{"id":616,"date":"2013-02-22T16:52:07","date_gmt":"2013-02-22T16:52:07","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/\/?page_id=616"},"modified":"2013-04-18T18:24:29","modified_gmt":"2013-04-18T18:24:29","slug":"jose-guich-rodriguez-los-dias-verdes","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/textos-de-discusion\/jose-guich-rodriguez-los-dias-verdes\/","title":{"rendered":"Jos\u00e9 G\u00fcich Rodr\u00edguez, \u00abLos d\u00edas verdes\u00bb"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">Jos\u00e9 G\u00fcich Rodr\u00edguez (1963)<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><b>Los d\u00edas verdes<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Edici\u00f3n para el club virtual de lectura\u00a0<i>En las nubes de la ficci\u00f3n<br \/>\n<\/i>Universidad del Pac\u00edfico, febrero de 2013<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El timbre fue activado por el visitante mientras Gonzalo escrutaba, con un viso de resignaci\u00f3n en su rostro, el avance incontenible de la parra. Se hab\u00eda posesionado, como ama y se\u00f1ora, del ba\u00f1o principal \u2014el de may\u00f3licas azules\u2014, al final del largo pasillo que vinculaba a todas las habitaciones del segundo piso. El veredicto era inapelable: ya no habr\u00eda posibilidad de utilizarlo, a menos que la ocupante se aburriera para trasladarse a otro sector de la casa. Eso podr\u00eda ocurrir al d\u00eda siguiente o dentro de cinco a\u00f1os, pens\u00f3 Gonzalo, quien conoc\u00eda mejor que ning\u00fan miembro de la familia todas las veleidades y caprichos de la invasora. Los chicos deber\u00edan acudir, desde ahora, al ba\u00f1o de visitas que, felizmente, dispon\u00eda de todos los servicios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El sonido agudo y met\u00e1lico ascendi\u00f3 desde la planta baja. Lo enfureci\u00f3 que nadie acudiera a atender ese enloquecedor chillido. Estar\u00eda impelido a bajar, presuroso, con el \u00fanico objetivo de procurar que el ruido crispante cesara de una vez, y \u00e9l lograra descansar durante el resto de aquella tarde de s\u00e1bado. Su \u00faltima esperanza se cifraba en que Mar\u00eda Luisa y los chicos ya hubiesen regresado. Llam\u00f3 un par de veces a viva voz, con resultados infructuosos. Despu\u00e9s de brindarle una mirada en sesgo a la parra, adherida a sus anchas a las paredes, el techo, el lavatorio y los sanitarios, encar\u00f3 el asunto del timbre. Mascull\u00f3 una serie de vocablos de grueso calibre, pero se contuvo, ya que la intrusa se hab\u00eda tornado demasiado sensible en los \u00faltimos meses.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1Ya voy! \u2014grit\u00f3 a mitad del trayecto. No habr\u00eda soportado una nueva arremetida del artefacto. Sus nervios, afectados por las m\u00faltiples tensiones, solicitaban una tregua desde hac\u00eda semanas. Al aproximarse a la entrada principal, un instinto que en Gonzalo se hab\u00eda afinado notablemente emiti\u00f3 su se\u00f1al de advertencia. Observ\u00f3 a trav\u00e9s del ojo de pez el rostro de quien lo hab\u00eda alejado por un momento de sus preocupaciones caseras. Era Rodrigo. Al reconocerlo, Gonzalo se sinti\u00f3 aliviado. Descorri\u00f3 el cerrojo y abri\u00f3 cuando el reci\u00e9n llegado, una vez m\u00e1s, aproximaba su mano al interruptor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Aqu\u00ed estoy. Vas a traer la casa abajo. Pasa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rodrigo acept\u00f3 la invitaci\u00f3n despu\u00e9s de echar una breve mirada a la calle solitaria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Necesito hablar contigo. Es vital, Gonzalo \u2014dijo el reci\u00e9n llegado, quien parec\u00eda haber pasado una accidentada noche de juerga. No se hab\u00eda afeitado y su ropa mostraba pronunciadas arrugas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Bueno, hablemos. Vamos al escritorio. No quiero que esp\u00ede.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfD\u00f3nde est\u00e1? \u2014indag\u00f3 Rodrigo, mirando de un lado a otro con visible nerviosismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014En el ba\u00f1o principal, arriba, extendida a lo largo de cada cent\u00edmetro cuadrado. Pensar que mi madre adoraba a este engendro. Siempre se preocup\u00f3 porque no la atacaran las plagas o que los perros orinaran sobre ella \u2014Gonzalo, adopt\u00f3 un tono de confidencia\u2014. Ojal\u00e1&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rodrigo le implor\u00f3, con los ojos desorbitados, que guardara silencio. Hab\u00eda colocado el dedo \u00edndice sobre sus labios. El gesto era inequ\u00edvoco. Deb\u00edan encerrarse en el escritorio. Charlaron de trivialidades mientras se desplazaban por el interior de la vivienda. En cuanto cruzaron el umbral del peque\u00f1o aposento, Gonzalo cerr\u00f3 tanto puertas como ventanas. Se sentaron en dos viejos sillones, descoloridos por el inexorable paso de los