{"id":608,"date":"2013-02-09T17:39:56","date_gmt":"2013-02-09T17:39:56","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/\/?page_id=608"},"modified":"2013-09-27T13:49:38","modified_gmt":"2013-09-27T13:49:38","slug":"juan-rulfo-el-llano-en-llamas","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/textos-de-discusion\/juan-rulfo-el-llano-en-llamas\/","title":{"rendered":"Juan Rulfo, El llano en llamas"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-size: small;\">Edici\u00f3n para el club de lectura virtual <i>En las nubes de la ficci\u00f3n<\/i>.<br \/>\nUniversidad del Pac\u00edfico, febrero de 2013.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"LEFT\"><i>Ya mataron a la perra<br \/>\n<\/i><i>pero quedan los perritos<br \/>\n<\/i>Corrido popular<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">\u00a0\u201c\u00a1Viva Petronilo Flores!\u201d<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">El grito se vino rebotando por los paredones de la barranca y subi\u00f3 hasta donde est\u00e1bamos nosotros. Luego se deshizo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Por un rato, el viento que soplaba desde abajo nos trajo un tumulto de voces amontonadas, haciendo un ruido igual al que hace el agua crecida cuando rueda sobre pedregales.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">En seguida, saliendo de all\u00e1 mismo, otro grito torci\u00f3 por el recodo de la barranca, volvi\u00f3 a rebotar en los paredones y lleg\u00f3 todav\u00eda con fuerza junto a nosotros:<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u201c\u00a1Viva mi general Petronilo Flores!\u201d<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Nosotros nos miramos. La Perra se levant\u00f3 despacio, quit\u00f3 el cartucho a la carga de su carabina y se lo guard\u00f3 en la bolsa de la camisa. Despu\u00e9s se arrim\u00f3 a donde estaban los Cuatro y les dijo: \u201c\u00a1S\u00edganme, muchachos, vamos a ver qu\u00e9 toritos toreamos!\u201d. Los cuatro hermanos Benavides se fueron detr\u00e1s de \u00e9l, agachados; solamente la Perra iba bien tieso, asomando la mitad de su cuerpo flaco por encima de la cerca.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Nosotros seguimos all\u00ed, sin movernos. Est\u00e1bamos alineados al pie del lienzo, tirados panza arriba, como iguanas calent\u00e1ndose al sol.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">La cerca de piedra culebreaba mucho al subir y bajar por las lomas, y ellos, la Perra y los Cuatro, iban tambi\u00e9n culebreando como si fueran con los pies trabados. As\u00ed los vimos perderse de nuestros ojos. Luego volvimos la cara para poder ver otra vez hacia arriba y miramos las ramas bajas de los amoles que nos daban tantita sombra. Ol\u00eda a eso; a sombra recalentada por el sol. A amoles podridos.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Se sent\u00eda el sue\u00f1o del mediod\u00eda.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">La boruca que ven\u00eda de all\u00e1 abajo se sal\u00eda a cada rato de la barranca y nos sacud\u00eda el cuerpo para que no nos durmi\u00e9ramos. Y aunque quer\u00edamos o\u00edr parando bien la oreja, s\u00f3lo nos llegaba la boruca: un remolino de murmullos, como si se estuviera oyendo de muy lejos el rumor que hacen las carretas al pasar por un callej\u00f3n pedregoso.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">De repente son\u00f3 un tiro. Lo repiti\u00f3 la barranca como si estuviera derrumb\u00e1ndose. Eso hizo que las cosas despertaran: volaron los totochilos, esos p\u00e1jaros colorados que hab\u00edamos estado viendo jugar entre los amoles. En seguida las chicharras, que se hab\u00edan dormido a ras del mediod\u00eda, tambi\u00e9n despertaron llenando la tierra de rechinidos.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014\u00bfQu\u00e9 fue? <span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">\u2014<\/span>pregunt\u00f3 Pedro Zamora, todav\u00eda medio amodorrado por la siesta.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Entonces el Chihuila se levant\u00f3 y, arrastrando su carabina como si fuera un le\u00f1o, se encamin\u00f3 detr\u00e1s de los que se hab\u00edan ido.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Voy a ver qu\u00e9 fue lo que fue <span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">\u2014<\/span>dijo perdi\u00e9ndose tambi\u00e9n como los otros.