{"id":602,"date":"2013-02-08T19:01:29","date_gmt":"2013-02-08T19:01:29","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/\/?page_id=602"},"modified":"2013-09-27T13:53:11","modified_gmt":"2013-09-27T13:53:11","slug":"jorge-luis-borges-el-aleph","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/textos-de-discusion\/jorge-luis-borges-el-aleph\/","title":{"rendered":"Jorge Luis Borges, \u00abEl Aleph\u00bb"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\" align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\"><span style=\"font-size: small;\"><i>Edici\u00f3n para el club virtual de lectura \u201cEn las nubes de la ficci\u00f3n\u201d de la Universidad del Pac\u00edfico; febrero de 2013.<\/i><\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"JUSTIFY\">\u00a0<i style=\"color: inherit;\">O God, I could be bounded in a nutshell and count myself a King of infinite space<\/i>.\u00a0<i style=\"color: inherit;\">Hamlet<\/i>, II, 2.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"JUSTIFY\"><i style=\"color: inherit;\">But they will teach us that Eternity is the Standing still of the Present Time, a <\/i>Nunc-stans <i style=\"color: inherit;\">(as the Schools call it); which neither they, nor any else understand, no more than they would a <\/i>Hic-stans <i style=\"color: inherit;\">for a infinite greatnesse of Place.\u00a0<\/i><i style=\"color: inherit;\">Leviathan<\/i>, IV, 46.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">La candente ma\u00f1ana de febrero en que Beatriz Viterbo muri\u00f3, despu\u00e9s de una imperiosa agon\u00eda que no se rebaj\u00f3 un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, not\u00e9 que las carteleras de fierro de la Plaza Constituci\u00f3n hab\u00edan renovado no s\u00e9 qu\u00e9 aviso de cigarrillos rubios; el hecho me doli\u00f3, pues comprend\u00ed que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiar\u00e1 el universo pero yo no, pens\u00e9 con melanc\u00f3lica vanidad; alguna vez, lo s\u00e9, mi vana devoci\u00f3n la hab\u00eda exasperado; muerta, yo pod\u00eda consagrarme a su memoria, sin esperanza, pero tambi\u00e9n sin humillaci\u00f3n. Consider\u00e9 que el 30 de abril era su cumplea\u00f1os; visitar ese d\u00eda la casa la calle Garay para saludar a su padre y a Carlos Argentino Daneri, su primo hermano, era un acto cort\u00e9s, irreprochable, tal vez ineludible. De nuevo aguardar\u00eda en el crep\u00fasculo de la abarrotada salita, de nuevo estudiar\u00eda las circunstancias de sus muchos retratos, Beatriz Viterbo, de perfil, en colores; Beatriz, con antifaz, en los carnavales de 1921; la primera comuni\u00f3n de Beatriz; Beatriz, el d\u00eda de su boda con Roberto Alessandri; Beatriz, poco despu\u00e9s del divorcio, en un almuerzo del Club H\u00edpico; Beatriz, en Quilmes, con Delia San Marco Porcel y Carlos Argentino; Beatriz, con el pekin\u00e9s que le regal\u00f3 Villegas Haedo; Beatriz, de frente y de tres cuartos, sonriendo; la mano en el ment\u00f3n&#8230; No estar\u00eda obligado, como otras veces, a justificar mi presencia con m\u00f3dicas ofrendas de libros: libros cuyas p\u00e1ginas, finalmente, aprend\u00ed a cortar, para no comprobar, meses despu\u00e9s, que estaban intactos.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Beatriz Viterbo muri\u00f3 en 1929; desde entonces no dej\u00e9 pasar un 30 de abril sin volver a su casa. Yo sol\u00eda llegar a las siete y cuarto y quedarme unos veinticinco minutos; cada a\u00f1o aparec\u00eda un poco m\u00e1s tarde y me quedaba un rato m\u00e1s; en 1933, una lluvia torrencial me favoreci\u00f3: tuvieron que invitarme a comer. No desperdici\u00e9, como es natural, ese buen precedente; en 1934, aparec\u00ed, ya dadas las ocho con un alfajor santafecino; con toda naturalidad me qued\u00e9 a comer. As\u00ed, en aniversarios melanc\u00f3licos y vanamente er\u00f3ticos, recib\u00ed gradualmente confidencias de Carlos Argentino Daneri.