a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Bien, Rodrigo. Estamos solos. Bueno, eso espero. Mar\u00eda Luisa y los chicos han salido. Est\u00e1n m\u00e1s adaptados a la situaci\u00f3n. Yo, por mi parte, no tengo deseos de ver nada que me recuerde al color verde, al menos hoy \u2014dijo Gonzalo, pretendiendo tranquilizar a su amigo con esa humorada\u2014. Bien, quiero saber qu\u00e9 te ocurre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Nos impidi\u00f3 entrar anoche a la casa. No te imaginas los destrozos que ocasiona. La higuera ha comenzado a penetrar por todas las paredes. En la cocina, hay hojas y tallos que brotan entre las may\u00f3licas. Carmen no resisti\u00f3. Se llev\u00f3 a Mar\u00eda P\u00eda a casa de mi cu\u00f1ada. Nada detiene a estas fieras, hermano. Yo dorm\u00ed en el jard\u00edn, cubierto con unos peri\u00f3dicos. Toda la noche, las otras plantas me bombardearon con frutas y semillas. Solo me permiti\u00f3 el acceso al mediod\u00eda. Pero atasc\u00f3 las puertas de los ba\u00f1os&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gonzalo, al o\u00edr las \u00faltimas palabras, fue quien gesticul\u00f3 con aspereza:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014C\u00e1lmate y habla en voz baja, por favor. Oye hasta la ca\u00edda de un alfiler&#8230; Rodrigo se call\u00f3. Los nervios lo hab\u00edan traicionado. Arrepentido de su brusquedad, Gonzalo procur\u00f3 enmendar ese trato, a pesar de que su amigo compart\u00eda esa muestra de familiaridad y confianza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Ya lo hemos comentado \u2014prosigui\u00f3\u2014. Es imposible combatirlas. Si no protestas y cumples con las reglas del juego, no hay de qu\u00e9 preocuparse, excepto por algunos problemas dom\u00e9sticos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El tono conciliador de Gonzalo no tranquiliz\u00f3 a Rodrigo. Se puso de pie, con el rostro enrojecido por una rabia a duras penas contenida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfLlamas problemas dom\u00e9sticos a esto&#8230;? No s\u00e9 para qu\u00e9 vine. Pensaba pedirte por \u00faltima vez que ambos&#8230; Ahora s\u00e9 que no lo har\u00e1s \u2014dijo Rodrigo. Hab\u00eda una sorda amargura en sus palabras\u2014. Yo pensaba como t\u00fa al principio, pero despu\u00e9s de haber visto lo que hacen, solo queda&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gonzalo alberg\u00f3 el s\u00fabito deseo de zarandearlo a sus anchas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Rodrigo&#8230; Por favor&#8230; \u00bfBebiste anoche?&#8230; \u00bfEn qu\u00e9 piensas?&#8230; \u00bfEn alguna pistola de rayos, como las de Flash Gordon? Ese grupito ha intentado usar desde hachas hasta \u00e1cido. \u00bfY cu\u00e1l fue el resultado despu\u00e9s del \u00faltimo ataque?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al no obtener una respuesta inmediata de su amigo, Gonzalo tambi\u00e9n se irgui\u00f3, exasperado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Dime t\u00fa cu\u00e1l fue el resultado, carajo \u2014insisti\u00f3\u2014. Lo sabes muy bien. Entregamos a las mascotas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014A m\u00ed no me vas a dar lecciones al respecto, Gonzalo. Tuve que llevar al gato, a Spot, que era la adoraci\u00f3n de Carmen y Mar\u00eda P\u00eda. A\u00fan recuerdo su expresi\u00f3n confiada cuando lo saqu\u00e9 de la casa. Creo que hasta ronroneaba. \u00c9l nunca supo ad\u00f3nde lo llevaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Por eso mismo, Rodrigo \u2014Gonzalo quiso sonar fraternal y as\u00ed disminuir la tensi\u00f3n\u2014. Imag\u00ednate qu\u00e9 pedir\u00edan despu\u00e9s. Esos lun\u00e1ticos no parecen darse cuenta del peligro que encierran sus provocaciones. Ya tenemos demasiados problemas con eso. Por ahora, hay cierto equilibrio. Infestan nuestros cuartos, se meten en nuestra intimidad, recortan nuestro espacio&#8230; Creo que no pasar\u00e1n de ese l\u00edmite.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta vez fue Rodrigo quien reaccion\u00f3 con agresividad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014No seas idiota, Gonzalo. Mira a tu alrededor. Esto no es vida y t\u00fa lo sabes. No entiendo c\u00f3mo puedes creer en lo que dices, como si repitieras el catecismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sobrevino un silencio sepulcral entre los dos hombres. Gonzalo parec\u00eda haberse quedado hu\u00e9rfano de argumentos. En ese instante, se oy\u00f3, a la distancia, el ruido de una puerta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Ya volvieron Mar\u00eda Luisa y los chicos \u2014dijo Gonzalo, como si quisiera aligerar el cariz de la conversaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Bueno, ser\u00e1 mejor que me vaya. Supongo que ambos marcharemos por caminos diferentes desde ahora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gonzalo palideci\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Rodrigo&#8230; Escucha. Nos conocemos tantos a\u00f1os. \u00bfRecuerdas esos buenos tiempos? Fueron d\u00edas incre\u00edbles, sobre todo durante las vacaciones del verano. \u00cdbamos en bicicleta al parque y d\u00e1bamos vueltas alrededor&#8230; \u2014Gonzalo cort\u00f3 esa frase por una raz\u00f3n que Rodrigo conoc\u00eda a la perfecci\u00f3n\u2014. Despu\u00e9s, el f\u00fatbol, la playa, las muchachas. Y la mayor\u00eda de nosotros se qued\u00f3 a vivir en el barrio. Nuestros hijos son amigos entre s\u00ed. Ten\u00edamos nuestra tajada del para\u00edso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rodrigo se sumi\u00f3 en sus propias cavilaciones. De pronto, prorrumpi\u00f3 en una risa infantil.