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">El chirriar de las chicharras aument\u00f3 de tal modo que nos dej\u00f3 sordos y no nos dimos cuenta de la hora en que ellos aparecieron por all\u00ed. Cuando menos acordamos aqu\u00ed estaban ya, mero enfrente de nosotros, todos desguarnecidos. Parec\u00edan ir de paso, ajuareados para otros apuros y no para \u00e9ste de ahorita.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Nos dimos vuelta y los miramos por la mira de las troneras. Pasaron los primeros, luego los segundos y otros m\u00e1s, con el cuerpo echado para adelante, jorobados de sue\u00f1o. Les relumbraba la cara de sudor, como si la hubieran zambullido en el agua al pasar por el arroyo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Siguieron pasando.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Lleg\u00f3 la se\u00f1al. Se oy\u00f3 un chiflido largo y comenz\u00f3 la tracatera all\u00e1 lejos, por donde se hab\u00eda ido la Perra. Luego sigui\u00f3 aqu\u00ed. Fue f\u00e1cil. Casi tapaban el agujero de las troneras con su bulto, de modo que aquello era como tirarles a boca de jarro y hacerles pegar tama\u00f1o respingo de la vida a la muerte sin que apenas se dieran cuenta.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Pero esto dur\u00f3 muy poquito. Si acaso la primera y la segunda descarga. Pronto qued\u00f3 vac\u00edo el hueco de la tronera por donde, asom\u00e1ndose uno, s\u00f3lo se ve\u00eda a los que estaban acostados en mitad del camino, medio torcidos, como si alguien los hubiera venido a tirar all\u00ed. Los vivos desaparecieron. Despu\u00e9s volvieron a aparecer, pero por lo pronto ya no estaban all\u00ed. Para la siguiente descarga tuvimos que esperar. Alguno de nosotros grit\u00f3: \u201c\u00a1Viva Pedro Zamora!\u201d Del otro lado respondieron, casi en secreto: \u201c\u00a1S\u00e1lvame patroncito! \u00a1S\u00e1lvame! \u00a1Santo Ni\u00f1o de Atocha, soc\u00f3rreme!\u201d Pasaron los p\u00e1jaros. Bandadas de tordos cruzaron por encima de nosotros hacia los cerros.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">La tercera descarga nos lleg\u00f3 por detr\u00e1s. Brot\u00f3 de ellos, haci\u00e9ndonos brincar hasta el otro lado de la cerca, hasta m\u00e1s all\u00e1 de los muertos que nosotros hab\u00edamos matado.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Luego comenz\u00f3 la corretiza por entre los matorrales. Sent\u00edamos las balas pajuele\u00e1ndonos los talones, como si hubi\u00e9ramos ca\u00eddo sobre un enjambre de chapulines. Y de vez en cuando, y cada vez m\u00e1s seguido, pegando mero en medio de alguno de nosotros, que se quebraba con un crujido de huesos. Corrimos. Llegamos al borde de la barranca y nos dejamos descolgar por all\u00ed como si nos despe\u00f1\u00e1ramos.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Ellos segu\u00edan disparando. Siguieron disparando todav\u00eda despu\u00e9s que hab\u00edamos subido hasta el otro lado, a gatas, como tejones espantados por la lumbre.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u201c\u00a1Viva mi general Petronilo Flores, hijos de la tal por cual!\u201d, nos gritaron otra vez. Y el grito se fue rebotando como el trueno de una tormenta, barranca abajo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Nos quedamos agazapados detr\u00e1s de unas piedras grandes y boludas, todav\u00eda resollando fuerte por la carrera. Solamente mir\u00e1bamos a Pedro Zamora pregunt\u00e1ndole con los ojos qu\u00e9 era lo que nos hab\u00eda pasado. Pero \u00e9l tambi\u00e9n nos miraba sin decirnos nada. Era como si se nos hubiera acabado el habla a todos o como si la lengua se nos hubiera hecho bola como la de los pericos y nos costara trabajo soltarla para que dijera algo. Pedro Zamora nos segu\u00eda mirando. Estaba haciendo sus cuentas con los ojos; con aquellos ojos que \u00e9l ten\u00eda, todos enrojecidos, como si los trajera siempre desvelados. Nos contaba de uno en uno. Sab\u00eda ya cu\u00e1ntos \u00e9ramos los que est\u00e1bamos all\u00ed, pero parec\u00eda no estar seguro todav\u00eda, por eso nos repasaba una vez y otra y otra.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Faltaban algunos: once o doce, sin contar a la Perra y al Chihuila a los que hab\u00edan arrendado con ellos. El Chihuila bien pudiera ser que estuviera horquetado arriba de alg\u00fan amole, acostado sobre su retrocarga, aguardando a que se fueran los federales.