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Beatriz era alta, fr\u00e1gil, muy ligeramente inclinada: hab\u00eda en su andar (si el ox\u00edmoron es tolerable) una como graciosa torpeza, un principio de \u00e9xtasis; Carlos Argentino es rosado, considerable, canoso, de rasgos finos. Ejerce no s\u00e9 qu\u00e9 cargo subalterno en una biblioteca ilegible de los arrabales del Sur; es autoritario, pero tambi\u00e9n es ineficaz; aprovechaba, hasta hace muy poco, las noches y las fiestas para no salir de su casa. A dos generaciones de distancia, la ese italiana y la copiosa gesticulaci\u00f3n italiana sobreviven en \u00e9l. Su actividad mental es continua, apasionada, vers\u00e1til y del todo insignificante. Abunda en inservibles analog\u00edas y en ociosos escr\u00fapulos. Tiene (como Beatriz) grandes y afiladas manos hermosas. Durante algunos meses padeci\u00f3 la obsesi\u00f3n de Paul Fort, menos por sus baladas que por la idea de una gloria intachable. \u201cEs el Pr\u00edncipe de los poetas en Francia\u201d, repet\u00eda con fatuidad. \u201cEn vano te revolver\u00e1s contra \u00e9l; no lo alcanzar\u00e1, no, la m\u00e1s inficionada de tus saetas.\u201d<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">El 30 de abril de 1941 me permit\u00ed agregar al alfajor una botella de co\u00f1ac del pa\u00eds. Carlos Argentino lo prob\u00f3, lo juzg\u00f3 interesante y emprendi\u00f3, al cabo de unas copas, una vindicaci\u00f3n del hombre moderno<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014<span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Lo evoco \u2014dijo con una admiraci\u00f3n algo inexplicable\u2014 en su gabinete de estudio, como si dij\u00e9ramos en la torre albarrana de una ciudad, provisto de tel\u00e9fonos, de tel\u00e9grafos, de fon\u00f3grafos, de aparatos de radiotelefon\u00eda, de cinemat\u00f3grafos, de linternas m\u00e1gicas, de glosarios, de horarios, de prontuarios, de boletines&#8230;<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Observ\u00f3 que para un hombre as\u00ed facultado el acto de viajar era in\u00fatil; nuestro siglo XX hab\u00eda transformado la f\u00e1bula de Mahoma y de la monta\u00f1a; las monta\u00f1as, ahora converg\u00edan sobre el moderno Mahoma.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Tan ineptas me parecieron esas ideas, tan pomposa y tan vasta su exposici\u00f3n, que las relacion\u00e9 inmediatamente con la literatura; le dije que por qu\u00e9 no las escrib\u00eda. Previsiblemente respondi\u00f3 que ya lo hab\u00eda hecho: esos conceptos, y otros no menos novedosos, figuraban en el Canto Augural, Canto Prologal o simplemente Canto-Pr\u00f3logo de un poema en el que trabajaba hac\u00eda muchos a\u00f1os, sin r\u00e9clame, sin bullanga ensordecedora, siempre apoyado en esos dos b\u00e1culos que se llaman el trabajo y la soledad. Primero abr\u00eda las compuertas a la imaginaci\u00f3n; luego hac\u00eda uso de la lima. El poema se titulaba La Tierra; trat\u00e1base de una descripci\u00f3n del planeta, en la que no faltaban, por cierto, la pintoresca digresi\u00f3n y el gallardo ap\u00f3strofe.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Le rogu\u00e9 que me leyera un pasaje, aunque fuera breve. Abri\u00f3 un caj\u00f3n del escritorio, sac\u00f3 un alto legajo de hojas de block estampadas con el membrete de la Biblioteca Juan Cris\u00f3stomo Lafinur y ley\u00f3 con sonora satisfacci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"JUSTIFY\">He visto, como el griego, las urbes de los hombres,<br \/>\nLos trabajos, los d\u00edas de varia luz, el hambre;<br \/>\nNo corrijo los hechos, no falseo los nombres,<br \/>\nPero el <i style=\"color: inherit;\">voyage<\/i> que narro, es&#8230; <i style=\"color: inherit;\">autour de ma chambre<\/i>.