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Solo era una broma. Has puesto una cara de tarado&#8230; \u2014dijo Rodrigo con burla manifiesta. Gonzalo no se enfad\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Puedes alojarte aqu\u00ed cuando surjan l\u00edos con la higuera. Siempre tengo la habitaci\u00f3n de hu\u00e9spedes disponible. Las cosas no ir\u00e1n peor, te lo aseguro. Es cuesti\u00f3n de acostumbrarse \u2014a\u00f1adi\u00f3, resuelto a alejar a Rodrigo de cualquier tentativa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Te lo agradezco, pero esta noche dormir\u00e9 en mi casa. Espero que el humor de la plantita cambie. Si eso no ocurre, vendr\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Toma en cuenta el toque de queda, Rodrigo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfGonzalo? \u2014la voz de Mar\u00eda Luisa reson\u00f3 desde la cocina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Estoy con Rodrigo en el escritorio. Voy para all\u00e1 \u2014dijo, mientras soltaba los cerrojos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Salieron a paso lento, hablando de las mismas banalidades del principio. En el camino hacia el <i>hall<\/i> de ingreso, se encontraron cara a cara con la mujer de Gonzalo. Ella no pareci\u00f3 extra\u00f1arse por el aspecto desali\u00f1ado del visitante. Por el contrario, lo salud\u00f3 con deferencia; as\u00ed mismo, le pregunt\u00f3 acerca de su esposa e hija.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Est\u00e1n muy bien. Han ido pasar unos d\u00edas con mi cu\u00f1ada, quien vive en el Barrio Este. No soportan el olor de la pintura fresca, pero son las primeras en solicitar cambios y renovaciones en la casa \u2014Rodrigo ment\u00eda con propiedad\u2014. Carmen siempre te env\u00eda saludos cari\u00f1osos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Retrib\u00fayeselos. Me parece genial lo de hacer cambios. Vengan a comer una noche de estas. Por supuesto, no habr\u00e1 ni zanahorias ni tomates \u2014dijo Mar\u00eda Luisa, con una amplia sonrisa. Gonzalo se pregunt\u00f3 si su mujer no habr\u00eda llevado demasiado lejos ese proceso de adaptaci\u00f3n que \u00e9l, como cabeza de familia, tantas veces hab\u00eda defendido con la pasi\u00f3n del reci\u00e9n converso. Rodrigo celebr\u00f3 el comentario de la esposa de Gonzalo con igual vena.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Es cierto&#8230; Y tampoco podremos enviarte flores en el d\u00eda de tu cumplea\u00f1os \u2014replic\u00f3 con ingenio. Esto Caus\u00f3 hilaridad en su interlocutora. Ella entr\u00f3 a la cocina despu\u00e9s de besar en la mejilla a Rodrigo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antes de despedirse, los hombres permanecieron en la entrada durante breves minutos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014No vayas a hacer una idiotez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Despreoc\u00fapate. Tienes raz\u00f3n. Si te dije un par de cosas, disc\u00falpame. Fue un mal rato. Ya nos acostumbraremos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Eso quer\u00eda o\u00edrte decir, hombre. Siempre fuiste el m\u00e1s sensato de la pandilla. Los mayores te citaban como ejemplo de cordura&#8230; Pero, en el fondo, eras el m\u00e1s ladino: nunca te descubr\u00edan \u2014Gonzalo acompa\u00f1\u00f3 este comentario con un suave golpe de pu\u00f1o sobre el vientre de su viejo amigo. Las aguas hab\u00edan vuelto a su cauce.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rodrigo extendi\u00f3 la palma de su mano derecha sin pronunciar una palabra. Gonzalo no lo perdi\u00f3 de vista mientras se alejaba. La actitud distendida de su amigo lo hab\u00eda aliviado. De pronto, record\u00f3 a la parra. Subi\u00f3 a la segunda planta y se asom\u00f3, con sigilo, al ba\u00f1o de may\u00f3licas azules. Reposaba con los grandes racimos de uvas a la vista. Estaba decidida a tentarlo. Nunca sus frutos hab\u00edan sido tan grandes y apetecibles como en aquel instante. Sin embargo, \u00e9l sab\u00eda que arrancarle tan solo una m\u00edsera uva desencadenar\u00eda alg\u00fan suceso de proporciones inimaginables. La peque\u00f1a ventana de vidrio empavonado, utilizada por la planta para arrastrarse hacia el interior, ya no era visible: la invasora ocultaba por completo ese rect\u00e1ngulo. Gonzalo prefiri\u00f3 ignorarla. Se propuso mantener una vigilancia disimulada pero cuidadosa de todos sus movimientos. Baj\u00f3 a la cocina, pues Mar\u00eda Luisa le hab\u00eda ofrecido una taza de caf\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A las tres de la madrugada, Gonzalo despert\u00f3. Sensible a cualquier movimiento extra\u00f1o dentro o fuera de la casa, ya era una costumbre salir de su habitaci\u00f3n a esa hora para recorrer, auxiliado por las luces irradiadas desde la calle, tanto el segundo como el primer piso del inmueble.