\u00fazguese, pues, cu\u00e1l no ser\u00eda mi asombro cuando escuch\u00e9 lo que el franc\u00e9s acababa de decir, y no pude menos de reconocer que hab\u00eda dicho la verdad. Continu\u00f3 despu\u00e9s de este modo:<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Si mal no recuerdo, en el momento en que \u00edbamos a dejar la calle C&#8230; habl\u00e1bamos de caballos. \u00c9ste era el \u00faltimo tema que discutimos. Al entrar en esta calle, un vendedor de frutas que llevaba una gran canasta sobre la cabeza, pas\u00f3 velozmente ante nosotros y lo empuj\u00f3 a usted contra un mont\u00f3n de adoquines, en un lugar donde la calzada se encuentra en reparaci\u00f3n. Usted puso el pie sobre una de las piedras sueltas, resbal\u00f3 y se torci\u00f3 levemente el tobillo. Aparent\u00f3 usted cierto fastidio o mal humor, murmur\u00f3 unas palabras, se volvi\u00f3 para observar el mont\u00f3n de adoquines y continu\u00f3 luego caminando en silencio. Yo no prestaba particular atenci\u00f3n a lo que usted hac\u00eda, pero, desde hace mucho tiempo, la observaci\u00f3n se ha convertido para m\u00ed en una especie de necesidad.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbCaminaba usted con los ojos fijos en el suelo, mirando, con malhumorada expresi\u00f3n, los baches y rodadas del empedrado, por lo que deduje que continuaba usted pensando todav\u00eda en las piedras. Procedi\u00f3 as\u00ed hasta que llegamos a la callejuela llamada Lamartine, que, a modo de prueba, ha sido pavimentada con tarugos sobrepuestos y acoplados s\u00f3lidamente. Al entrar en ella, su rostro se ilumin\u00f3 y me di cuenta de que se mov\u00edan sus labios. Por este movimiento no me fue posible dudar que pronunciaba usted la palabra \u00abestereotom\u00eda\u00bb, t\u00e9rmino que tan afectadamente se aplica a esta especie de pavimentaci\u00f3n. Yo estaba seguro de que no pod\u00eda usted pronunciar para s\u00ed la palabra \u00abestereotom\u00eda\u00bb sin que esto le llevara a pensar en los \u00e1tomos, y, por consiguiente, en las teor\u00edas de Epicuro. Y como quiera que no hace mucho rato discut\u00edamos este tema, le hice notar a usted de qu\u00e9 modo tan singular, y sin que ello haya sido muy notado, las vagas conjeturas de ese noble griego han encontrado en la reciente cosmogon\u00eda nebular su confirmaci\u00f3n. He comprendido por esto que no pod\u00eda usted resistir a la tentaci\u00f3n de levantar sus ojos a la gran n\u00e9bula de Ori\u00f3n, y con toda seguridad he esperado que usted lo hiciera. En efecto, usted ha mirado a lo alto, y he adquirido entonces la certeza de haber seguido correctamente el hilo de sus pensamientos. Ahora bien, en la amarga tirada sobre Chantilly, publicada ayer en el Mus\u00e9e, el escritor sat\u00edrico, haciendo mortificantes alusiones al cambio de nombre del zapatero al calzarse el coturno, citaba un verso latino del que hemos hablado nosotros con frecuencia. Me refiero a \u00e9ste: \u201c<em>Perdidit antiquum littera prima sonum<\/em>\u201d.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbYo le hab\u00eda dicho a usted que este verso se relacionaba con la palabra Ori\u00f3n, que en un principio se escrib\u00eda Uri\u00f3n. Adem\u00e1s, por determinadas discusiones un tanto apasionadas que tuvimos acerca de mi interpretaci\u00f3n, tuve la seguridad de que usted no la habr\u00eda olvidado. Por tanto, era evidente que asociar\u00eda usted las dos ideas: Ori\u00f3n y Chantilly, y esto lo he comprendido por la forma de la sonrisa que he visto en sus labios. Ha pensado usted, pues, en aquella inmolaci\u00f3n del pobre zapatero. Hasta ese momento, usted hab\u00eda caminado con el cuerpo encorvado, pero a partir de entonces se irgui\u00f3 usted, recobrando toda su estatura. Este movimiento me ha confirmado que pensaba usted en la diminuta figura de Chantilly, y ha sido entonces cuando he interrumpido sus meditaciones para observar que, por tratarse de un hombre de baja estatura, estar\u00eda mejor Chantilly en el Th\u00e9\u00e2tre des Variet\u00e9s.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Poco despu\u00e9s de esta conversaci\u00f3n hoje\u00e1bamos una edici\u00f3n de la tarde de la <em>Gazette des Tribunaux<\/em> cuando llamaron nuestra atenci\u00f3n los siguientes titulares:<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00abEXTRAORDINARIOS CR\u00cdMENES<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbEsta madrugada, alrededor de las tres, los habitantes del <em>quartier<\/em> Saint-Roch fueron despertados por una serie de espantosos gritos que parec\u00edan proceder del cuarto piso de una casa de la <em>rue<\/em> Morgue, ocupada, seg\u00fan se dice, por una tal Madame L&#8217;Espanaye y su hija Mademoiselle Camille L&#8217;Espanaye. Despu\u00e9s de alg\u00fan tiempo empleado en infructuosos esfuerzos para poder penetrar buenamente en la casa, se forz\u00f3 la puerta de entrada con una palanca de hierro, y entraron ocho o diez vecinos acompa\u00f1ados de dos gendarmes. En ese momento cesaron los gritos; pero en cuanto aquellas personas llegaron apresuradamente al primer rellano de la escalera, se distinguieron dos o m\u00e1s voces \u00e1speras que parec\u00edan disputar violentamente y proceder de la parte alta de la casa. Cuando la gente lleg\u00f3 al segundo rellano, cesaron tambi\u00e9n aquellos rumores y todo permaneci\u00f3 en absoluto silencio. Los vecinos recorrieron todas las habitaciones precipitadamente. Al llegar, por \u00faltimo, a una gran sala situada en la parte posterior del cuarto piso, cuya puerta hubo de ser forzada, por estar cerrada interiormente con llave, se ofreci\u00f3 a los circunstantes un espect\u00e1culo que sobrecogi\u00f3 su \u00e1nimo, no s\u00f3lo de horror, sino de asombro.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbSe hallaba la habitaci\u00f3n en violento desorden, rotos los muebles y diseminados en todas direcciones. No quedaba m\u00e1s lecho que la armadura de una cama, cuyas partes hab\u00edan sido arrancadas y tiradas por el suelo. Sobre una silla se encontr\u00f3 una navaja barbera manchada de sangre. Hab\u00eda en la chimenea dos o tres largos y abundantes mechones de pelo cano, empapados en sangre y que parec\u00edan haber sido arrancados de ra\u00edz. En el suelo se encontraron cuatro napoleones, un zarcillo adornado con un topacio, tres grandes cucharas de plata, tres cucharillas de metal d&#8217;Alger y dos sacos conteniendo, aproximadamente, cuatro mil francos en oro. En un rinc\u00f3n se hallaron los cajones de una c\u00f3moda abiertos, y, al parecer, saqueados, aunque quedaban en ellos algunas cosas. Se encontr\u00f3 tambi\u00e9n un cofrecillo de hierro bajo la cama, no bajo su armadura. Se hallaba abierto, y la cerradura conten\u00eda a\u00fan la llave. En el cofre no se encontraron m\u00e1s que unas cuantas cartas viejas y otros papeles sin importancia.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbNo se encontr\u00f3 rastro alguno de Madame L&#8217;Espanaye; pero como quiera que se notase una anormal cantidad de holl\u00edn en el hogar, se efectu\u00f3 un reconocimiento de la chimenea, y \u2014horroriza decirlo\u2014 se extrajo de ella el cuerpo de su hija, que estaba colocado cabeza abajo y que hab\u00eda sido introducido por la estrecha abertura hasta una altura considerable. El cuerpo estaba todav\u00eda caliente. Al examinarlo se comprobaron en \u00e9l numerosas escoriaciones ocasionadas sin duda por la violencia con que el cuerpo hab\u00eda sido metido all\u00ed y por el esfuerzo que hubo de emplearse para sacarlo. En su rostro se ve\u00edan profundos ara\u00f1azos, y en la garganta, c\u00e1rdenas magulladuras y hondas huellas producidas por las u\u00f1as, como si la muerte se hubiera verificado por estrangulaci\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbDespu\u00e9s de un minucioso examen efectuado en todas las habitaciones, sin que se lograra ning\u00fan nuevo descubrimiento, los presentes se dirigieron a un peque\u00f1o patio pavimentado, situado en la parte posterior del edificio, donde hallaron el cad\u00e1ver de la anciana se\u00f1ora, con el cuello cortado de tal modo, que la cabeza se desprendi\u00f3 del tronco al levantar el cuerpo. Tanto \u00e9ste como la cabeza estaban tan horriblemente mutilados, que apenas conservaban apariencia humana.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbQue sepamos, no se ha obtenido hasta el momento el menor indicio que permita aclarar este horrible misterio.\u00bb<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">El diario del d\u00eda siguiente daba algunos nuevos pormenores:<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00abLA TRAGEDIA DE LA <em>RUE<\/em> MORGUE<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbGran n\u00famero de personas han sido interrogadas con respecto a tan extraordinario y horrible <em>affaire<\/em> (la palabra <em>affaire<\/em> no tiene todav\u00eda en Francia el poco significado que se le da entre nosotros), pero nada ha podido deducirse que arroje alguna luz sobre ello. Damos a continuaci\u00f3n todas las declaraciones m\u00e1s importantes que se han obtenido:<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbPauline Dubourg, lavandera, declara haber conocido desde hace tres a\u00f1os a las v\u00edctimas y haber lavado para ellas durante todo este tiempo. Tanto la madre como la hija parec\u00edan vivir en buena armon\u00eda y profesarse mutuamente un gran cari\u00f1o. Pagaban con puntualidad. Nada se sabe acerca de su g\u00e9nero de vida y medios de existencia. Supone que Madame L&#8217;Espanaye dec\u00eda la buena ventura para ganarse el sustento. Ten\u00eda fama de poseer alg\u00fan dinero escondido. Nunca encontr\u00f3 a otras personas en la casa cuando la llamaban para recoger la ropa, ni cuando la devolv\u00eda. Estaba absolutamente segura de que las se\u00f1oras no ten\u00edan servidumbre alguna. Salvo el cuarto piso, no parec\u00eda que hubiera muebles en ninguna parte de la casa.