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Los Joseses, los dos hijos de la Perra, fueron los primeros en levantar la cabeza, luego el cuerpo. Por fin caminaron de un lado a otro esperando que Pedro Zamora les dijera algo. Y dijo:<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Otro agarre como \u00e9ste y nos acaban. <span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">\u2014<\/span>En seguida, atragant\u00e1ndose como si tragara un buche de coraje, les grit\u00f3 a los Joseses<span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">\u2014<\/span>: \u00a1Ya s\u00e9 que falta su padre, pero agu\u00e1ntense, agu\u00e1ntense tantito! \u00a1Iremos por \u00e9l!<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Una bala disparada de all\u00e1 hizo volar una parvada de tild\u00edos en la ladera de enfrente. Los p\u00e1jaros cayeron sobre la barranca y revolotearon hasta cerca de nosotros; luego, al vernos, se asustaron, dieron media vuelta relumbrando contra el sol y volvieron a llenar de gritos los \u00e1rboles de la ladera de enfrente.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Los Joseses volvieron al lugar de antes y se acuclillaron en silencio.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">As\u00ed estuvimos toda la tarde. Cuando empez\u00f3 a bajar la noche lleg\u00f3 el Chihuila acompa\u00f1ado de uno de los Cuatro. Nos dijeron que ven\u00edan de all\u00e1 abajo, de la Piedra Lisa, pero no supieron decirnos si ya se hab\u00edan retirado los federales. Lo cierto es que todo parec\u00eda estar en calma. De vez en cuando se o\u00edan los aullidos de los coyotes.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014\u00a1Epa t\u00fa, Pich\u00f3n! <span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">\u2014<\/span>me dijo Pedro Zamora<span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">\u2014<\/span>. Te voy a dar la encomienda de que vayas con los Joseses hasta Piedra Lisa y vean a ver qu\u00e9 le pas\u00f3 a la Perra. Si est\u00e1 muerto, pos enti\u00e9rrenlo. Y hagan lo mismo con los otros. A los heridos d\u00e9jenlos encima de algo para que los vean los guachos; pero no se traigan a nadie.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Eso haremos.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Y nos fuimos.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Los coyotes se o\u00edan m\u00e1s cerquita cuando llegamos al corral donde hab\u00edamos encerrado la caballada.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Ya no hab\u00eda caballos, s\u00f3lo estaba un burro trasijado que ya viv\u00eda all\u00ed desde antes que nosotros vini\u00e9ramos. De seguro los federales hab\u00edan cargado con los caballos. Encontramos al resto de los Cuatro detrasito de unos matojos, los tres juntos, encaramados uno encima de otro como si los hubieran apilado all\u00ed. Les alzamos la cabeza y se la zangoloteamos un poquito para ver si alguno daba todav\u00eda se\u00f1ales; pero no, ya estaban bien difuntos. En el aguaje estaba otro de los nuestros con las costillas de fuera como si lo hubieran macheteado. Y recorriendo el lienzo de arriba abajo encontramos uno aqu\u00ed y otro m\u00e1s all\u00e1, casi todos con la cara renegrida.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014A \u00e9stos los remataron, no tiene ni qu\u00e9 <span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">\u2014<\/span>dijo uno delos Joseses.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Nos pusimos a buscar a la Perra; a no hacer caso de ning\u00fan otro sino de encontrar a la mentada Perra.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">No dimos con \u00e9l. \u201cSe lo han de haber llevado <span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">\u2014<\/span>pensamos<span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">\u2014<\/span>. Se lo han de haber llevado para ense\u00f1\u00e1rselo al gobierno\u201d. Pero, aun as\u00ed seguimos buscando por todas partes, entre el rastrojo. Los coyotes segu\u00edan aullando.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Siguieron aullando toda la noche.