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Primero sol\u00eda aproximarse a la habitaci\u00f3n de Andrea, su hija adolescente; luego, oteaba, en la penumbra, los contornos de Alonso, hecho un perfecto ovillo sobre su cama. Pero a esa rutina se hab\u00eda sumado la tarea de rastrear los desplazamientos de la parra. Midiendo la distancia entre sus pasos para no ser descubierto, la espi\u00f3 con extremas precauciones. Continuaba en el ba\u00f1o principal; no hab\u00eda alterado su posici\u00f3n ni un cent\u00edmetro desde que \u00e9l mismo efectuara la \u00faltima revisi\u00f3n del d\u00eda, antes de acostarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otro lado, no estaba seguro acerca del grado de su inteligencia; todo hac\u00eda suponer que la planta hab\u00eda adquirido, en los \u00faltimos meses, una astucia y un sentido de la anticipaci\u00f3n dignas de respeto, m\u00e1s que de admiraci\u00f3n, puesto que es impensable admirar lo que provoca temor o rechazo. A diferencia de los desastres ocurridos en casas vecinas, las incomodidades para ellos hab\u00edan sido m\u00ednimas. Cuando alg\u00fan rumor de esa naturaleza hac\u00eda o\u00edr su inquietante eco, \u00e9l le restaba importancia, enarbolando la frase m\u00e1gica \u201cpor algo ser\u00e1\u201d. Era una especie de dogma que todos, en ese hogar, recitaban sin cuestionamientos de ninguna \u00edndole. En tal sentido, Mar\u00eda Luisa se hab\u00eda convertido en su mejor aliada y difusora del credo. Ellos y los chicos har\u00edan una vida normal, aunque despu\u00e9s del sacrificio de Dandy \u2014junto a las otras mascotas\u2014, la tarea encerraba un reto may\u00fasculo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La impaciencia o la serenidad para afrontar las circunstancias disfrazaban la tenue diferencia entre un hogar en paz y otro en la desgracia calamitosa. Sin embargo, despu\u00e9s del \u00faltimo atentado, la situaci\u00f3n general hab\u00eda dejado de ser sosegada, incluso para aquellas familias que hubieran declarado en p\u00fablico su adhesi\u00f3n. No solo Rodrigo hab\u00eda pretendido involucrarlo con esos dementes: lo mismo intentaron, con id\u00e9ntico fracaso, \u00c1lvaro y Diego. Un vago recuerdo lo invadi\u00f3 de pronto, como un reproche a s\u00ed mismo. Solo lo apaciguaba el hecho de que su mejor amigo recapacitara, como era predecible.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un reloj de pared marcaba, con un golpeteo seco, el transcurso del tiempo. En el silencio de la noche \u2014incrementado por el toque de queda\u2014, el ritmo mec\u00e1nico se percib\u00eda con claridad meridiana, en franco contraste con lo que ocurr\u00eda durante las horas diurnas o las iniciales de la noche. Con los gritos de Andrea y Alonso, siempre en eterna disputa, no se apreciaba la existencia de aquel mecanismo. Sinti\u00f3 sed. Sin encender la luz de la cocina, se sirvi\u00f3 agua del grifo. Apoyado en el mueble que revest\u00eda al lavadero, bebi\u00f3 sorbo tras sorbo; confiaba en que, como era usual, el sue\u00f1o retornar\u00eda con suma facilidad. Decidi\u00f3 salir un momento al jard\u00edn. La noche no era particularmente fr\u00eda; eso alejar\u00eda el riesgo de gripes o molestos constipados, propios del cambio de estaci\u00f3n. Su bata de franela lo proteg\u00eda con creces de cualquier amenaza clim\u00e1tica. Atac\u00f3 el corto camino que lo separaba del comedor. Liber\u00f3 el seguro de la mampara, y desliz\u00f3 con suavidad la l\u00e1mina de vidrio sobre las canaletas de aluminio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00eda cierta humedad matutina en el piso de laja; un vientecillo agradable le dio la bienvenida. Se sent\u00f3 en uno de los muebles de mimbre que la familia utilizaba para su esparcimiento al aire libre, ya sea para almorzar, recibir invitados o tomar el fresco durante las tardes y noches m\u00e1s calurosas del a\u00f1o. Peque\u00f1os \u00e1rboles, asentados sobre la mediana extensi\u00f3n de c\u00e9sped, se agitaban gracias a esas corrientes invisibles. Gonzalo apart\u00f3 la vista de ellos. No los soportaba. Mar\u00eda Luisa se encargaba de su cuidado y de los restantes hu\u00e9spedes en sus variados tipos y tama\u00f1os. \u00c9l, por su parte, se manten\u00eda al margen de cualquier tarea destinada a preservarlos. Bastaba que un integrante de la familia asumiera