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbPierre Moreau, estanquero, declara que es el habitual proveedor de tabaco y de rap\u00e9 de Madame L&#8217;Espanaye desde hace cuatros a\u00f1os. Naci\u00f3 en su vecindad y ha vivido siempre all\u00ed. Hac\u00eda m\u00e1s de seis a\u00f1os que la muerta y su hija viv\u00edan en la casa donde fueron encontrados sus cad\u00e1veres. Anteriormente a su estad\u00eda, el piso hab\u00eda sido ocupado por un joyero, que alquilaba a su vez las habitaciones interiores a distintas personas. La casa era propiedad de Madame L&#8217;Espanaye. Descontenta por los abusos de su inquilino, se hab\u00eda trasladado al inmueble de su propiedad, neg\u00e1ndose a alquilar ninguna parte de \u00e9l. La buena se\u00f1ora chocheaba a causa de la edad. El testigo hab\u00eda visto a su hija unas cinco o seis veces durante los seis a\u00f1os. Las dos llevaban una vida muy retirada, y era fama que ten\u00edan dinero. Entre los vecinos hab\u00eda o\u00eddo decir que Madame L&#8217;Espanaye dec\u00eda la buena ventura, pero \u00e9l no lo cre\u00eda. Nunca hab\u00eda visto atravesar la puerta a nadie, excepto a la se\u00f1ora y a su hija, una o dos voces a un recadero y ocho o diez a un m\u00e9dico.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbEn esta misma forma declararon varios vecinos, pero de ninguno de ellos se dice que frecuentaran la casa. Tampoco se sabe que la se\u00f1ora y su hija tuvieran parientes vivos. Raramente estaban abiertos los postigos de los balcones de la fachada principal. Los de la parte trasera estaban siempre cerrados, a excepci\u00f3n de las ventanas de la gran sala posterior del cuarto piso. La casa era una finca excelente y no muy vieja.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbIsidoro Muset, gendarme, declara haber sido llamado a la casa a las tres de la madrugada, y dice que hall\u00f3 ante la puerta principal a unas veinte o treinta personas que procuraban entrar en el edificio. Con una bayoneta, y no con una barra de hierro, pudo, por fin, forzar la puerta. No hall\u00f3 grandes dificultades en abrirla, porque era de dos hojas y carec\u00eda de cerrojo y pasador en su parte alta. Hasta que la puerta fue forzada, continuaron los gritos, pero luego cesaron repentinamente. Daban la sensaci\u00f3n de ser alaridos de una o varias personas v\u00edctimas de una gran angustia. Eran fuertes y prolongados, y no gritos breves y r\u00e1pidos. El testigo subi\u00f3 r\u00e1pidamente los escalones. Al llegar al primer rellano, oy\u00f3 dos voces que disputaban acremente. Una de \u00e9stas era \u00e1spera, y la otra, aguda, una voz muy extra\u00f1a. De la primera pudo distinguir algunas palabras, y le pareci\u00f3 franc\u00e9s el que las hab\u00eda pronunciado. Pero, evidentemente, no era voz de mujer. Distingui\u00f3 claramente las palabras \u201c<em>sacre<\/em>\u201d y \u201c<em>diable<\/em>\u201d. La aguda voz pertenec\u00eda a un extranjero, pero el declarante no puede asegurar si se trataba de hombre o mujer. No pudo distinguir lo que dec\u00edan, pero supone que hablasen espa\u00f1ol. El testigo descubri\u00f3 el estado de la casa y de los cad\u00e1veres como fue descrito ayer por nosotros.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbHenri Duval, vecino, y de oficio platero, declara que \u00e9l formaba parte del grupo que entr\u00f3 primeramente en la casa. En t\u00e9rminos generales, corrobora la declaraci\u00f3n de Muset. En cuanto se abrieron paso, forzando la puerta, la cerraron de nuevo, con objeto de contener a la muchedumbre que se hab\u00eda reunido a pesar de la hora. Este opina que la voz aguda sea la de un italiano, y est\u00e1 seguro de que no era la de un franc\u00e9s. No conoce el italiano. No pudo distinguir las palabras, pero, por la entonaci\u00f3n del que hablaba, est\u00e1 convencido de que era un italiano. Conoc\u00eda a Madame L&#8217;Espanaye y a su hija. Con las dos hab\u00eda conversado con frecuencia. Estaba seguro de que la voz no correspond\u00eda a ninguna de las dos mujeres.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbOdenheimer, restaurador. Voluntariamente, el testigo se ofreci\u00f3 a declarar. Como no hablaba franc\u00e9s, fue interrogado haci\u00e9ndose uso de un int\u00e9rprete. Es natural de Amsterdam. Pasaba por delante de la casa en el momento en que se oyeron los gritos. Se detuvo durante unos minutos, diez, probablemente. Eran fuertes y prolongados, y produc\u00edan horror y angustia. Fue uno de los que entraron en la casa. Corrobora las declaraciones anteriores en todos sus detalles, excepto uno: est\u00e1 seguro de que la voz aguda era la de un hombre, la de un franc\u00e9s. No pudo distinguir claramente las palabras que hab\u00eda pronunciado. Estaban dichas en alta voz y r\u00e1pidamente, con cierta desigualdad, pronunciadas, seg\u00fan supon\u00eda, con miedo y con ira al mismo tiempo. La voz era \u00e1spera. Realmente, no puede asegurarse que fuese una voz aguda. La voz grave dijo varias veces: \u201c<em>sacr\u00e9<\/em>\u201d, \u201c<em>diable<\/em>\u201d, y una sola \u201c<em>Mon Dieu<\/em>\u201d.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbJules Mignaud, banquero, de la casa Mignaud et Fils, de la <em>rue<\/em> Deloraie. Es el mayor de los Mignaud. Madame L&#8217;Espanaye ten\u00eda algunos intereses. Hab\u00eda abierto una cuenta corriente en su casa de banca en la primavera del a\u00f1o&#8230; (ocho a\u00f1os antes). Con frecuencia hab\u00eda ingresado peque\u00f1as cantidades. No retir\u00f3 ninguna hasta tres d\u00edas antes de su muerte. La retir\u00f3 personalmente, y la suma ascend\u00eda a cuatro mil francos. La cantidad fue pagada en oro, y se encarg\u00f3 a un dependiente que la llevara a su casa.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbAdolphe Le Bon, dependiente de la casa Mignaud et Fils, declara que en el d\u00eda de autos, al mediod\u00eda, acompa\u00f1\u00f3 a Madame L&#8217;Espanaye a su domicilio con los cuatro mil francos, distribuidos en dos peque\u00f1os talegos. Al abrirse la puerta, apareci\u00f3 Mademoiselle L&#8217;Espanaye. Esta cogi\u00f3 uno de los saquitos y la anciana se\u00f1ora el otro. Entonces, \u00e9l salud\u00f3 y se fue. En aquellos momentos no hab\u00eda nadie en la calle. Era una calle apartada, muy solitaria.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbWilliam Bird, sastre, declara que fue uno de los que entraron en la casa. Es ingl\u00e9s. Ha vivido dos a\u00f1os en Par\u00eds. Fue uno de los primeros que subieron por la escalera. Oy\u00f3 las voces que disputaban. La gruesa era de un franc\u00e9s. Pudo o\u00edr algunas palabras, pero ahora no puede recordarlas todas. Oy\u00f3 claramente \u201c<em>sacr\u00e9<\/em>\u201d y \u201cMon Dieu\u201d. Por un momento se produjo un rumor, como si varias personas peleasen. Ruido de ri\u00f1a y forcejeo. La voz aguda era muy fuerte, m\u00e1s que la grave. Est\u00e1 seguro de que no se trataba de la voz de ning\u00fan ingl\u00e9s, sino m\u00e1s bien la de un alem\u00e1n. Pod\u00eda haber sido la de una mujer. No entiende el alem\u00e1n.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbCuatro de los testigos mencionados arriba, nuevamente interrogados, declararon que la puerta de la habitaci\u00f3n en que fue encontrado el cuerpo de Mademoiselle L&#8217;Espanaye se hallaba cerrada por dentro cuando el grupo lleg\u00f3 a ella. Todo se hallaba en un silencio absoluto. No se o\u00edan ni gemidos ni ruidos de ninguna especie. Al forzar la puerta, no se vio a nadie. Tanto las ventanas de la parte posterior como las de la fachada estaban cerradas y aseguradas fuertemente por dentro con sus cerrojos respectivos. Entre las dos salas se hallaba tambi\u00e9n una puerta de comunicaci\u00f3n, que estaba cerrada, pero no con llave. La puerta que conduc\u00eda de la habitaci\u00f3n delantera al pasillo estaba cerrada por dentro con llave. Una peque\u00f1a estancia de la parte delantera del cuarto piso, a la entrada del pasillo, estaba abierta tambi\u00e9n, puesto que ten\u00eda la puerta entornada. En esta sala se hacinaban camas viejas, cofres y objetos de esta especie. No qued\u00f3 una sola pulgada de la casa sin que hubiese sido registrada cuidadosamente. Se orden\u00f3 que tanto por arriba como por abajo se introdujeran deshollinadores por las chimeneas. La casa constaba de cuatro pisos, con buhardillas (mansardas). En el techo se hallaba, fuertemente asegurado, un escotill\u00f3n, y parec\u00eda no haber sido abierto durante muchos a\u00f1os. Por lo que respecta al intervalo de tiempo transcurrido entre las voces que disputaban y el acto de forzar la puerta del piso, las afirmaciones de los testigos difieren bastante. Unos hablan de tres minutos, y otros ampl\u00edan este tiempo a cinco. Cost\u00f3 mucho forzar la puerta.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbAlfonso Garc\u00eda, empresario de pompas f\u00fanebres, declara que habita en la <em>rue<\/em> Morgue, y que es espa\u00f1ol. Tambi\u00e9n formaba parte del grupo que entr\u00f3 en la casa. No subi\u00f3 la escalera, porque es muy nervioso y tem\u00eda los efectos que pudiera producirle la emoci\u00f3n. Oy\u00f3 las voces que disputaban. La grave era de un franc\u00e9s. No pudo distinguir lo que dec\u00edan, y est\u00e1 seguro de que la voz aguda era de un ingl\u00e9s. No entiende este idioma, pero se basa en la entonaci\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbAlberto Montan, confitero, declara haber sido uno de los primeros en subir la escalera. Oy\u00f3 las voces aludidas. La grave era de un franc\u00e9s. Pudo distinguir varias palabras. Parec\u00eda como si este individuo reconviniera a otro. En cambio, no pudo comprender nada de la voz aguda. Hablaba r\u00e1pidamente y de forma entrecortada. Supone que esta voz fuera la de un ruso. Corrobora tambi\u00e9n las declaraciones generales. Es italiano. No ha hablado nunca con ning\u00fan ruso.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbInterrogados de nuevo algunos testigos, certificaron que las chimeneas de todas las habitaciones del cuarto piso eran demasiado estrechas para que permitieran el paso de una persona. Cuando hablaron de \u201cdeshollinadores\u201d, se refirieron a las escobillas cil\u00edndricas que con ese objeto usan los limpiachimeneas. Las escobillas fueron pasadas de arriba abajo por todos los tubos de la casa. En la parte posterior de \u00e9sta no hay paso alguno por donde alguien hubiese podido bajar mientras el grupo sub\u00eda las escaleras. El cuerpo de Mademoiselle L&#8217;Espanaye estaba tan fuertemente introducido en la chimenea, que no pudo ser extra\u00eddo de all\u00ed sino con la ayuda de cinco hombres.