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Pocos d\u00edas despu\u00e9s, en el Armer\u00eda, al ir pasando el r\u00edo, nos volvimos a encontrar con Petronilo Flores. Dimos marcha atr\u00e1s, pero ya era tarde. Fue como si nos fusilaran. Pedro Zamora pas\u00f3 por delante haciendo galopar aquel macho barcino y chaparrito que era el mejor animal que yo hab\u00eda conocido. Y detr\u00e1s de \u00e9l, nosotros, en manada, agachados sobre el pescuezo de los caballos. De todos modos la mataz\u00f3n fue grande. No me di cuenta de pronto porque me hund\u00ed en el r\u00edo debajo de mi caballo muerto, y la corriente nos arrastr\u00f3 a los dos, lejos, hasta un remanso bajito de agua y lleno de arena. Aqu\u00e9l fue el \u00faltimo agarre que tuvimos con las fuerzas de Petronilo Flores. Despu\u00e9s ya no peleamos. Para decir mejor las cosas, ya ten\u00edamos alg\u00fan tiempo sin pelear, s\u00f3lo de andar huyendo el bulto; por eso resolvimos remontarnos los pocos que quedamos, ech\u00e1ndonos al cerro para escondernos de la persecuci\u00f3n. Y acabamos por ser unos grupitos tan ralos que ya nadie nos ten\u00eda miedo. Ya nadie corr\u00eda gritando: \u201c\u00a1All\u00ed vienen los de Zamora!\u201d Hab\u00eda vuelto la paz al Llano Grande.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Pero no por mucho tiempo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Hac\u00eda cosa de ocho meses que est\u00e1bamos escondidos en el escondrijo del Ca\u00f1\u00f3n del Toz\u00edn, all\u00ed donde el r\u00edo Armer\u00eda se encajona durante muchas horas para dejarse caer sobre la costa. Esper\u00e1bamos dejar pasar los a\u00f1os para luego volver al mundo&#8217;, cuando ya nadie se acordara de nosotros. Hab\u00edamos comenzado a criar gallinas y de vez en cuando sub\u00edamos a la sierra en busca de venados. \u00c9ramos cinco, casi cuatro, porque a uno de los Joseses se le hab\u00eda gangrenado una pierna por el balazo que le dieron abajito de la nalga, all\u00e1, cuando nos balacearon por detr\u00e1s. Est\u00e1bamos all\u00ed, empezando a sentir que ya no serv\u00edamos para nada. Y de no saber que nos colgar\u00edan a todos, hubi\u00e9ramos ido a pacificarnos.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Pero en eso apareci\u00f3 un tal Armancio Alcal\u00e1, que era el que le hac\u00eda los recados y las cartas a Pedro Zamora.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Fue de ma\u00f1anita, mientras nos ocup\u00e1bamos en destazar una vaca, cuando o\u00edmos el pitido del cuerno. Ven\u00eda de muy lejos, por el rumbo del Llano. Pasado un rato volvi\u00f3 a o\u00edrse. Era como el bramido de un toro: primero agudo, luego ronco, luego otra vez agudo. El eco lo alargaba m\u00e1s y m\u00e1s y lo tra\u00eda aqu\u00ed cerca, hasta que el ronroneo del r\u00edo lo apagaba.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Y ya estaba para salir el sol, cuando el tal Alcal\u00e1 se dej\u00f3 ver asom\u00e1ndose por entre los sabinos. Tra\u00eda terciadas dos carrilleras con cartuchos del 44 y en las ancas de su caballo ven\u00eda atravesado un mont\u00f3n de rifles como si fuera una maleta. Se ape\u00f3 del macho. Nos reparti\u00f3 las carabinas y volvi\u00f3 a hacer la maleta con las que le sobraban.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Si no tienen nada urgente que hacer de hoy a ma\u00f1ana, p\u00f3nganse listos para salir a San Buenaventura. All\u00ed los est\u00e1 aguardando Pedro Zamora. En mientras, yo voy un poquito m\u00e1s abajo a buscar a los Zanates. Luego volver\u00e9. Al d\u00eda siguiente volvi\u00f3, ya de atardecida. Y s\u00ed, con \u00e9l ven\u00edan los Zanates. Se les ve\u00eda la cara prieta entre el pardear de la tarde. Tambi\u00e9n ven\u00edan otros tres que no conoc\u00edamos.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014En el camino conseguiremos caballos <span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">\u2014<\/span>nos dijo. Y lo seguimos.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Desde mucho antes de llegar a San Buenaventura nos dimos cuenta de que los ranchos estaban ardiendo. De las trojes de la hacienda se alzaba m\u00e1s alta la llamarada, como si estuviera quem\u00e1ndose un charco de aguarr\u00e1s. Las chispas volaban y se hac\u00edan rosca en la oscuridad del cielo formando grandes nubes alumbradas. Seguimos caminando de frente, encandilados por la luminaria de San Buenaventura, como si algo nos dijera que nuestro trabajo era estar all\u00ed, para acabar con lo que quedara.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Pero no hab\u00edamos alcanzado a llegar cuando encontramos a los primeros de a caballo que ven\u00edan al trote, con la soga morreada en la cabeza de la silla y tirando, unos, de hombres pialados que, en ratos, todav\u00eda caminaban sobre sus manos, y otros, de hombres a los que ya se les hab\u00edan ca\u00eddo las manos y tra\u00edan descolgada la cabeza. Los miramos pasar. M\u00e1s atr\u00e1s ven\u00edan Pedro Zamora y mucha gente a caballo. Mucha m\u00e1s gente que nunca. Nos dio gusto.