esa responsabilidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luch\u00f3 contra la desagradable sensaci\u00f3n de que era observado. Sab\u00eda que lo controlaban al mil\u00edmetro, pero hab\u00eda logrado convencerse de que el centinela era \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mirando hacia otra direcci\u00f3n, Gonzalo descubri\u00f3 por casualidad los inconfundibles perfiles. Su crecimiento en los \u00faltimos d\u00edas hab\u00eda sido descomunal, pero \u00e9l prefer\u00eda abstenerse de realizar comentarios. El hecho era tan evidente que no requer\u00eda mayores discusiones. En esa oscuridad de las ciudades, que nunca aspira a ser tiniebla absoluta, desentra\u00f1\u00f3 su monstruosidad. Adosada al muro, ya hab\u00eda cubierto por lo menos el cincuenta por ciento de la superficie. En nada se asemejaba a la modesta planta de su ya remota infancia, una de tantas que medrara por a\u00f1os en un rinc\u00f3n del jard\u00edn familiar. Solo quedaban libres los espacios asignados a las ventanas de los dormitorios,tanto el de Andrea como el de Alonso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la altura de la ventana del ba\u00f1o, la parra, desafiando leyes elementales de la f\u00edsica, se angostaba para facilitar su acceso al interior. Era la representante del nuevo mundo en aquel hogar sometido no solo a las actuales imposiciones, sino a sus ritos de orden y seguridad \u2014palabras a las cuales Gonzalo a\u00fan atribu\u00eda hondos significados\u2014. Pero tambi\u00e9n era cierto que ya se hab\u00eda abierto una brecha insalvable: algunos no estaban de acuerdo con los cambios, y eso imped\u00eda que los residentes actuaran como un bloque monol\u00edtico. Rodrigo hab\u00eda sido uno de esos casos sencillos de manejar. Bastaba que las personas de cierta influencia an\u00edmica sobre \u00e9l exteriorizaran su aprobaci\u00f3n para que desistiera de cualquier tendencia a nadar contra la corriente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y Gonzalo era, sin duda, una de esas autoridades morales. Remontaba su dominio hasta los d\u00edas de la adolescencia, \u00e9poca en que se establecen v\u00ednculos indisolubles. Un crujido lleg\u00f3 desde las alturas. La parra se hab\u00eda movido. Crey\u00f3 distinguir extra\u00f1as maniobras de tent\u00e1culos; pero eran solo las ramas flexibles de la planta que, como una serpiente, buscaba la posici\u00f3n adecuada para la holganza. Al instante, Gonzalo abandon\u00f3 la terraza; el asco y n\u00e1useas experimentados ante semejante ilusi\u00f3n lo hab\u00edan impulsado a buscar alg\u00fan refugio.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El aislamiento respecto al mundo exterior implicaba, para Gonzalo y el resto de habitantes, una situaci\u00f3n tan incuestionable como la existencia del gigantesco cerco de granado que ahora encajonaba a esa ciudad y a sus sesenta manzanas. Los intentos de fuga hab\u00edan concluido en violentos decesos por estrangulaci\u00f3n \u2014tallos que saltaban sobre el fugitivo en el momento menos pensado\u2014 o s\u00fabitos ataques del granado, que se proteg\u00eda a s\u00ed mismo con el auxilio de terribles espinas. Por otro lado, todos los instrumentos y equipos que sirvieran para transmitir informaci\u00f3n a distancia hab\u00edan sido atacados por un raro polen amarillo. Debido a ese hecho, nadie recib\u00eda se\u00f1ales de televisi\u00f3n o de radio. Las conversaciones telef\u00f3nicas tambi\u00e9n hab\u00edan experimentado visibles alteraciones, que disminu\u00edan la intensidad de las voces y las hac\u00edan ininteligibles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El f\u00e9rreo control establecido inclu\u00eda la prohibici\u00f3n de ingerir alimentos de origen vegetal. Solo estaban permitidos los l\u00e1cteos y las carnes. Cualquier transgresi\u00f3n a esta ley esencial era castigada con dureza. Para tales efectos, se organizaban espect\u00e1culos impresionantes, muy semejantes a los Autos de Fe. En el barrio de Gonzalo, eso solo pas\u00f3 en una ocasi\u00f3n, un a\u00f1o antes de la tensa charla sostenida por \u00e9l y Rodrigo aquella tarde de s\u00e1bado. Tres distinguidas matronas, vegetarianas a ultranza, se hab\u00edan parapetado en el domicilio de una de ellas para hacer caso omiso de la prohibici\u00f3n. Aquel d\u00eda almorzaron, presas de un frenes\u00ed infantil, ensalada de zanahoria, tomate y espinacas. Un vecino de la due\u00f1a de casa, al percatarse de movimientos sospechosos, se aperson\u00f3 a dar cuenta de los hechos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las tres ancianas, miembros de familias conocidas por todos, fueron llamadas a confesar el crimen bajo amenaza de muerte a sus familiares pr\u00f3ximos. Acudieron al parque vestidas con elegancia, como si se tratara de una fiesta de sociedad. De nada hab\u00edan servido los intentos de persuasi\u00f3n por parte de sus hijos y nietos, quienes ofrecieron ocultarlas o sacarlas en forma clandestina de la