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbPaul Dumas, m\u00e9dico, declara que fue llamado hacia el amanecer para examinar los cad\u00e1veres. Yac\u00edan entonces los dos sobre las correas de la armadura de la cama, en la habitaci\u00f3n donde fue encontrada Mademoiselle L&#8217;Espanaye. El cuerpo de la joven estaba muy magullado y lleno de excoriaciones. Se explican suficientemente estas circunstancias por haber sido empujado hacia arriba en la chimenea. Sobre todo, la garganta presentaba grandes escoriaciones. Ten\u00eda tambi\u00e9n profundos ara\u00f1azos bajo la barbilla, al lado de una serie de l\u00edvidas manchas que eran, evidentemente, impresiones de dedos. El rostro se hallaba horriblemente descolorido, y los ojos fuera de sus \u00f3rbitas. La lengua hab\u00eda sido mordida y seccionada parcialmente. Sobre el est\u00f3mago se descubri\u00f3 una gran magulladura, producida, seg\u00fan se supone, por la presi\u00f3n de una rodilla. Seg\u00fan Monsieur Dumas, Mademoiselle L&#8217;Espanaye hab\u00eda sido estrangulada por alguna persona o personas desconocidas. El cuerpo de su madre estaba horriblemente mutilado. Todos los huesos de la pierna derecha y del brazo estaban, poco o mucho, quebrantados. La tibia izquierda, igual que las costillas del mismo lado, estaban hechas astillas. Ten\u00eda todo el cuerpo con espantosas magulladuras y descolorido. Es imposible certificar c\u00f3mo fueron producidas aquellas heridas. Tal vez un pesado garrote de madera, o una gran barra de hierro \u2014alguna silla\u2014, o una herramienta ancha, pesada y roma, podr\u00eda haber producido resultados semejantes. Pero siempre que hubieran sido manejados por un hombre muy fuerte. Ninguna mujer podr\u00eda haber causado aquellos golpes con clase alguna de arma. Cuando el testigo la vio, la cabeza de la muerta estaba totalmente separada del cuerpo y, adem\u00e1s, destrozada. Evidentemente, la garganta hab\u00eda sido seccionada con un instrumento afilad\u00edsimo, probablemente una navaja barbera.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbAlexandre Etienne, cirujano, declara haber sido llamado al mismo tiempo que el doctor Dumas, para examinar los cuerpos. Corrobor\u00f3 la declaraci\u00f3n y las opiniones de este.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbNo han podido obtenerse m\u00e1s pormenores importantes en otros interrogatorios. Un crimen tan extra\u00f1o y tan complicado en todos sus aspectos no hab\u00eda sido cometido jam\u00e1s en Par\u00eds, en el caso de que se trate realmente de un crimen. La polic\u00eda carece totalmente de rastro, circunstancia rar\u00edsima en asuntos de tal naturaleza. Puede asegurarse, pues, que no existe la menor pista.\u00bb<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">En la edici\u00f3n de la tarde, afirmaba el peri\u00f3dico que reinaba todav\u00eda gran excitaci\u00f3n en el <em>quartier<\/em> Saint-Roch; que, de nuevo, se hab\u00edan investigado cuidadosamente las circunstancias del crimen, pero que no se hab\u00eda obtenido ning\u00fan resultado. A \u00faltima hora anunciaba una noticia que Adolphe Le Bon hab\u00eda sido detenido y encarcelado; pero ninguna de las circunstancias ya expuestas parec\u00eda acusarle.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Dupin demostr\u00f3 estar particularmente interesado en el desarrollo de aquel asunto; cuando menos, as\u00ed lo deduc\u00eda yo por su conducta, porque no hac\u00eda ning\u00fan comentario. Tan solo despu\u00e9s de haber sido encarcelado Le Bon, me pregunt\u00f3 mi parecer sobre aquellos asesinatos.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Yo no pude expresarle sino mi conformidad con todo el p\u00fablico parisiense, considerando aquel crimen como un misterio insoluble. No acertaba a ver el modo en que pudiera darse con el asesino.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Por interrogatorios tan superficiales no podemos juzgar nada con respecto al modo de encontrarlo \u2014dijo Dupin\u2014. La polic\u00eda de Par\u00eds, tan elogiada por su perspicacia, es astuta, pero nada m\u00e1s. No hay m\u00e1s m\u00e9todo en sus diligencias que el que las circunstancias sugieren. Exhiben siempre las medidas tomadas, pero con frecuencia ocurre que son tan poco apropiadas a los fines propuestos que nos hacen pensar en Monsieur Jourdain pidiendo <em>su robe-de-chambre, pour mieux entendre la musique<\/em>. A veces no dejan de ser sorprendentes los resultados obtenidos. Pero, en su mayor parte, se consiguen por mera insistencia y actividad. Cuando resultan ineficaces tales procedimientos, fallan todos sus planes. Vidocq, por ejemplo, era un excelente adivinador y un hombre perseverante; pero como su inteligencia carec\u00eda de educaci\u00f3n, se equivocaba con frecuencia por la misma intensidad de sus investigaciones. Disminu\u00eda el poder de su visi\u00f3n por mirar el objeto tan de cerca. Era capaz de ver, probablemente, una o dos circunstancias con una poco corriente claridad; pero al hacerlo perd\u00eda necesariamente la visi\u00f3n total del asunto. Esto puede decirse que es el defecto de ser demasiado profundo. La verdad no est\u00e1 siempre en el fondo de un pozo. En realidad, yo pienso que, en cuanto a lo que m\u00e1s importa conocer, es invariablemente superficial. La profundidad se encuentra en los valles donde la buscamos, pero no en las cumbres de las monta\u00f1as, que es donde la vemos. Las variedades y or\u00edgenes de esta especie de error tienen un magn\u00edfico ejemplo en la contemplaci\u00f3n de los cuerpos celestes. Dirigir a una estrella una r\u00e1pida ojeada, examinarla oblicuamente, volviendo hacia ella las partes exteriores de la retina (que son m\u00e1s sensibles a las d\u00e9biles impresiones de la luz que las anteriores), es contemplar la estrella distintamente, obtener la m\u00e1s exacta apreciaci\u00f3n de su brillo, brillo que se oscurece a medida que volvemos nuestra visi\u00f3n de lleno hacia ella. En el \u00faltimo caso, caen en los ojos mayor n\u00famero de rayos, pero en el primero se obtiene una receptibilidad m\u00e1s afinada. Con una extrema profundidad, embrollamos y debilitamos el pensamiento, y aun lo confundimos. Podemos, incluso, lograr que Venus se desvanezca del firmamento si le dirigimos una atenci\u00f3n demasiado sostenida, demasiado concentrada o demasiado directa.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbPor lo que respecta a estos asesinatos, examinemos algunas investigaciones por nuestra cuenta, antes de formar de ellos una opini\u00f3n. Una investigaci\u00f3n como esta nos procurar\u00e1 una buena diversi\u00f3n \u2014a m\u00ed me pareci\u00f3 impropia esta \u00faltima palabra, aplicada al presente caso, pero no dije nada\u2014, y, por otra parte, Le Bon ha comenzado por prestarme un servicio y quiero demostrarle que no soy un ingrato. Iremos al lugar del suceso y lo examinaremos con nuestros propios ojos. Conozco a G&#8230;, el prefecto de Polic\u00eda, y no me ser\u00e1 dif\u00edcil conseguir el permiso necesario.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Nos fue concedida la autorizaci\u00f3n, y nos dirigimos inmediatamente a la <em>rue<\/em> Morgue. Es esta una de esas miserables callejuelas que unen la <em>rue<\/em> Richelieu y la de Saint-Roch. Cuando llegamos a ella, eran ya las \u00faltimas horas de la tarde, porque este barrio se encuentra situado a gran distancia de aquel en que nosotros viv\u00edamos. Pronto hallamos la casa; a\u00fan hab\u00eda frente a ella varias personas mirando con vana curiosidad las ventanas cerradas. Era una casa como tantas de Par\u00eds. Ten\u00eda una puerta principal, y en uno de sus lados hab\u00eda una casilla de cristales con un bastidor corredizo en la ventanilla, y parec\u00eda ser la <em>loge de concierge<\/em>. Antes de entrar nos dirigimos calle arriba, y, torciendo de nuevo, pasamos a la fachada posterior del edificio. Dupin examin\u00f3 durante todo este rato los alrededores, as\u00ed como la casa, con una atenci\u00f3n tan cuidadosa, que me era imposible comprender su finalidad.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Volvimos luego sobre nuestros pasos, y llegamos ante la fachada de la casa. Llamamos a la puerta, y despu\u00e9s de mostrar nuestro permiso, los agentes de guardia nos permitieron la entrada. Subimos las escaleras, hasta llegar a la habitaci\u00f3n donde hab\u00eda sido encontrado el cuerpo de Mademoiselle L&#8217;Espanaye y donde se hallaban a\u00fan los dos cad\u00e1veres. Como de costumbre, hab\u00eda sido respetado el desorden de la habitaci\u00f3n. Nada vi de lo que se hab\u00eda publicado en la <em>Gazette des Tribunaux<\/em>. Dupin lo analizaba todo minuciosamente, sin exceptuar los cuerpos de las v\u00edctimas. Pasamos inmediatamente a otras habitaciones, y bajamos luego al patio. Un gendarme nos acompa\u00f1\u00f3 a todas partes, y la investigaci\u00f3n nos ocup\u00f3 hasta el anochecer, march\u00e1ndonos entonces. De regreso a nuestra casa, mi compa\u00f1ero se detuvo unos minutos en las oficinas de un peri\u00f3dico.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">He dicho ya que las rarezas de mi amigo eran muy diversas y que <em>je les menageais<\/em>: esta frase no tiene equivalente en ingl\u00e9s. Hasta el d\u00eda siguiente, a mediod\u00eda, rehus\u00f3 toda conversaci\u00f3n sobre los asesinatos. Entonces me pregunt\u00f3 de pronto si yo hab\u00eda observado algo particular en el lugar del hecho.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">En su manera de pronunciar la palabra \u00abparticular\u00bb hab\u00eda algo que me produjo un estremecimiento sin saber por qu\u00e9.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014No, nada de particular \u2014le dije\u2014; por lo menos, nada m\u00e1s de lo que ya sabemos por el peri\u00f3dico.