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Estrofa a todas luces interesante \u2014dictamin\u00f3\u2014. El primer verso granjea el aplauso del catedr\u00e1tico, del acad\u00e9mico, del helenista, cuando no de los eruditos a la violeta, sector considerable de la opini\u00f3n; el segundo pasa de Homero a Hes\u00edodo (todo un impl\u00edcito homenaje, en el frontis del flamante edificio, al padre de la poes\u00eda did\u00e1ctica), no sin remozar un procedimiento cuyo abolengo est\u00e1 en la Escritura, la enumeraci\u00f3n, congerie o conglobaci\u00f3n; el tercero \u2014\u00bfbarroquismo, decadentismo, culto depurado y fan\u00e1tico de la forma?\u2014 consta de dos hemistiquios gemelos; el cuarto francamente biling\u00fce, me asegura el apoyo incondicional de todo esp\u00edritu sensible a los desenfados envites de la facecia. Nada dir\u00e9 de la rima rara ni de la ilustraci\u00f3n que me permite \u00a1sin pedantismo! acumular en cuatro versos tres alusiones eruditas que abarcan treinta siglos e apretada literatura: la primera a la <i style=\"color: inherit;\">Odisea<\/i>, la segunda a los <i style=\"color: inherit;\">Trabajos y d\u00edas<\/i>, la tercera a la bagatela inmortal que nos depararan los ocios de la pluma del saboyano&#8230; Comprendo una vez m\u00e1s que el arte moderno exige el b\u00e1lsamo de la risa, el <i style=\"color: inherit;\">scherzo<\/i>. \u00a1Decididamente, tiene la palabra Goldoni!<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Otras muchas estrofas me ley\u00f3 que tambi\u00e9n obtuvieron su aprobaci\u00f3n y su comentario profuso; nada memorable hab\u00eda en ella; ni siquiera la juzgu\u00e9 mucho peores que la anterior. En su escritura hab\u00edan colaborado la aplicaci\u00f3n, la resignaci\u00f3n y el azar; las virtudes que Daneri les atribu\u00eda eran posteriores. Comprend\u00ed que el trabajo del poeta no estaba en la poes\u00eda; estaba en la invenci\u00f3n de razones para que la poes\u00eda fuera admirable; naturalmente, ese ulterior trabajo modificaba la obra para \u00e9l, pero no para otro. La dicci\u00f3n oral de Daneri era extravagante; su torpeza m\u00e9trica le ved\u00f3, salvo contadas veces, transmitir esa extravagancia al poema.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Una sola vez en mi vida he tenido la ocasi\u00f3n de examinar los quince mil dodecas\u00edlabos del <i>Polyolbion<\/i>, esa epopeya topogr\u00e1fica en la que Michael Drayton registr\u00f3 la fauna, la flora, la hidrograf\u00eda, la orograf\u00eda, la historia militar y mon\u00e1stica de Inglaterra; estoy seguro de que ese producto considerable, pero limitado, es menos tedioso que la vasta empresa cong\u00e9nere de Carlos Argentino. \u00c9ste se propon\u00eda versificar toda la redondez del planeta; en 1941 ya hab\u00eda despachado unas hect\u00e1reas del estado de Queensland, m\u00e1s de un kil\u00f3metro del curso del Ob, un gas\u00f3metro al Norte de Veracruz, las principales casas de comercio de la parroquia de la Concepci\u00f3n, la quinta de Mariana Cambaceres de Alvear en la calla Once de Setiembre, en Belgrano, y un establecimiento de ba\u00f1os turcos no lejos del acreditado acuario de Brighton. Me ley\u00f3 ciertos laboriosos pasajes de la zona australiana de su poema; esos largos e informes alejandrinos carec\u00edan de la relativa agitaci\u00f3n del prefacio. Copio una estrofa:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"JUSTIFY\">Sepan. A manderecha del poste rutinario,<br \/>\n(Viniendo, claro est\u00e1, desde el Nornoroeste)<br \/>\nSe aburre una osamenta \u2014\u00bfColor? Blanquiceleste\u2014<br \/>\nQue da al corral de ovejas catadura de osario.