ciudad \u2014idea absurda, dictada solo por la angustia\u2014. Las tres acusadas insistieron, al un\u00edsono, que no les dar\u00edan el gusto a esas inmundas bestias; no se humillar\u00edan; no rogar\u00edan por clemencia. Se presentaron, desafiantes y orgullosas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La poblaci\u00f3n de aquel barrio y los delegados de otras zonas fueron citados para presenciar el castigo aplicado a esas fan\u00e1ticas de las verduras y del naturismo. Esa ma\u00f1ana nublada, Gonzalo cerr\u00f3 los ojos, ejerciendo presi\u00f3n sobre la mano de Mar\u00eda Luisa. Pretend\u00eda no mirar la ejecuci\u00f3n; solo escuchar\u00eda los quejidos de las tres mujeres. \u00c9l las conoc\u00eda de toda la vida, pues fueron amigas \u00edntimas de su madre. Pero una voz interior le record\u00f3 que lo rodeaban demasiados testigos. Alg\u00fan delator podr\u00eda argumentar que \u00e9l, en t\u00edmida se\u00f1al de protesta, se hab\u00eda resistido a mirar el suplicio,. Por lo tanto, se decidi\u00f3 a separar sus p\u00e1rpados m\u00e1s que nunca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Contra lo esperado por los asistentes, no hubo quejidos ni peticiones de perd\u00f3n mientras las fuertes lianas descend\u00edan y envolv\u00edan los fr\u00e1giles cuellos de las tres rebeldes. Una de ellas, antes de perecer, lanz\u00f3 una proclama que remeci\u00f3 los corazones de todos los presentes: \u201cComan ensalada\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No hubo noticias de Rodrigo durante varias semanas. Enfrascado en sus propios asuntos y negocios particulares, Gonzalo apenas recordaba el di\u00e1logo sostenido aquella tarde. Adem\u00e1s, la vigilancia ejercida sobre la parra consum\u00eda su tiempo de ocio. Siendo in\u00fatiles los tel\u00e9fonos, hab\u00eda planeado visitar a Rodrigo en la tienda de licores o en su domicilio, pero diversos trajines administrativos de la lavander\u00eda lo distrajeron una y otra vez. Incluso, cuando solicit\u00f3 datos a amigos comunes, con quienes sol\u00eda encontrarse para beber unos tragos, estos le hab\u00edan manifestado no saber nada del asunto. Aquello lo anim\u00f3, de una vez por todas, a hacer un breve alto en su camino de padre de familia pr\u00f3spero y pragm\u00e1tico para acercarse, unas cinco calles arriba, al establecimiento comercial de Rodrigo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su sorpresa fue may\u00fascula: el local estaba cerrado. Ni siquiera hab\u00eda empleados que atendieran al p\u00fablico en ausencia del propietario. Encontr\u00f3 varias notas escritas por los miembros del personal, dirigidas a Rodrigo, en las cuales consignaba su puntual asistencia al trabajo. Decidido a averiguar qu\u00e9 se escond\u00eda detr\u00e1s de semejantes indicios, se desplaz\u00f3 a pie hasta la casa. Al llegar a las inmediaciones qued\u00f3 petrificado. La amplia y acogedora vivienda de dos pisos ya no exist\u00eda como tal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La higuera hab\u00eda crecido hasta el punto de ocultar el inmueble casi por completo. Grandes ramas y frutos sal\u00edan de todas las ventanas, para luego caer sobre el frontis y tapizar la dos puertas, tanto la principal como la de servicio. Algunos contornos de la casa a\u00fan eran identificables, pero resultaba il\u00f3gico pensar que un ser humano habitara a\u00fan entre esos muros. Indag\u00f3 entre los vecinos y conocidos. Nadie dio raz\u00f3n del paradero de Rodrigo; por el contrario, se hab\u00edan alejado de Gonzalo en actitudes muy evasivas. Solo un anciano, a quien conoc\u00eda desde edades remotas, alcanz\u00f3 a murmurarle algo sobre los gritos desesperados de un hombre. \u201cEra \u00e9l, sin duda. La planta lo hizo\u201d, concluy\u00f3, antes de alejarse con el apoyo de un bast\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Regres\u00f3 a su domicilio, donde Mar\u00eda Luisa lo esperaba con el almuerzo. Mastic\u00f3 en silencio, mientras su mujer le comentaba las actividades de beneficencia que su Club organizar\u00eda para el fin de a\u00f1o. No formul\u00f3 comentarios respecto a sus descubrimientos de la ma\u00f1ana. \u00bfEra en realidad Rodrigo el hombre a quien el viejo oyera gritar? \u00bfO se trataba de una confusi\u00f3n senil?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mar\u00eda Luisa continu\u00f3 habl\u00e1ndole del Club de Damas y sobre otras cuestiones que \u00e9l no lleg\u00f3 a captar a plenitud, a\u00fan aturdido por la noticia. Su mujer no estaba enterada del asunto; eso pod\u00eda rubricarlo \u00e9l en un documento, de ser pertinente semejante tarea. Despu\u00e9s del almuerzo, efectu\u00f3 su revisi\u00f3n. La parra era due\u00f1a absoluta del cuarto de Alonso, quien ahora dorm\u00eda en la habitaci\u00f3n de su hermana. Dentro de la supuesta normalidad de sus trayectorias, solo hab\u00eda acontecido un hecho hasta entonces at\u00edpico: la agresividad del vegetal hacia su hijo menor, manifiesta cuando el chico ingresara al dormitorio en busca de algunas pertenencias. Gonzalo, en vista de tales sucesos, prohibi\u00f3 a su esposa e hijos realizar alg\u00fan acto que la compulsiva trepadora interpretase como un acto hostil.