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Mucho me temo \u2014me replic\u00f3\u2014 que la <em>Gazette<\/em> no haya logrado penetrar en el ins\u00f3lito horror del asunto. Pero dejemos las necias opiniones de este papelucho. Yo creo que si este misterio se ha considerado como insoluble, por la misma raz\u00f3n deber\u00eda de ser f\u00e1cil de resolver, y me refiero al otro car\u00e1cter de sus circunstancias. La polic\u00eda se ha confundido por la ausencia aparente de motivos que justifiquen, no el crimen, sino la atrocidad con que ha sido cometido. Asimismo, les confunde la aparente imposibilidad de conciliar las voces que disputaban con la circunstancia de no haber hallado arriba sino a Mademoiselle L&#8217;Espanaye, asesinada, y no encontrar la forma de que nadie saliera del piso sin ser visto por las personas que sub\u00edan por las escaleras. El extra\u00f1o desorden de la habitaci\u00f3n; el cad\u00e1ver metido con la cabeza hacia abajo en la chimenea; la mutilaci\u00f3n espantosa del cuerpo de la anciana, todas estas consideraciones, con las ya descritas y otras no dignas de menci\u00f3n, han sido suficientes para paralizar sus facultades, haciendo que fracasara por completo la tan cacareada perspicacia de los agentes del gobierno. Han ca\u00eddo en el grande aunque com\u00fan error de confundir lo ins\u00f3lito con lo abstruso. Pero precisamente por estas desviaciones de lo normal es por donde ha de hallar la raz\u00f3n su camino en la investigaci\u00f3n de la verdad, en el caso de que ese hallazgo sea posible. En investigaciones como la que estamos realizando ahora, no hemos de preguntarnos tanto \u00abqu\u00e9 ha ocurrido\u00bb como \u00abqu\u00e9 ha ocurrido que no hab\u00eda ocurrido jam\u00e1s hasta ahora\u00bb. Realmente la sencillez con que yo he de llegar o he llegado ya a la soluci\u00f3n de este misterio, se halla en raz\u00f3n directa con su aparente falta de soluci\u00f3n en el criterio de la polic\u00eda.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Con mudo asombro, contempl\u00e9 a mi amigo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Estoy esperando ahora \u2014continu\u00f3 dici\u00e9ndome mirando a la puerta de nuestra habitaci\u00f3n\u2014 a un individuo que aun cuando probablemente no ha cometido esta carnicer\u00eda bien puede estar, en cierta medida, complicado en ella. Es probable que resulte inocente de la parte m\u00e1s desagradable de los cr\u00edmenes cometidos. Creo no equivocarme en esta suposici\u00f3n, porque en ella se funda mi esperanza de descubrir el misterio. Espero a este individuo aqu\u00ed en esta habitaci\u00f3n y de un momento a otro. Cierto es que puede no venir, pero lo probable es que venga. Si viene, hay que detenerlo. Aqu\u00ed hay unas pistolas, y los dos sabemos c\u00f3mo usarlas cuando las circunstancias lo requieren.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Sin saber lo que hac\u00eda, ni lo que o\u00eda, tom\u00e9 las pistolas, mientras Dupin continuaba hablando como si monologara. Se dirig\u00edan sus palabras a m\u00ed pero su voz no muy alta, ten\u00eda esa entonaci\u00f3n empleada frecuentemente al hablar con una persona que se halla un poco distante. Sus pupilas inexpresivas miraban fijamente hacia la pared.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014La experiencia ha demostrado plenamente que las voces que disputaban \u2014dijo\u2014, o\u00eddas por quienes sub\u00edan las escaleras, no eran las de las dos mujeres. Este hecho descarta el que la anciana hubiese matado primeramente a su hija y se hubiera suicidado despu\u00e9s. Hablo de esto \u00fanicamente por respeto al m\u00e9todo; porque, adem\u00e1s, la fuerza de Madame L&#8217;Espanaye no hubiera conseguido nunca arrastrar el cuerpo de su hija por la chimenea arriba tal como fue hallado. Por otra parte, la naturaleza de las heridas excluye totalmente la idea del suicidio. Por tanto, el asesinato ha sido cometido por terceras personas, y las voces de \u00e9stas son las que se oyeron disputar. Perm\u00edtame que le haga notar no todo lo que se ha declarado con respecto a estas voces, sino lo que hay de particular en las declaraciones. \u00bfNo ha observado usted nada en ellas?<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Yo le dije que hab\u00eda observado que mientras todos los testigos coincid\u00edan en que la voz grave era de un franc\u00e9s, hab\u00eda un gran desacuerdo por lo que respecta a la voz aguda, o \u00e1spera, como uno de ellos la hab\u00eda calificado.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Esto es evidencia pura \u2014dijo\u2014, pero no lo particular de esa evidencia. Usted no ha observado nada caracter\u00edstico, pero, no obstante hab\u00eda algo que observar. Como ha notado usted los testigos estuvieron de acuerdo en cuanto a la voz grave. En ello hab\u00eda unanimidad. Pero en lo que respecta a la voz aguda, consiste su particularidad no en el desacuerdo, sino en que, cuando un italiano, un ingl\u00e9s, un espa\u00f1ol, un holand\u00e9s y un franc\u00e9s intentan describirla, cada uno de ellos opina que era la de un extranjero. Cada uno est\u00e1 seguro de que no es la de un compatriota, y cada uno la compara, no a la de un hombre de una naci\u00f3n cualquiera cuyo lenguaje conoce, sino todo lo contrario. Supone el franc\u00e9s que era la voz de un espa\u00f1ol y que \u00abhubiese podido distinguir algunas palabras de haber estado familiarizado con el espa\u00f1ol\u00bb. El holand\u00e9s sostiene que fue la de un franc\u00e9s, pero sabemos que, por \u00abno conocer este idioma, el testigo hab\u00eda sido interrogado por un int\u00e9rprete\u00bb. Supone el ingl\u00e9s que la voz fue la de un alem\u00e1n; pero a\u00f1ade que \u00abno entiende el alem\u00e1n\u00bb. El espa\u00f1ol \u00abest\u00e1 seguro\u00bb de que es la de un ingl\u00e9s, pero tan s\u00f3lo \u00ablo cree por la entonaci\u00f3n, ya que no tiene ning\u00fan conocimiento del idioma\u00bb. El italiano cree que es la voz de un ruso, pero \u00abjam\u00e1s ha tenido conversaci\u00f3n alguna con un ruso\u00bb. Otro franc\u00e9s difiere del primero, y est\u00e1 seguro de que la voz era de un italiano; pero aunque no conoce este idioma, est\u00e1, como el espa\u00f1ol, \u00abseguro de ello por su entonaci\u00f3n\u00bb. Ahora bien, \u00a1cu\u00e1n extra\u00f1a deb\u00eda de ser aquella voz para que tales testimonios pudieran darse de ella, en cuyas inflexiones, ciudadanos de cinco grandes naciones europeas, no pueden reconocer nada que les sea familiar! Tal vez usted diga que puede muy bien haber sido la voz de un asi\u00e1tico o la de un africano; pero ni los asi\u00e1ticos ni los africanos se ven frecuentemente por Par\u00eds. Sin decir que esto sea posible, quiero ahora dirigir su atenci\u00f3n sobre tres puntos. Uno de los testigos describe aquella voz como \u00abm\u00e1s \u00e1spera que aguda\u00bb; otros dicen que es \u00abr\u00e1pida y desigual\u00bb; en este caso no hubo palabras (ni sonidos que se parezcan a ella), que ning\u00fan testigo mencionara como inteligibles.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbIgnoro qu\u00e9 impresi\u00f3n \u2014continu\u00f3 Dupin\u2014 puedo haber causado en su entendimiento, pero no dudo en manifestar que las leg\u00edtimas deducciones efectuadas con solo esta parte de los testimonios conseguidos (la que se refiere a las voces graves y agudas), bastan por s\u00ed mismas para motivar una sospecha que bien puede dirigirnos en todo ulterior avance en la investigaci\u00f3n de este misterio. He dicho \u00ableg\u00edtimas deducciones\u00bb, pero as\u00ed no queda del todo explicada mi intenci\u00f3n. Quiero \u00fanicamente manifestar que esas deducciones son las \u00fanicas apropiadas, y que mi sospecha se origina inevitablemente en ellas como una conclusi\u00f3n \u00fanica. No dir\u00e9 todav\u00eda cu\u00e1l es esa sospecha. Tan s\u00f3lo deseo hacerle comprender a usted que para m\u00ed tiene fuerza bastante para dar definida forma (determinada tendencia) a mis investigaciones en aquella habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbMentalmente, traslad\u00e9monos a ella. \u00bfQu\u00e9 es lo primero que hemos de buscar all\u00ed? Los medios de evasi\u00f3n utilizados por los asesinos. No hay necesidad de decir que ninguno de los dos creemos en este momento en acontecimientos sobrenaturales. Madame y Mademoiselle L&#8217;Espanaye no han sido, evidentemente, asesinadas por esp\u00edritus. Quienes han cometido el crimen fueron seres materiales y escaparon por procedimientos materiales. \u00bfDe qu\u00e9 modo? Afortunadamente, s\u00f3lo hay una forma de razonar con respecto a este punto, y este habr\u00e1 de llevarnos a una soluci\u00f3n precisa. Examinemos, pues, uno por uno, los posibles medios de evasi\u00f3n. Cierto es que los asesinos se encontraban en la alcoba donde fue hallada Mademoiselle L&#8217;Espanaye, o, cuando menos, en la contigua, cuando las personas sub\u00edan las escaleras. Por tanto, solo hay que investigar las salidas de estas dos habitaciones. La polic\u00eda ha dejado al descubierto los pavimentos, los techos y la mamposter\u00eda de las paredes en todas partes. A su vigilancia no hubieran podido escapar determinadas salidas secretas. Pero yo no me fiaba de sus ojos y he querido examinarlo con los m\u00edos. En efecto, no hab\u00eda salida secreta. Las puertas de las habitaciones que daban al pasillo estaban cerradas perfectamente por dentro. Veamos las chimeneas. Aunque de anchura normal hasta una altura de ocho o diez pies sobre los hogares, no puede, en toda su longitud, ni siquiera dar cabida a un gato corpulento. La imposibilidad de salida por los ya indicados medios es, por tanto, absoluta. As\u00ed, pues, no nos quedan m\u00e1s que las ventanas. Por la de la alcoba que da a la fachada principal no hubiera podido escapar nadie sin que la muchedumbre que hab\u00eda en la calle lo hubiese notado. Por tanto, los asesinos han de haber pasado por las de la habitaci\u00f3n posterior. Llevados, pues, de estas deducciones y, de forma tan inequ\u00edvoca, a esta conclusi\u00f3n, no podemos, seg\u00fan un minucioso razonamiento, rechazarla, teniendo en cuenta aparentes imposibilidades. Nos queda solo por demostrar que esas aparentes \u00abimposibilidades\u00bb en realidad no lo son.