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014<span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">\u00a1Dos audacias \u2014grit\u00f3 con exultaci\u00f3n\u2014 rescatadas, te oigo mascullar, por el \u00e9xito! Lo admito, lo admito. Una, el ep\u00edteto rutinario, que certeramente denuncia, <i>en passant<\/i>, el inevitable tedio inherente a las faenas pastoriles y agr\u00edcolas, tedio que ni las ge\u00f3rgicas ni nuestro ya laureado Don Segundo se atrevieron jam\u00e1s a denunciar as\u00ed, al rojo vivo. Otra, el en\u00e9rgico prosa\u00edsmo se aburre una osamenta, que el melindroso querr\u00e1 excomulgar con horror, pero que apreciar\u00e1 m\u00e1s que su vida el cr\u00edtico de gusto viril. Todo el verso, por lo dem\u00e1s, es de muy subidos quilates. El segundo hemistiquio entabla animad\u00edsima charla con el lector, se adelanta a su viva curiosidad, le pone una pregunta en la boca y la satisface&#8230; al instante. \u00bfY qu\u00e9 me dices de ese hallazgo blanquiceleste? El pintoresco neologismo sugiere el cielo, que es un factor important\u00edsimo del paisaje australiano. Sin esa evocaci\u00f3n resultar\u00edan demasiado sombr\u00edas las tintas del boceto y el lector se ver\u00eda compelido a cerrar el volumen, herida en lo m\u00e1s \u00edntimo el alma de incurable y negra melancol\u00eda.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Hacia la medianoche me desped\u00ed.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Dos domingos despu\u00e9s, Daneri me llam\u00f3 por tel\u00e9fono, entiendo que por primera vez en la vida. Me propuso que nos reuni\u00e9ramos a las cuatro, \u201cpara tomar juntos la leche, en el contiguo sal\u00f3n-bar que el progresismo de Zunino y de Zungri \u2014los propietarios de mi casa, recordar\u00e1s\u2014 inaugura en la esquina; confiter\u00eda que te importar\u00e1 conocer\u201d. Acept\u00e9, con m\u00e1s resignaci\u00f3n que entusiasmo. Nos fue dif\u00edcil encontrar mesa; el \u201csal\u00f3n-bar\u201d, inexorablemente moderno, era apenas un poco menos atroz que mis previsiones; en las mesas vecinas el excitado p\u00fablico mencionaba las sumas invertidas sin regatear por Zunino y por Zungri. Carlos Argentino fingi\u00f3 asombrarse de no s\u00e9 qu\u00e9 primores de la instalaci\u00f3n de la luz (que, sin duda, ya conoc\u00eda) y me dijo con cierta severidad:<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014<span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Mal de tu grado habr\u00e1s de reconocer que este local se parangona con los m\u00e1s encopetados de Flores.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Me reley\u00f3, despu\u00e9s, cuatro o cinco p\u00e1ginas del poema. Las hab\u00eda corregido seg\u00fan un depravado principio de ostentaci\u00f3n verbal: donde antes escribi\u00f3 azulado, ahora abundaba en azulino, azulenco y hasta azulillo. La palabra lechoso no era bastante fea para \u00e9l; en la impetuosa descripci\u00f3n de un lavadero de lanas, prefer\u00eda lactario, lacticinoso, lactescente, lechal&#8230; Denost\u00f3 con amargura a los cr\u00edticos; luego, m\u00e1s benigno, los equipar\u00f3 a esas personas, \u201cque no disponen de metales preciosos ni tampoco de prensas de vapor, laminadores y \u00e1cidos sulf\u00faricos para la acu\u00f1aci\u00f3n de tesoros, pero que pueden indicar a los otros el sitio de un tesoro\u201d. Acto continuo censur\u00f3 la prologoman\u00eda, \u201cde la que ya hizo mofa, en la donosa prefaci\u00f3n del <i>Quijote<\/i>, el Pr\u00edncipe de los Ingenios\u201d. Admiti\u00f3, sin embargo, que en la portada de la nueva obra conven\u00eda el pr\u00f3logo vistoso, el espaldarazo firmado por el plum\u00edfero de garra, de fuste. Agreg\u00f3 que pensaba publicar los cantos iniciales de su poema. Comprend\u00ed, entonces, la singular invitaci\u00f3n telef\u00f3nica; el hombre iba a pedirme que prologara su pedantesco f\u00e1rrago. Mi temor result\u00f3 infundado: Carlos Argentino observ\u00f3, con admiraci\u00f3n rencorosa, que no cre\u00eda errar el ep\u00edteto al calificar de s\u00f3lido el prestigio logrado en todos los c\u00edrculos por \u00c1lvaro Meli\u00e1n Lafinur, hombre de letras, que, si yo me empe\u00f1aba, prologar\u00eda con embeleso el poema. Para evitar el m\u00e1s imperdonable de los fracasos, yo ten\u00eda que hacerme portavoz de dos m\u00e9ritos inconcusos: la perfecci\u00f3n formal y el rigor cient\u00edfico, \u201cporque ese dilatado jard\u00edn de tropos, de figuras, de galanuras, no tolera un solo detalle que no confirme la severa verdad\u201d. Agreg\u00f3 que Beatriz siempre se hab\u00eda distra\u00eddo con \u00c1lvaro.