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rumbo a la lavander\u00eda de su propiedad, no se despoj\u00f3 de la certeza, y aunque se resist\u00eda a pensar en Rodrigo, era l\u00f3gica la conclusi\u00f3n: \u00e9l hab\u00eda perdido el control, la paciencia, la sensatez. A los ojos de todo el mundo, la ocupaci\u00f3n de la casa era la prueba palpable del delito, no perpetrado por la higuera, sino por quien estaba obligado a velar por su comodidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A las siete, se retir\u00f3 del local, encargando el cierre y el arqueo a su empleado de confianza. No se march\u00f3 a casa. Ansiaba encontrar al anciano que le hab\u00eda proporcionado vagos indicios sobre la suerte de su amigo. Divis\u00f3 al hombre que buscaba en el lugar previsible.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Alberto \u2014se anunci\u00f3\u2014 \u00bfPuedo sentarme a su lado? Necesito consultarle&#8230; Pero creo que este no es el sitio adecuado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El anciano, de unos setenta a\u00f1os, tard\u00f3 en reconocerlo, dada la hora y problemas de visi\u00f3n propios de su edad. Adem\u00e1s, el parque no estaba muy iluminado. La medida hab\u00eda sido adoptada para dificultar el acceso de agresores nocturnos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Gonzalo Palacios&#8230; El hijo de Hern\u00e1n. Si\u00e9ntate, por favor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gonzalo evit\u00f3 mirar hacia el lado opuesto. Una cicl\u00f3pea silueta destacaba sobre todos los objetos y seres diseminados a lo largo de la explanada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Act\u00faa con naturalidad. Que no huelan tu miedo. Yo sigo viniendo aqu\u00ed, a pesar de todo. Hablemos en voz baja.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gonzalo sigui\u00f3 el consejo. Adopt\u00f3 modales de serenidad, pero los nervios eran sus grandes enemigos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014No lo molestar\u00e9 mucho tiempo. Me dej\u00f3 at\u00f3nito con lo de Rodrigo. \u00bfEst\u00e1 seguro?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hombre acarici\u00f3, con aire distra\u00eddo, el adorno de marfil de su bast\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014S\u00ed. Pas\u00f3 tal y como te cont\u00e9. Hace tres d\u00edas, Rodrigo le dispar\u00f3 a la higuera. O\u00ed un par de tiros y despu\u00e9s, gritos. T\u00fa sabes que las plantas ahora son muy fuertes; aun as\u00ed, le hizo un par de rasgu\u00f1os. El resultado ya lo has presenciado por ti mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Enmudeci\u00f3. Una intensa sudoraci\u00f3n humedeci\u00f3 su frente. Sinti\u00f3 que las n\u00e1useas de una noche no muy lejana regresaban a acosarlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014C\u00e1lmate. Ya nada puede hacerse. Es mejor que te olvides para siempre de \u00e9l. Enloqueci\u00f3, pero ya encontr\u00f3 alivio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Yo se lo dije \u2014la voz entrecortada de Gonzalo son\u00f3 como un d\u00e9bil suspiro\u2014. Le hice ver que todo era in\u00fatil, que ese grupo no tendr\u00eda \u00e9xito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfLa C\u00e9lula? \u2014el hombre pareci\u00f3 sorprenderse ante la menci\u00f3n\u2014. Esa tonter\u00eda no existe. Ha sido un completo embuste. No creas todo lo que oyes, muchacho. La inventaron como una trampa para tontos, un se\u00f1uelo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014-\u00bfC\u00f3mo lo sabe?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014O\u00eddos muy agudos y mente alerta, Gonzalo. Eso es todo. En un barrio y en una ciudad tan peque\u00f1a como esta, hay cosas que no pueden ocultarse. Adem\u00e1s, la gente habla de m\u00e1s en presencia de los viejos y de los ni\u00f1os. Esa es nuestra ventaja.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfY Carmen, la esposa de Rodrigo? \u00bfY su hija?&#8230;\u00bfVolvieron?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Ni rastro de ellas. Se fueron hace semanas. \u00c9l las convenci\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Me lo dijo el propio Rodrigo. Se alojan en Barrio Este, con la hermana de Carmen.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Barrio Este, Barrio Oeste&#8230; Es lo mismo. No hay ad\u00f3nde ir. Y si alguien lograra escapar, encontrar\u00eda m\u00e1s cercos de granado \u2014el hombre del bast\u00f3n suspendi\u00f3 su reflexi\u00f3n un instante\u2014. Me temo que nuestro espacio continuar\u00e1 reduci\u00e9ndose.