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbEn la habitaci\u00f3n hay dos ventanas. Una de ellas no se halla obstruida por los muebles, y est\u00e1 completamente visible. La parte inferior de la otra la oculta a la vista la cabecera de la pesada armaz\u00f3n del lecho, estrechamente pegada a ella. La primera de las dos ventanas est\u00e1 fuertemente cerrada y asegurada por dentro. Resisti\u00f3 a los m\u00e1s violentos esfuerzos de quienes intentaron levantarla. En la parte izquierda de su marco ve\u00edase un gran agujero practicado con una barrena, y un clavo muy grueso hundido en \u00e9l hasta la cabeza. Al examinar la otra ventana se encontr\u00f3 otro clavo semejante, clavado de la misma forma, y un vigoroso esfuerzo para separar el marco fracas\u00f3 tambi\u00e9n. La polic\u00eda se convenci\u00f3 entonces de que por ese camino no se hab\u00eda efectuado la salida, y por esta raz\u00f3n consider\u00f3 superfluo quitar aquellos clavos y abrir las ventanas.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbMi examen fue m\u00e1s minucioso, por la raz\u00f3n que acabo ya de decir, ya que sab\u00eda era preciso probar que todas aquellas aparentes imposibilidades no lo eran realmente.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Continu\u00e9 razonando as\u00ed <em>a posteriori<\/em>. Los asesinos han debido escapar por una de estas ventanas. Suponiendo esto, no es f\u00e1cil que pudieran haberlas sujetado por dentro, como se las ha encontrado, consideraci\u00f3n que, por su evidencia, paraliz\u00f3 las investigaciones de la polic\u00eda en este aspecto. No obstante, las ventanas estaban cerradas y aseguradas. Era, pues, preciso que pudieran cerrarse por s\u00ed mismas. No hab\u00eda modo de escapar a esta conclusi\u00f3n. Fui directamente a la ventana no obstruida, y con cierta dificultad extraje el clavo y trat\u00e9 de levantar el marco. Como yo supon\u00eda, resisti\u00f3 a todos los esfuerzos. Hab\u00eda, pues, evidentemente, un resorte escondido, y este hecho, corroborado por mi idea, me convenci\u00f3 de que mis premisas, por muy misteriosas que apareciesen las circunstancias relativas a los clavos, eran correctas. Una minuciosa investigaci\u00f3n me hizo descubrir pronto el oculto resorte. Lo oprim\u00ed y, satisfecho con mi descubrimiento, me abstuve de abrir la ventana.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbVolv\u00ed entonces a colocar el clavo en su sitio, despu\u00e9s de haberlo examinado atentamente. Una persona que hubiera pasado por aquella ventana pod\u00eda haberla cerrado y haber funcionado solo el resorte. Pero el clavo no pod\u00eda haber sido colocado. Esta conclusi\u00f3n est\u00e1 clarisima, y restring\u00eda mucho el campo de mis investigaciones. Los asesinos deb\u00edan, por tanto, haber escapado por la otra ventana. Suponiendo que los dos resortes fueran iguales, como era posible, deb\u00eda, pues, haber una diferencia entre los clavos, o, por lo menos, en su colocaci\u00f3n. Me sub\u00ed sobre las correas de la armadura del lecho, y por encima de su cabecera examin\u00e9 minuciosamente la segunda ventana. Pasando la mano por detr\u00e1s de la madera, descubr\u00ed y apret\u00e9 el resorte, que, como yo hab\u00eda supuesto, era id\u00e9ntico al anterior. Entonces examin\u00e9 el clavo. Era del mismo grueso que el otro, y aparentemente estaba clavado de la misma forma, hundido casi hasta la cabeza.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbTal vez diga usted que me qued\u00e9 perplejo; pero si piensa semejante cosa es que no ha comprendido bien la naturaleza de mis deducciones. Sirvi\u00e9ndome de un t\u00e9rmino deportivo, no me he encontrado ni una vez \u201cen falta\u201d. El rastro no se ha perdido ni un solo instante. En ning\u00fan eslab\u00f3n de la cadena ha habido un defecto. Hasta su \u00faltima consecuencia he seguido el secreto. Y la consecuencia era el clavo. En todos sus aspectos, he dicho, aparentaba ser an\u00e1logo al de la otra ventana; pero todo esto era nada (tan decisivo como parec\u00eda) comparado con la consideraci\u00f3n de que en aquel punto terminaba mi pista. \u00abDebe haber alg\u00fan defecto en este clavo\u00bb, me dije. Lo toqu\u00e9, y su cabeza, con casi un cuarto de su espiga, se me qued\u00f3 en la mano. El resto qued\u00f3 en el orificio donde se hab\u00eda roto. La rotura era antigua, como se deduc\u00eda del \u00f3xido de sus bordes, y, al parecer, hab\u00eda sido producido por un martillazo que hundi\u00f3 una parte de la cabeza del clavo en la superficie del marco. Volv\u00ed entonces a colocar cuidadosamente aquella parte en el lugar de donde la hab\u00eda separado, y su semejanza con un clavo intacto fue completa. La rotura era inapreciable. Apret\u00e9 el resorte y levant\u00e9 suavemente el marco unas pulgadas. Con \u00e9l subi\u00f3 la cabeza del clavo, quedando fija en su agujero. Cerr\u00e9 la ventana, y fue otra vez perfecta la apariencia del clavo entero.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbHasta aqu\u00ed estaba resuelto el enigma. El asesino hab\u00eda huido por la ventana situada a la cabecera del lecho. Al bajar por s\u00ed misma, luego de haber escapado por ella, o tal vez al ser cerrada deliberadamente, se hab\u00eda quedado sujeta por el resorte, y la sujeci\u00f3n de este hab\u00eda enga\u00f1ado a la polic\u00eda, confundi\u00e9ndola con la del clavo, por lo cual se hab\u00eda considerado innecesario proseguir la investigaci\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbEl problema era ahora saber c\u00f3mo hab\u00eda bajado el asesino. Sobre este punto me sent\u00eda satisfecho de mi paseo en torno al edificio. Aproximadamente a cinco pies y medio de la ventana en cuesti\u00f3n, pasa la cadena de un pararrayos. Por \u00e9sta hubiera sido imposible a cualquiera llegar hasta la ventana, y ya no digamos entrar. Sin embargo, al examinar los postigos del cuarto piso, vi que eran de una especie particular, que los carpinteros parisienses llaman <em>ferrades<\/em>, especie poco usada hoy, pero hallada frecuentemente en las casas antiguas de Lyon y Burdeos. Tienen la forma de una puerta normal (sencilla y no de dobles batientes), excepto que su mitad superior est\u00e1 enrejada o trabajada a modo de celos\u00eda, por lo que ofrece un asidero excelente para las manos. En el caso en cuesti\u00f3n, estos postigos tienen una anchura de tres pies y medio, m\u00e1s o menos. Cuando los vimos desde la parte posterior de la casa, los dos estaban abiertos hasta la mitad; es decir, formaban con la pared un \u00e1ngulo recto. Es probable que la polic\u00eda haya examinado, como yo, la parte posterior del edificio; pero al mirar las ferrades en el sentido de su anchura (como deben de haberlo hecho), no se han dado cuenta de la dimensi\u00f3n en este sentido, o cuando menos no le han dado la necesaria importancia. En realidad, una vez que se convencieron de que no pod\u00eda efectuarse la huida por aquel lado, no lo examinaron sino superficialmente. Sin embargo, para m\u00ed era claro que el postigo que pertenec\u00eda a la ventana situada a la cabecera de la cama, si se abr\u00eda totalmente, hasta que tocara la pared, llegar\u00eda hasta unos dos pies de la cadena del pararrayos. Tambi\u00e9n estaba claro que con el esfuerzo de una energ\u00eda y un valor ins\u00f3litos pod\u00eda muy bien haberse entrado por aquella ventana con ayuda de la cadena. Llegado a aquella distancia de dos pies y medio (supongamos ahora abierto el postigo), un ladr\u00f3n hubiese podido encontrar en la enrejada un s\u00f3lido asidero, para que luego, desde ella, soltando la cadena y apoyando bien los pies contra la pared, pudiera lanzarse r\u00e1pidamente, caer en la habitaci\u00f3n y atraer hacia s\u00ed violentamente el postigo, de modo que se cerrase, y suponiendo, desde luego, que se hallara siempre la ventana abierta.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbTenga usted en cuenta que me he referido a una energ\u00eda ins\u00f3lita, necesaria para llevar a cabo con \u00e9xito una empresa tan arriesgada y dif\u00edcil. Mi prop\u00f3sito es el de demostrarle, en primer lugar, que el hecho pod\u00eda realizarse, y en segundo, y muy principalmente, llamar su atenci\u00f3n sobre el car\u00e1cter extraordinario, casi sobrenatural, de la agilidad necesaria para su ejecuci\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbMe replicar\u00e1 usted, sin duda, vali\u00e9ndose del lenguaje de la ley, que para \u201cdefender mi causa\u201d debiera m\u00e1s bien prescindir de la energ\u00eda requerida en ese caso antes que insistir en valorarla exactamente. Esto es realizable en la pr\u00e1ctica forense, pero no en la raz\u00f3n. Mi objetivo final es la verdad tan solo, y mi prop\u00f3sito inmediato conducir a usted a que compare esa ins\u00f3lita energ\u00eda de que acabo de hablarle con la peculiar\u00edsima voz aguda (o \u00e1spera), y desigual, con respecto a cuya nacionalidad no se han hallado siquiera dos testigos que estuviesen de acuerdo, y en cuya pronunciaci\u00f3n no ha sido posible descubrir una sola s\u00edlaba.\u00bb<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">A estas palabras comenz\u00f3 a formarse en mi esp\u00edritu una vaga idea de lo que pensaba Dupin. Me parec\u00eda llegar al l\u00edmite de la comprensi\u00f3n, sin que todav\u00eda pudiera entender, lo mismo que esas personas que se encuentran algunas veces al borde de un recuerdo y no son capaces de llegar a conseguirlo. Mi amigo continu\u00f3 su razonamiento.