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Asent\u00ed, profusamente asent\u00ed. Aclar\u00e9, para mayor verosimilitud, que no hablar\u00eda el lunes con \u00c1lvaro, sino el jueves: en la peque\u00f1a cena que suele coronar toda reuni\u00f3n del Club de Escritores. (No hay tales cenas, pero es irrefutable que las reuniones tienen lugar los jueves, hecho que Carlos Argentino Daneri pod\u00eda comprobar en los diarios y que dotaba de cierta realidad a la frase.) Dije, entre adivinatorio y sagaz, que antes de abordar el tema del pr\u00f3logo describir\u00eda el curioso plan de la obra. Nos despedimos; al doblar por Bernardo de Irigoyen, encar\u00e9 con toda imparcialidad los porvenires que me quedaban: a) hablar con \u00c1lvaro y decirle que el primo hermano aquel de Beatriz (ese eufemismo explicativo me permitir\u00eda nombrarla) hab\u00eda elaborado un poema que parec\u00eda dilatar hasta lo infinito las posibilidades de la cacofon\u00eda y del caos; b) no hablar con \u00c1lvaro. Prev\u00ed, l\u00facidamente, que mi desidia optar\u00eda por b.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">A partir del viernes a primera hora, empez\u00f3 a inquietarme el tel\u00e9fono. Me indignaba que ese instrumento, que alg\u00fan d\u00eda produjo la irrecuperable voz de Beatriz, pudiera rebajarse a recept\u00e1culo de las in\u00fatiles y quiz\u00e1s col\u00e9ricas quejas de ese enga\u00f1ado Carlos Argentino Daneri. Felizmente nada ocurri\u00f3 \u2014salvo el rencor inevitable que me inspir\u00f3 aquel hombre que me hab\u00eda impuesto una delicada gesti\u00f3n y luego me olvidaba\u2014.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">El tel\u00e9fono perdi\u00f3 sus terrores, pero a fines de octubre, Carlos Argentino me habl\u00f3. Estaba agitad\u00edsimo; no identifiqu\u00e9 su voz, al principio. Con tristeza y con ira balbuce\u00f3 que esos ya ilimitados Zunino y Zungri, so pretexto de ampliar su desaforada confiter\u00eda, iban a demoler su casa.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014<span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">\u00a1La casa de mis padres, mi casa, la vieja casa inveterada de la calle Garay!\u2014 repiti\u00f3, quiz\u00e1 olvidando su pesar en la melod\u00eda.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">No me result\u00f3 muy dif\u00edcil compartir su congoja. Ya cumplidos los cuarenta a\u00f1os, todo cambio es un s\u00edmbolo detectable del pasaje del tiempo; adem\u00e1s se trataba de una casa que, para m\u00ed, alud\u00eda infinitamente a Beatriz. Quise aclarar ese delicad\u00edsimo rasgo; mi interlocutor no me oy\u00f3. Dijo que si Zunino y Zungri persist\u00edan en ese prop\u00f3sito absurdo, el doctor Zunni, su abogado, los demandar\u00eda <i>ipso facto<\/i> por da\u00f1os y perjuicios y los obligar\u00eda a abonar cien mil nacionales.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">El nombre de Zunni me impresion\u00f3; su bufete, en Caseros y Tacuar\u00ed, es de una seriedad proverbial. Interrogu\u00e9 si \u00e9ste se hab\u00eda encargado ya del asunto. Daneri dio que le hablar\u00eda esa misma tarde. Vacil\u00f3 y con esa voz llana, impersonal, a que solemos recurrir para confiar algo muy \u00edntimo, dijo que para terminar el poema le era indispensable la casa, pues en un \u00e1ngulo del s\u00f3tano hab\u00eda un Aleph. Aclar\u00f3 que un Aleph es uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014<span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Est\u00e1 en el s\u00f3tano del comedor \u2014explic\u00f3, aligerada su dicci\u00f3n por la angustia\u2014. Es m\u00edo, es m\u00edo; yo lo descubr\u00ed en la ni\u00f1ez, antes de la edad escolar. La escalera del s\u00f3tano es empinada, mis t\u00edos me ten\u00edan prohibido el descenso, pero alguien dijo que hab\u00eda un mundo en el s\u00f3tano. Se refer\u00eda, lo supe despu\u00e9s, a un ba\u00fal, pero yo entend\u00ed que hab\u00eda un mundo. Baj\u00e9 secretamente, rod\u00e9 por la escalera vedada, ca\u00ed. Al abrir los ojos, vi el Aleph.