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gonzalo sinti\u00f3 que un nudo le apretaba la garganta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Pero nos necesitan. \u00bfQui\u00e9n cuidar\u00eda de ellas? Usted sugiere que un d\u00eda hasta nosotros, los creyentes, seremos prescindibles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El anciano lo mir\u00f3 tristemente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Mejor vuelve a tu casa. En unos minutos comenzar\u00e1 el toque de queda. Yo vivo a tres cuadras, pero t\u00fa no est\u00e1s tan pr\u00f3ximo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Alberto&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Hazme caso. Te esperan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Supo que el viejo ya no hablar\u00eda. Antes de partir, atisb\u00f3, entre las sombras. Era un \u00e1rbol gigantesco, antiqu\u00edsimo, que hab\u00eda extendido ra\u00edces mucho antes de que nacieran \u00e9l, su padre e incluso, su abuelo y bisabuelo. Nadie sab\u00eda con exactitud cu\u00e1ntos siglos resid\u00eda en aquel paraje.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gonzalo hab\u00eda jugado alrededor de \u00e9l a\u00f1os atr\u00e1s, junto a sus compa\u00f1eros \u2014as\u00ed como las incontables generaciones que los precedieron\u2014, sin imaginar que alg\u00fan d\u00eda se subordinar\u00edan como ovejas a sus inescrutables designios y al de los otros gigantes. Todos dejaron su marca sobre la superficie rugosa \u2014una declaraci\u00f3n sentimental, una muestra de apoyo al candidato vecinal o al equipo de f\u00fatbol de su preferencia\u2014. Era como si hoy les reclamaran por cada uno de esos cortes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya ni siquiera deb\u00eda ser considerado un \u00e1rbol; era, m\u00e1s bien, una boca, una hendidura abierta justo a la mitad de su grueso tronco, y que ya no se confund\u00eda, de ning\u00fan modo, con el escondite perfecto de los muchachos de anta\u00f1o. Esa cavidad ya hab\u00eda exigido un sacrificio punitivo \u2014el de las mascotas\u2014. En un par de d\u00edas, habr\u00eda otra asamblea de vecinos, con los delegados del resto de barrios. \u00c9l formar\u00eda parte de las primeras filas, acompa\u00f1ado por Mar\u00eda Luisa, Andrea y Alonso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rodrigo se hab\u00eda ido. Poco a poco se difuminaba en la memoria de Gonzalo \u2014igual que \u00c1lvaro y Diego, ejecutados unas semanas antes que las ancianas por rociar con gasolina a uno de los grandes \u00e1rboles\u2014. Su craso error fue la ingenuidad, la confianza en algo que siempre careci\u00f3 de un asidero. No volver\u00eda a preguntar por \u00e9l ni por su familia. Cualquier huella de su existencia f\u00edsica ser\u00eda borrada de ahora en adelante de todo documento, de toda memoria personal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gonzalo se consideraba muy diferente, de una estirpe mejor preparada para asumir los retos del futuro. \u00c9l s\u00ed era imprescindible, porque ten\u00eda fortaleza a raudales, tanta para negar sin dubitaciones, que alguna vez hubiese conocido a aquellos individuos. Al fin y al cabo, no hab\u00eda nada que temer: era respetuoso de las proclamas, ten\u00eda un pr\u00f3spero negocio y cre\u00eda a la sombra de la protecci\u00f3n brindada por esos d\u00edas verdes. Representaba lo m\u00e1s graneado de las buenas conciencias y aquella era su mejor carta de presentaci\u00f3n. Estas palabras m\u00e1gicas lo embebieron de entusiasmo mientras abr\u00eda la puerta de su casa, anunciando su llegada, y la parra, en la planta superior, reptaba con autosuficiencia por todas las habitaciones. Algunos delgados ap\u00e9ndices ya comenzaban a acariciar, con torpeza de infante voraz, los primeros tramos de la escalera.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\u00a0<a href=\"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/Guich-Los-dias-verdes.pdf\">Click aqu\u00ed para descargar el cuento en versi\u00f3n PDF<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 G\u00fcich Rodr\u00edguez (1963) Los d\u00edas verdes Edici\u00f3n para el club virtual de lectura\u00a0En las nubes de la ficci\u00f3n Universidad del Pac\u00edfico, febrero de 2013 El timbre fue activado por el visitante mientras Gonzalo escrutaba, con un viso de resignaci\u00f3n &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/textos-de-discusion\/jose-guich-rodriguez-los-dias-verdes\/\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"parent":9,"menu_order":33,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-616","page","type-page","status-publish","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/616","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=616"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/616\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":799,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/616\/revisions\/799"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/9"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=616"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}