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Habr\u00e1 usted visto \u2014dijo\u2014 que he retrotra\u00eddo la cuesti\u00f3n del modo de salir al de entrar. Mi plan es demostrarle que ambas cosas se han efectuado de la misma manera y por el mismo sitio. Volvamos ahora al interior de la habitaci\u00f3n. Estudiemos todos sus aspectos. Seg\u00fan se ha dicho, los cajones de la c\u00f3moda han sido saqueados, aunque han quedado en ellos algunas prendas de vestir. Esta conclusi\u00f3n es absurda. Es una simple conjetura, muy necia, por cierto, y nada m\u00e1s. \u00bfC\u00f3mo es posible saber que todos esos objetos encontrados en los cajones no eran todo lo que conten\u00edan? Madame L&#8217;Espanaye y su hija viv\u00edan una vida excesivamente retirada. No se trataban con nadie, sal\u00edan rara vez y, por consiguiente, ten\u00edan pocas ocasiones para cambiar de vestido. Los objetos que se han encontrado eran de tan buena calidad, por lo menos, como cualquiera de los que posiblemente hubiesen pose\u00eddo esas se\u00f1oras. Si un ladr\u00f3n hubiera cogido alguno, \u00bfpor qu\u00e9 no los mejores, o por qu\u00e9 no todos? En fin, \u00bfhubiese abandonado cuatro mil francos en oro para cargar con un fardo de ropa blanca? El oro fue abandonado. Casi la totalidad de la suma mencionada por Monsieur Mignaud, el banquero, ha sido hallada en el suelo, en los saquitos. Insisto, por tanto, en querer descartar de su pensamiento la idea desatinada de un motivo, engendrada en el cerebro de la polic\u00eda por esa declaraci\u00f3n que se refiere a dinero entregado a la puerta de la casa. Coincidencias diez veces m\u00e1s notables que esta (entrega del dinero y asesinato, tres d\u00edas m\u00e1s tarde, de la persona que lo recibe) se presentan constantemente en nuestra vida sin despertar siquiera nuestra atenci\u00f3n moment\u00e1nea. Por lo general las coincidencias son otros tantos motivos de error en el camino de esa clase de pensadores educados de tal modo que nada saben de la teor\u00eda de probabilidades, esa teor\u00eda a la cual las m\u00e1s memorables conquistas de la civilizaci\u00f3n humana deben lo m\u00e1s glorioso de su saber. En este caso, si el oro hubiera desaparecido, el hecho de haber sido entregado tres d\u00edas antes hubiese podido parecer algo m\u00e1s que una coincidencia. Corroborar\u00eda la idea de un motivo. Pero, dadas las circunstancias reales del caso, si hemos de suponer que el oro ha sido el m\u00f3vil del hecho, tambi\u00e9n debemos imaginar que quien lo ha cometido ha sido tan vacilante y tan idiota que ha abandonado al mismo tiempo el oro y el motivo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbFijados bien en nuestro pensamiento los puntos sobre los cuales he llamado su atenci\u00f3n (la voz peculiar, la ins\u00f3lita agilidad y la sorprendente falta de motivo en un crimen de una atrocidad tan singular como \u00e9ste), examinemos por s\u00ed misma esta carnicer\u00eda. Nos encontramos con una mujer estrangulada con las manos y metida cabeza abajo en una chimenea. Normalmente, los criminales no emplean semejante procedimiento de asesinato. En el violento modo de introducir el cuerpo en la chimenea habr\u00e1 usted de admitir que hay algo excesivamente exagerado, algo que est\u00e1 en desacuerdo con nuestras corrientes nociones respecto a los actos humanos, aun cuando supongamos que los autores de este crimen sean los seres m\u00e1s depravados. Por otra parte, piense usted cu\u00e1n enorme debe de haber sido la fuerza que logr\u00f3 introducir tan violentamente el cuerpo hacia arriba en una abertura como aqu\u00e9lla, por cuanto los esfuerzos unidos de varias personas apenas si lograron sacarlo de ella.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbFijemos ahora nuestra atenci\u00f3n en otros indicios que ponen de manifiesto este vigor maravilloso. Hab\u00eda en el hogar unos espesos mechones de grises cabellos humanos. Hab\u00edan sido arrancados de cuajo. Sabe usted la fuerza que es necesaria para arrancar de la cabeza, aun cuando no sean m\u00e1s que veinte o treinta cabellos a la vez. Usted habr\u00e1 visto tan bien como yo aquellos mechones. Sus ra\u00edces (\u00a1qu\u00e9 espantoso espect\u00e1culo!) ten\u00edan adheridos fragmentos de cuero cabelludo, segura prueba de la prodigiosa fuerza que ha sido necesaria para arrancar tal vez un millar de cabellos a la vez. La garganta de la anciana no s\u00f3lo estaba cortada, sino que ten\u00eda la cabeza completamente separada del cuerpo, y el instrumento para esta operaci\u00f3n fue una sencilla navaja barbera. Le ruego que se fije tambi\u00e9n en la brutal ferocidad de tal acto. No es necesario hablar de las magulladuras que aparecieron en el cuerpo de Madame L&#8217;Espanaye. Monsieur Dumas y su honorable colega Monsieur Etienne han declarado que hab\u00edan sido producidas por un instrumento romo. En ello, estos se\u00f1ores est\u00e1n en lo cierto. El instrumento ha sido, sin duda alguna, el pavimento del patio sobre el que la v\u00edctima ha ca\u00eddo desde la ventana situada encima del lecho. Por muy sencilla que parezca ahora esta idea, escap\u00f3 a la Polic\u00eda, por la misma raz\u00f3n que le impidi\u00f3 notar la anchura de los postigos, porque, dada la circunstancia de los clavos, su percepci\u00f3n estaba herm\u00e9ticamente cerrada a la idea de que las ventanas hubieran podido ser abiertas.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbSi ahora, como a\u00f1adidura a todo esto, ha reflexionado usted bien acerca del extra\u00f1o desorden de la habitaci\u00f3n, hemos llegado ya al punto de combinar las ideas de agilidad maravillosa, fuerza sobrehumana, bestial ferocidad, carnicer\u00eda sin motivo, una <em>grotesquerie<\/em> en lo horrible, extra\u00f1a en absoluto a la humanidad, y una voz extranjera por su acento para los o\u00eddos de hombres de distintas naciones y desprovista de todo silabeo que pudiera advertirse distinta e inteligiblemente. \u00bfQu\u00e9 se deduce de todo ello? \u00bfCu\u00e1l es la impresi\u00f3n que ha producido en su imaginaci\u00f3n?<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Al hacerme Dupin esta pregunta, sent\u00ed un escalofr\u00edo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Un loco ha cometido ese crimen \u2014dije\u2014, alg\u00fan lun\u00e1tico furioso que se habr\u00e1 escapado de alguna Maison de Sant\u00e9 vecina.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014En algunos aspectos \u2014me contest\u00f3\u2014 no es desacertada su idea. Pero hasta en sus m\u00e1s feroces paroxismos, las voces de los locos no se parecen nunca a esa voz peculiar o\u00edda desde la calle. Los locos pertenecen a una naci\u00f3n cualquiera, y su lenguaje, aunque incoherente, es siempre articulado. Por otra parte, el cabello de un loco no se parece al que yo tengo en la mano. De los dedos r\u00edgidamente crispados de Madame L&#8217;Espanaye he desenredado est\u00e9 peque\u00f1o mech\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 puede usted deducir de esto?<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Dupin \u2014exclam\u00e9, completamente desalentado\u2014, \u00a1qu\u00e9 cabello m\u00e1s raro! No es un cabello humano.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Yo no he dicho que lo fuera \u2014me contest\u00f3\u2014. Pero antes de decidir con respecto a este particular, le ruego que examine este peque\u00f1o dise\u00f1o que he trazado en un trozo de papel. Es un facs\u00edmil que representa lo que una parte de los testigos han declarado como c\u00e1rdenas magulladuras y profundos rasgu\u00f1os producidos por las u\u00f1as en el cuello de Mademoiselle L&#8217;Espanaye, y que los doctores Dumas y Etienne llaman una serie de manchas l\u00edvidas evidentemente producidas por la impresi\u00f3n de los dedos.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbComprender\u00e1 usted \u2014continu\u00f3 mi amigo, desdoblando el papel sobre la mesa y ante nuestros ojos\u2014 que este dibujo da idea de una presi\u00f3n firme y poderosa. Aqu\u00ed no hay deslizamiento visible. Cada dedo ha conservado, quiz\u00e1s hasta la muerte de la v\u00edctima, la terrible presa en la cual se ha moldeado. Pruebe usted ahora de colocar sus dedos, todos a un tiempo, en las respectivas impresiones, tal como las ve usted aqu\u00ed.\u00bb<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Lo intent\u00e9 en vano.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Es posible \u2014continu\u00f3\u2014 que no efectuemos esta experiencia de un modo decisivo. El papel est\u00e1 desplegado sobre una superficie plana, y la garganta humana es cil\u00edndrica. Pero aqu\u00ed tenemos un tronco cuya circunferencia es, poco m\u00e1s o menos, la de la garganta. Arrolle a su superficie este dise\u00f1o y volvamos a efectuar la experiencia.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Lo hice as\u00ed, pero la dificultad fue todav\u00eda m\u00e1s evidente que la primera vez.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Esta \u2014dije\u2014 no es la huella de una mano humana.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Ahora, lea este pasaje de Cuvier \u2014continu\u00f3 Dupin.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Era una historia anat\u00f3mica, minuciosa y general, del gran orangut\u00e1n salvaje de las islas de la India Oriental. Son harto conocidas de todo el mundo la gigantesca estatura, la fuerza y agilidad prodigiosas, la ferocidad salvaje y las facultades de imitaci\u00f3n de estos mam\u00edferos. Comprend\u00ed entonces, de pronto, todo el horror de aquellos asesinatos.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014La descripci\u00f3n de los dedos \u2014dije, cuando hube terminado la lectura\u2014 est\u00e1 perfectamente de acuerdo con este dibujo. Creo que ning\u00fan animal, excepto el orangut\u00e1n de la especie que aqu\u00ed se menciona, puede haber dejado huellas como las que ha dibujado usted. Este mech\u00f3n de pelo ralo tiene el mismo car\u00e1cter que el del animal descrito por Cuvier. Pero no me es posible comprender las circunstancias de este espantoso misterio. Hay que tener en cuenta, adem\u00e1s, que se oyeron disputar dos voces, e, indiscutiblemente, una de ellas pertenec\u00eda a un franc\u00e9s.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Cierto, y recordar\u00e1 usted una expresi\u00f3n atribuida casi un\u00e1nimemente a esa voz por los testigos; la expresi\u00f3n \u00abMon Dieu\u00bb. Y en tales circunstancias, uno de los testigos (Montani, el confitero) la identific\u00f3 como expresi\u00f3n de protesta o reconvenci\u00f3n. Por tanto, yo he fundado en estas voces mis esperanzas de la completa soluci\u00f3n de este misterio. Indudablemente, un franc\u00e9s conoce el asesinato. Es posible, y en realidad, m\u00e1s que posible, probable, que \u00e9l sea inocente de toda participaci\u00f3n en los hechos sangrientos que han ocurrido. Puede hab\u00e9rsele escapado el orangut\u00e1n, y puede haber seguido su rastro hasta la habitaci\u00f3n. Pero, dadas las agitadas circunstancias que se hubieran producido, pudo no haberle sido posible capturarle de nuevo. Todav\u00eda anda suelto el animal. No es mi prop\u00f3sito continuar estas conjeturas, y las califico as\u00ed porque no tengo derecho a llamarlas de otro modo, ya que los atisbos de reflexi\u00f3n en que se fundan apenas alcanzan la suficiente base para ser apreciables incluso para mi propia inteligencia, y, adem\u00e1s, porque no puedo hacerlas inteligibles para la comprensi\u00f3n de otra persona. Llam\u00e9moslas, pues, conjeturas, y consider\u00e9moslas as\u00ed. Si, como yo supongo, el franc\u00e9s a que me refiero es inocente de tal atrocidad, este anuncio que, a nuestro regreso, dej\u00e9 en las oficinas de <em>Le Monde<\/em>, un peri\u00f3dico consagrado a intereses mar\u00edtimos y muy buscado por los marineros, nos lo traer\u00e1 a casa.