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Daba gusto mirar aquella larga fila de hombres cruzando el Llano Grande otra vez, como en los tiempos buenos. Como al principio, cuando nos hab\u00edamos levantado de la tierra como huizapoles maduros aventados por el viento, para llenar de terror todos los alrededores del Llano. Hubo un tiempo que as\u00ed fue. Y ahora parec\u00eda volver. De all\u00ed nos encaminamos hacia San Pedro. Le prendimos fuego y luego la emprendimos rumbo al Petacal. Era la \u00e9poca en que el ma\u00edz ya estaba por pizcarse y las milpas se ve\u00edan secas y dobladas por los ventarrones que soplan por este tiempo sobre el Llano. As\u00ed que se ve\u00eda muy bonito ver caminar el fuego en los potreros; ver hecho una pura brasa casi todo el Llano en la quemaz\u00f3n aquella, con el humo ondulado por arriba; aquel humo oloroso a carrizo y a miel, porque la lumbre hab\u00eda llegado tambi\u00e9n a los ca\u00f1averales.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Y de entre el humo \u00edbamos saliendo nosotros, como espantajos, con la cara tiznada, arreando ganado de aqu\u00ed y de all\u00e1 para juntarlo en alg\u00fan lugar y quitarle el pellejo. Ese era ahora nuestro negocio: los cueros de ganado.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Porque, como nos dijo Pedro Zamora: \u201cEsta revoluci\u00f3n la vamos a hacer con el dinero de los ricos. Ellos pagar\u00e1n las armas y los gastos que cueste esta revoluci\u00f3n que estamos haciendo. Y aunque no tenemos por ahorita ninguna bandera por qu\u00e9 pelear, debemos apurarnos a amontonar dinero, para que cuando vengan las tropas del gobierno vean que somos poderosos\u201d. Eso nos dijo. Y cuando al fin volvieron las tropas, se soltaron mat\u00e1ndonos otra vez como antes, aunque no con la misma facilidad. Ahora se ve\u00eda a leguas que nos ten\u00edan miedo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Pero nosotros tambi\u00e9n les ten\u00edamos miedo. Era de verse c\u00f3mo se nos atoraban los g\u00fcevos en el pescuezo con s\u00f3lo o\u00edr el ruido que hac\u00edan sus guarniciones o las pezu\u00f1as de sus caballos al golpear las piedras de alg\u00fan camino, donde est\u00e1bamos esperando para tenderles una emboscada. Al verlos pasar, casi sent\u00edamos que nos miraban de reojo y como diciendo: \u201cYa los venteamos, nom\u00e1s nos estamos haciendo disimulados\u201d. Y as\u00ed parec\u00eda ser, porque de buenas a primeras se echaban sobre el suelo, afortinados detr\u00e1s de sus caballos y nos resist\u00edan all\u00ed hasta que otros nos iban cercando poquito a poco, agarr\u00e1ndonos como a gallinas acorraladas. Desde entonces supimos que a ese paso no \u00edbamos a durar mucho, aunque \u00e9ramos muchos. Cuando los vivos comenzaron a salir de entre las astillas de los carros, nosotros nos retiramos de all\u00ed, acalambrados de miedo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Estuvimos escondidos varios d\u00edas; pero los federales nos fueron a sacar de nuestro escondite. Ya no nos dieron paz; ni siquiera para mascar un pedazo de cecina en paz. Hicieron que se nos acabaran las horas de dormir y de comer, y que los d\u00edas y las noches fueran iguales para nosotros. Quisimos llegar al Ca\u00f1\u00f3n del Toz\u00edn; pero el gobierno lleg\u00f3 primero que nosotros. Faldeamos el volc\u00e1n. Subimos a los montes m\u00e1s altos y all\u00ed, en ese lugar que le dicen el Camino de Dios, encontramos otra vez al gobierno tirando a matar. Sent\u00edamos c\u00f3mo bajaban las balas sobre nosotros, en rachas apretadas, calentando el aire que nos rodeaba. Y hasta las piedras detr\u00e1s de las que nos escond\u00edamos se hac\u00edan trizas una tras otra como si fueran terrones. Despu\u00e9s supimos que eran ametralladoras aquellas carabinas con que disparaban ahora sobre nosotros y que dejaban hecho una coladera el cuerpo de uno; pero entonces cre\u00edmos que eran muchos soldados, por miles, y todo lo que quer\u00edamos era correr de ellos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"JUSTIFY\">***<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"JUSTIFY\">Para descargarlo en PDF: <a title=\"Juan Rulfo, &quot;El llano en llamas&quot;\" href=\"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/Rulfo-El-llano-en-llamas.pdf\">click aqu\u00ed<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Edici\u00f3n para el club de lectura virtual En las nubes de la ficci\u00f3n. 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