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014<span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">\u00bfEl Aleph? \u2014repet\u00ed.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014<span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">S\u00ed, el lugar donde est\u00e1n, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los \u00e1ngulos. A nadie revel\u00e9 mi descubrimiento, pero volv\u00ed. \u00a1El ni\u00f1o no pod\u00eda comprender que le fuera deparado ese privilegio para que el hombre burilara el poema! No me despojar\u00e1n Zunino y Zungri, no y mil veces no. C\u00f3digo en mano, el doctor Zunni probar\u00e1 que es inajenable mi Aleph.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Trat\u00e9 de razonar.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014<span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Pero, \u00bfno es muy oscuro el s\u00f3tano?<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014<span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">La verdad no penetra un entendimiento rebelde. Si todos los lugares de la Tierra est\u00e1n en el Aleph, ah\u00ed estar\u00e1n todas las luminarias, todas las l\u00e1mparas, todos los veneros de luz.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014<span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Ir\u00e9 a verlo inmediatamente.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Cort\u00e9, antes de que pudiera emitir una prohibici\u00f3n. Basta el conocimiento de un hecho para percibir en el acto una serie de rasgos confirmatorios, antes insospechados; me asombr\u00f3 no haber comprendido hasta ese momento que Carlos Argentino era un loco. Todos esos Viterbos, por lo dem\u00e1s&#8230; Beatriz (yo mismo suelo repetirlo) era una mujer, una ni\u00f1a de una clarividencia casi implacable, pero hab\u00eda en ella negligencias, distracciones, desdenes, verdaderas crueldades, que tal vez reclamaban una explicaci\u00f3n patol\u00f3gica. La locura de Carlos Argentino me colm\u00f3 de maligna felicidad; \u00edntimamente, siempre nos hab\u00edamos detestado.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">En la calle Garay, la sirvienta me dijo que tuviera la bondad de esperar. El ni\u00f1o estaba, como siempre, en el s\u00f3tano, revelando fotograf\u00edas. Junto al jarr\u00f3n sin una flor, en el piano in\u00fatil, sonre\u00eda (m\u00e1s intemporal que anacr\u00f3nico) el gran retrato de Beatriz, en torpes colores. No pod\u00eda vernos nadie; en una desesperaci\u00f3n de ternura me aproxim\u00e9 al retrato y le dije:<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014<span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Beatriz, Beatriz Elena, Beatriz Elena Viterbo, Beatriz querida, Beatriz perdida para siempre, soy yo, soy Borges.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Carlos entr\u00f3 poco despu\u00e9s. Habl\u00f3 con sequedad; comprend\u00ed que no era capaz de otro pensamiento que de la perdici\u00f3n del Aleph.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014<span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Una copita del seudo co\u00f1ac \u2014orden\u00f3\u2014 y te zampuzar\u00e1s en el s\u00f3tano. Ya sabes, el dec\u00fabito dorsal es indispensable. Tambi\u00e9n lo son la oscuridad, la inmovilidad, cierta acomodaci\u00f3n ocular. Te acuestas en el piso de la baldosas y fijas los ojos en el decimonono escal\u00f3n de la pertinente escalera. Me voy, bajo la trampa y te quedas solo. Alg\u00fan roedor te mete miedo \u00a1f\u00e1cil empresa! A los pocos minutos ves el Aleph. \u00a1El microcosmo de alquimistas y cabalistas, nuestro concreto amigo proverbial, el <i>multum in parvo<\/i>!