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Me entreg\u00f3 el peri\u00f3dico, y le\u00ed:<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00abCAPTURA<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bbEn el Bois de Boulogne se ha encontrado a primeras horas de la ma\u00f1ana del d\u00eda&#8230; de los corrientes (la ma\u00f1ana del crimen), un enorme orangut\u00e1n de la especie de Borneo. Su propietario (que se sabe es un marino perteneciente a la tripulaci\u00f3n de un nav\u00edo malt\u00e9s) podr\u00e1 recuperar el animal, previa identificaci\u00f3n, pagando algunos peque\u00f1os gastos ocasionados por su captura y manutenci\u00f3n. Dirigirse al n\u00famero&#8230; de la <em>rue<\/em>&#8230; <em>faubourg<\/em> Saint-Germain&#8230; tercero.\u00bb<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014\u00bfC\u00f3mo ha podido usted saber \u2014le pregunt\u00e9 a Dupin\u2014 que el individuo de que se trata es marinero y est\u00e1 enrolado en un nav\u00edo malt\u00e9s?<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Yo no lo conozco \u2014repuso Dupin\u2014. No estoy seguro de que exista. Pero tengo aqu\u00ed este pedacito de cinta que, a juzgar por su forma y su grasiento aspecto, ha sido usada, evidentemente, para anudar los cabellos en forma de esas largas <em>guerres<\/em> a que tan aficionados son los marineros. Por otra parte, este lazo saben anudarlo muy pocas personas, y es caracter\u00edstico de los malteses. Recog\u00ed esta cinta al pie de la cadena del pararrayos. No puede pertenecer a ninguna de las dos v\u00edctimas. Todo lo m\u00e1s, si me he equivocado en mis deducciones con respecto a este lazo, es decir, pensando que ese franc\u00e9s sea un marinero enrolado en un nav\u00edo malt\u00e9s, no habr\u00e9 perjudicado a nadie diciendo lo que he dicho en el anuncio. Si me he equivocado, supondr\u00e1 \u00e9l que algunas circunstancias me enga\u00f1aron, y no se tomar\u00e1 el trabajo de inquirirlas. Pero, si acierto, habremos dado un paso muy importante. Aunque inocente del crimen, el franc\u00e9s habr\u00e1 de conocerlo, y vacilar\u00e1 entre si debe responder o no al anuncio y reclamar o no al orangut\u00e1n.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Sus razonamientos ser\u00e1n los siguientes: \u00abSoy inocente; soy pobre; mi orangut\u00e1n vale mucho dinero, una verdadera fortuna para un hombre que se encuentra en mi situaci\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 he de perderlo por un vano temor al peligro? Lo tengo aqu\u00ed, a mi alcance. Lo encontraron en el Bois de Boulogne, a mucha distancia del escenario de aquel crimen. \u00bfQui\u00e9n sospechar\u00eda que un animal ha cometido semejante acci\u00f3n? La polic\u00eda est\u00e1 despistada. No ha obtenido el menor indicio. Dado el caso de que sospecharan del animal, ser\u00e1 imposible demostrar que yo tengo conocimiento del crimen, ni mezclarme en \u00e9l por el solo hecho de conocerlo. Adem\u00e1s, me conocen. El anunciante me se\u00f1ala como due\u00f1o del animal. No s\u00e9 hasta qu\u00e9 punto llega este conocimiento. Si soslayo el reclamar una propiedad de tanto valor y que, adem\u00e1s, se sabe que es m\u00eda, concluir\u00e9 haciendo sospechoso al animal. No es prudente llamar la atenci\u00f3n sobre m\u00ed ni sobre \u00e9l. Contestar\u00e9, por tanto, a este anuncio, recobrar\u00e9 mi orangut\u00e1n y le encerrar\u00e9 hasta que se haya olvidado por completo este asunto.\u00bb<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">En este instante o\u00edmos pasos en la escalera.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Est\u00e9 preparado \u2014me dijo Dupin\u2014. Coja sus pistolas, pero no haga uso de ellas, ni las ense\u00f1e, hasta que yo le haga una se\u00f1al.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Hab\u00edamos dejado abierta la puerta principal de la casa. El visitante entr\u00f3 sin llamar y subi\u00f3 algunos pelda\u00f1os de la escalera. Ahora, sin embargo, parec\u00eda vacilar. Le o\u00edmos descender. Dupin se precipit\u00f3 hacia la puerta, pero en aquel instante le o\u00edmos subir de nuevo. Ahora ya no retroced\u00eda por segunda vez, sino que subi\u00f3 con decisi\u00f3n y llam\u00f3 a la puerta de nuestro piso.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Adelante\u2014dijo Dupin con voz satisfecha y alegre.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Entr\u00f3 un hombre. A no dudarlo, era un marinero; un hombre alto, fuerte, musculoso, con una expresi\u00f3n de arrogancia no del todo desagradable. Su rostro, muy atezado, estaba oculto en m\u00e1s de su mitad por las patillas y el bigote. Estaba provisto de un grueso garrote de roble, y no parec\u00eda llevar otras armas. Salud\u00f3, inclin\u00e1ndose torpemente, pronunciando un \u00abBuenas tardes\u00bb con acento franc\u00e9s, el cual, aunque, bastardeada levemente por el suizo, daba a conocer a las claras su origen parisiense.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Si\u00e9ntese, amigo \u2014dijo Dupin\u2014. Supongo que viene a reclamar su orangut\u00e1n. Le aseguro que casi se lo envidio. Es un hermoso animal, y, sin duda alguna, de mucho precio. \u00bfQu\u00e9 edad cree usted que tiene?<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">El marinero suspir\u00f3 hondamente, como quien se libra de un peso intolerable, y contest\u00f3 luego con voz firme:<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014No puedo dec\u00edrselo, pero no creo que tenga m\u00e1s de cuatro o cinco a\u00f1os. \u00bfLo tiene usted aqu\u00ed?<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014\u00a1Oh, no! Esta habitaci\u00f3n no re\u00fane condiciones para ello. Est\u00e1 en una cuadra de alquiler en la <em>rue <\/em>Dubourg, cerca de aqu\u00ed. Ma\u00f1ana por la ma\u00f1ana, si usted quiere, podr\u00e1 recuperarlo. Supongo que vendr\u00e1 usted preparado para demostrar su propiedad.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Sin duda alguna, se\u00f1or.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Mucho sentir\u00e9 tener que separarme de \u00e9l \u2014dijo Dupin.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014No pretendo que se haya usted tomado tantas molestias para nada, se\u00f1or \u2014dijo el hombre\u2014. Ni pensarlo. Estoy dispuesto a pagar una gratificaci\u00f3n por el hallazgo del animal, mientras sea razonable.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Bien \u2014contest\u00f3 mi amigo\u2014. Todo esto es, sin duda, muy justo. Veamos. \u00bfQu\u00e9 voy a pedirle? \u00a1Ah, ya s\u00e9! Se lo dir\u00e9 ahora. Mi gratificaci\u00f3n ser\u00e1 \u00e9sta: ha de decirme usted cuanto sepa con respecto a los asesinatos de la <em>rue<\/em> Morgue.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Estas \u00faltimas palabras las dijo Dupin en voz muy baja y con una gran tranquilidad. Con an\u00e1loga tranquilidad se dirigi\u00f3 hacia la puerta, la cerr\u00f3 y se guard\u00f3 la llave en el bolsillo. Luego sac\u00f3 la pistola, y, sin mostrar agitaci\u00f3n alguna, la dej\u00f3 sobre la mesa.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">La cara del marinero enrojeci\u00f3 como si se hallara en un arrebato de sofocaci\u00f3n. Se levant\u00f3 y empu\u00f1\u00f3 su bast\u00f3n. Pero inmediatamente se dej\u00f3 caer sobre la silla, con un temblor convulsivo y con el rostro de un cad\u00e1ver. No dijo una sola palabra, y le compadec\u00ed de todo coraz\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Amigo m\u00edo \u2014dijo Dupin bondadosamente\u2014, le aseguro que se alarma usted sin motivo alguno. No es nuestro prop\u00f3sito causarle el menor da\u00f1o. Le doy a usted mi palabra de honor de caballero y franc\u00e9s, que nuestra intenci\u00f3n no es perjudicarle. S\u00e9 perfectamente que nada tiene usted que ver con las atrocidades de la <em>rue <\/em>Morgue. Sin embargo, no puedo negar que, en cierto modo, est\u00e1 usted complicado. Por cuanto le digo comprender\u00e1 usted perfectamente, que, con respecto a este punto, poseo excelentes medios de informaci\u00f3n, medios en los cuales no hubiera usted pensado jam\u00e1s. El caso est\u00e1 ya claro para nosotros. Nada ha hecho usted que haya podido evitar. Naturalmente, nada que lo haga a usted culpable. Nadie puede acusarle de haber robado, pudiendo haberlo hecho con toda impunidad, y no tiene tampoco nada que ocultar. Tambi\u00e9n carece de motivos para hacerlo. Adem\u00e1s, por todos los principios del honor, est\u00e1 usted obligado a confesar cuanto sepa. Se ha encarcelado a un inocente a quien se acusa de un crimen cuyo autor solamente usted puede se\u00f1alar.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Cuando Dupin hubo pronunciado estas palabras, ya el marinero hab\u00eda recobrado un poco su presencia de \u00e1nimo. Pero toda su arrogancia hab\u00eda desaparecido.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014\u00a1Que Dios me ampare! \u2014exclam\u00f3 despu\u00e9s de una breve pausa\u2014. Le dir\u00e9 cuanto sepa sobre el asunto; pero estoy seguro de que no creer\u00e1 usted ni la mitad siquiera. Estar\u00eda loco si lo creyera. Sin embargo, soy inocente, y aunque me cueste la vida le hablar\u00e9 con franqueza.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">En resumen, fue esto lo que nos cont\u00f3:<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Hab\u00eda hecho recientemente un viaje al archipi\u00e9lago Indico. \u00c9l formaba parte de un grupo que desembarc\u00f3 en Borneo, y pas\u00f3 al interior para una excursi\u00f3n de placer. Entre \u00e9l y un compa\u00f1ero suyo hab\u00edan dado captura al orangut\u00e1n. Su compa\u00f1ero muri\u00f3, y el animal qued\u00f3 de su exclusiva pertenencia. Despu\u00e9s de muchas molestias producidas por la ferocidad indomable del cautivo, durante el viaje de regreso consigui\u00f3 por fin alojarlo en su misma casa, en Par\u00eds, donde, para no atraer sobre \u00e9l la curiosidad insoportable de los vecinos, lo recluy\u00f3 cuidadosamente, con objeto de que curase de una herida que se hab\u00eda producido en un pie con una astilla, a bordo de su buque. Su proyecto era venderlo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Una noche, o, mejor dicho, una ma\u00f1ana, la del crimen, al volver de una francachela celebrada con algunos marineros, encontr\u00f3 al animal en su alcoba. Se hab\u00eda escapado del cuarto contiguo, donde \u00e9l cre\u00eda tenerlo seguramente encerrado. Se hallaba sentado ante un espejo, teniendo una navaja de afeitar en una mano. Estaba todo enjabonado, intentando afeitarse, operaci\u00f3n en la que probablemente hab\u00eda observado a su amo a trav\u00e9s del ojo de la cerradura. Aterrado, viendo tan peligrosa arma en manos de un animal tan feroz y sabi\u00e9ndole muy capaz de hacer uso de ella, el hombre no supo qu\u00e9 hacer durante un segundo. Frecuentemente hab\u00eda conseguido dominar al animal en sus accesos m\u00e1s furiosos utilizando un l\u00e1tigo, y recurri\u00f3 a \u00e9l tambi\u00e9n en aquella ocasi\u00f3n. Pero al ver el l\u00e1tigo, el orangut\u00e1n salt\u00f3 de repente fuera de la habitaci\u00f3n, ech\u00f3 a correr escaleras abajo, y, viendo una ventana, desgraciadamente abierta, sali\u00f3 a la calle.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">El franc\u00e9s, desesperado, corri\u00f3 tras \u00e9l. El mono, sin soltar la navaja, se paraba de vez en cuando, se volv\u00eda y le hac\u00eda muecas, hasta que el hombre llegaba cerca de \u00e9l; entonces escapaba de nuevo. La persecuci\u00f3n dur\u00f3 as\u00ed un buen rato. Se hallaban las calles en completa tranquilidad, porque ser\u00edan las tres de la madrugada. Al descender por un pasaje situado detr\u00e1s de la <em>rue<\/em> Morgue, la atenci\u00f3n del fugitivo fue atra\u00edda por una luz procedente de la ventana abierta de la habitaci\u00f3n de Madame L&#8217;Espanaye, en el cuarto piso. Se precipit\u00f3 hacia la casa, y al ver la cadena del pararrayos, trep\u00f3 \u00e1gilmente por ella, se agarr\u00f3 al postigo, que estaba abierto de par en par hasta la pared, y, apoy\u00e1ndose en \u00e9sta, se lanz\u00f3 sobre la cabecera de la cama. Apenas si toda esta gimnasia dur\u00f3 un minuto. El orangut\u00e1n, al entrar en la habitaci\u00f3n, hab\u00eda rechazado contra la pared el postigo, que de nuevo qued\u00f3 abierto.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">El marinero estaba entonces contento y perplejo. Ten\u00eda grandes esperanzas de capturar ahora al animal, que podr\u00eda escapar dif\u00edcilmente de la trampa donde se hab\u00eda metido, de no ser que lo hiciera por la cadena, donde \u00e9l podr\u00eda salirle al paso cuando descendiese. Por otra parte, le inquietaba grandemente lo que pudiera ocurrir en el interior de la casa, y esta \u00faltima reflexi\u00f3n le decidi\u00f3 a seguir al fugitivo. Para un marinero no es dif\u00edcil trepar por una cadena de pararrayos. Pero una vez hubo llegado a la altura de la ventana, cerrada entonces, se vio en la imposibilidad de alcanzarla. Todo lo que pudo hacer fue dirigir una r\u00e1pida ojeada al interior de la habitaci\u00f3n. Lo que vio le sobrecogi\u00f3 de tal modo de terror que estuvo a punto de caer. Fue entonces cuando se oyeron los terribles gritos que despertaron, en el silencio de la noche, al vecindario de la <em>rue<\/em> Morgue. Madame L&#8217;Espanaye y su hija, vestidas con sus camisones, estaban, seg\u00fan parece, arreglando algunos papeles en el cofre de hierro ya mencionado, que hab\u00eda sido llevado al centro de la habitaci\u00f3n. Estaba abierto y esparcido su contenido por el suelo. Sin duda, las v\u00edctimas se hallaban de espaldas a la ventana, y, a juzgar por el tiempo que transcurri\u00f3 entre la llegada del animal y los gritos, es probable que no se dieran cuenta inmediatamente de su presencia. El golpe del postigo debi\u00f3 de ser veros\u00edmilmente atribuido al viento.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Cuando el marinero mir\u00f3 al interior, el terrible animal hab\u00eda asido a Madame L\u2019Espanaye por los cabellos, que, en aquel instante, ten\u00eda sueltos, por estarse peinando, y mov\u00eda la navaja ante su rostro imitando los ademanes de un barbero. La hija yac\u00eda inm\u00f3vil en el suelo, desvanecida. Los gritos y los esfuerzos de la anciana (durante los cuales estuvo arrancando el cabello de su cabeza) tuvieron el efecto de cambiar los probables prop\u00f3sitos pac\u00edficos del orangut\u00e1n en pura c\u00f3lera. Con un decidido movimiento de su herc\u00faleo brazo le separ\u00f3 casi la cabeza del tronco. A la vista de la sangre, su ira se convirti\u00f3 en frenes\u00ed. Con los dientes apretados y despidiendo llamas por los ojos, se lanz\u00f3 sobre el cuerpo de la hija y clav\u00f3 sus terribles garras en su garganta, sin soltarla hasta que expir\u00f3. Sus extraviadas y feroces miradas se fijaron entonces en la cabecera del lecho, sobre la cual la cara de su amo, r\u00edgida por el horror, apenas si se distingu\u00eda en la oscuridad. La furia de la bestia, que recordaba todav\u00eda el terrible l\u00e1tigo, se convirti\u00f3 instant\u00e1neamente en miedo. Comprendiendo que lo que hab\u00eda hecho le hac\u00eda acreedor de un castigo, pareci\u00f3 deseoso de ocultar su sangrienta acci\u00f3n. Con la angustia de su agitaci\u00f3n y nerviosismo, comenz\u00f3 a dar saltos por la alcoba, derribando y destrozando los muebles con sus movimientos y levantando los colchones del lecho. Por fin, se apoder\u00f3 del cuerpo de la joven y a empujones lo introdujo por la chimenea en la posici\u00f3n en que fue encontrado. Inmediatamente despu\u00e9s se lanz\u00f3 sobre el de la madre y lo precipit\u00f3 de cabeza por la ventana.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Al ver que el mono se acercaba a la ventana con su mutilado fardo, el marinero retrocedi\u00f3 horrorizado hacia la cadena, y, m\u00e1s que agarr\u00e1ndose, dej\u00e1ndose deslizar por ella, se fue inmediata y precipitadamente a su casa, con el temor de las consecuencias de aquella horrible carnicer\u00eda, y abandonando gustosamente, tal fue su espanto, toda preocupaci\u00f3n por lo que pudiera sucederle al orangut\u00e1n. As\u00ed, pues, las voces o\u00eddas por la gente que sub\u00eda las escaleras fueron sus exclamaciones de horror, mezcladas con los diab\u00f3licos parloteos del animal.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Poco me queda que a\u00f1adir. Antes del amanecer, el orangut\u00e1n debi\u00f3 de huir de la alcoba, utilizando la cadena del pararrayos. Maquinalmente cerrar\u00eda la ventana al pasar por ella. Tiempo m\u00e1s tarde fue capturado por su due\u00f1o, quien lo vendi\u00f3 por una fuerte suma para el Jard\u00edn des Plantes. Despu\u00e9s de haber contado cuanto sab\u00edamos, a\u00f1adiendo algunos comentarios por parte de Dupin, en el <em>bureau <\/em>del prefecto de polic\u00eda, Le Bon fue puesto inmediatamente en libertad. El funcionario, por muy inclinado que estuviera en favor de mi amigo, no pod\u00eda disimular de modo alguno su mal humor, viendo el giro que el asunto hab\u00eda tomado y se permiti\u00f3 una o dos frases sarc\u00e1sticas con respecto a la correcci\u00f3n de las personas que se mezclaban en las funciones que a \u00e9l le correspond\u00edan.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Deje que diga lo que quiera \u2014me dijo luego Dupin, que no cre\u00eda oportuno contestar\u2014. Deje que hable. As\u00ed aligerar\u00e1 su conciencia. Por lo que a m\u00ed respecta, estoy contento de haberle vencido en su propio terreno. No obstante, el no haber acertado la soluci\u00f3n de este misterio no es tan extra\u00f1o como \u00e9l supone, porque, realmente, nuestro amigo el prefecto es lo suficientemente agudo para pensar sobre ello con profundidad. Pero su ciencia carece de base. Todo \u00e9l es cabeza, mas sin cuerpo, como las pinturas de la diosa Laverna, o, por mejor decir, todo cabeza y espalda, como el bacalao. Sin embargo, es una buena persona. Le aprecio particularmente por un rasgo magistral de hipocres\u00eda, al cual debe su reputaci\u00f3n de hombre de talento. Me refiero a su modo de <em>nier ce qui est, et d&#8217;expliquer ce qui n&#8217;est pas<\/em>.<\/p>\n<p align=\"CENTER\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"color: #999999;\">Tomado de <a href=\"http:\/\/es.wikisource.org\/wiki\/Los_cr\u00edmenes_de_la_calle_Morgue\"><span style=\"color: #999999;\">http:\/\/es.wikisource.org\/wiki\/Los_cr%C3%ADmenes_de_la_calle_Morgue<br \/>\n<\/span><\/a><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><span><span style=\"color: #999999;\">Si prefieres descargar este cuento en formato PDF para leerlo off-line o impreso, haz clic en este enlace:\u00a0<a href=\"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/\/wp-content\/uploads\/2012\/01\/Poe-Los-crimenes-de-la-calle-Morgue.pdf\"><span style=\"color: #999999;\">Poe &#8211; Los crimenes de la calle Morgue<\/span><\/a><\/span><br \/>\n<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Edgar Allan Poe (1809 &#8211; 1849) Los cr\u00edmenes de la calle Morgue Edici\u00f3n para el club virtual de lectura En las nubes de la ficci\u00f3n Universidad del Pac\u00edfico, enero de 2012 Las condiciones mentales que suelen considerarse como anal\u00edticas son, &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/textos-de-discusion\/poe-los-crimenes-de-la-calle-morgue\/\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"parent":9,"menu_order":5,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-73","page","type-page","status-publish","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/73","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=73"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/73\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":96,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/73\/revisions\/96"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/9"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=73"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}