<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Ya en el comedor, agreg\u00f3:<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014<span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Claro est\u00e1 que si no lo ves, tu incapacidad no invalida mi testimonio&#8230; Baja; muy en breve podr\u00e1s entablar un di\u00e1logo con todas las im\u00e1genes de Beatriz.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Baj\u00e9 con rapidez, harto de sus palabras insustanciales. El s\u00f3tano, apenas m\u00e1s ancho que la escalera, ten\u00eda mucho de pozo. Con la mirada, busqu\u00e9 en vano el ba\u00fal de que Carlos Argentino me habl\u00f3. Unos cajones con botellas y unas bolsas de lona entorpec\u00edan un \u00e1ngulo. Carlos tom\u00f3 una bolsa, la dobl\u00f3 y la acomod\u00f3 en un sitio preciso.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014<span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">La almohada es humildosa \u2014explic\u00f3\u2014, pero si la levanto un solo cent\u00edmetro, no ver\u00e1s ni una pizca y te quedas corrido y avergonzado. Repantiga en el suelo ese corpach\u00f3n y cuenta diecinueve escalones.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Cumpl\u00ed con su rid\u00edculo requisito; al fin se fue. Cerr\u00f3 cautelosamente la trampa, la oscuridad, pese a una hendija que despu\u00e9s distingu\u00ed, pudo parecerme total. S\u00fabitamente comprend\u00ed mi peligro: me hab\u00eda dejado soterrar por un loco, luego de tomar un veneno. Las bravatas de Carlos transparentaban el \u00edntimo terror de que yo no viera el prodigio; Carlos, para defender su delirio, para no saber que estaba loco ten\u00eda que matarme. Sent\u00ed un confuso malestar, que trat\u00e9 de atribuir a la rigidez, y no a la operaci\u00f3n de un narc\u00f3tico. Cerr\u00e9 los ojos, los abr\u00ed. Entonces vi el Aleph.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Arribo, ahora, al inefable centro de mi relato, empieza aqu\u00ed, mi desesperaci\u00f3n de escritor. Todo lenguaje es un alfabeto de s\u00edmbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; \u00bfc\u00f3mo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? Los m\u00edsticos, en an\u00e1logo trance prodigan los emblemas: para significar la divinidad, un persa habla de un p\u00e1jaro que de alg\u00fan modo es todos los p\u00e1jaros; Alanus de Insulis, de una esfera cuyo centro est\u00e1 en todas partes y las circunferencia en ninguna; Ezequiel, de un \u00e1ngel de cuatro caras que a un tiempo se dirige al Oriente y al Occidente, al Norte y al Sur. (No en vano rememoro esas inconcebibles analog\u00edas; alguna relaci\u00f3n tienen con el Aleph.) Quiz\u00e1 los dioses no me negar\u00edan el hallazgo de una imagen equivalente, pero este informe quedar\u00eda contaminado de literatura, de falsedad. Por lo dem\u00e1s, el problema central es irresoluble: La enumeraci\u00f3n, si quiera parcial, de un conjunto infinito. En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombr\u00f3 como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposici\u00f3n y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simult\u00e1neo: lo que transcribir\u00e9 sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recoger\u00e9.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">En la parte inferior del escal\u00f3n, hacia la derecha, vi una peque\u00f1a esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la cre\u00ed giratoria; luego comprend\u00ed que ese movimiento era una ilusi\u00f3n producida por los vertiginosos espect\u00e1culos que encerraba. El di\u00e1metro del Aleph ser\u00eda de dos o tres cent\u00edmetros, pero el espacio c\u00f3smico estaba ah\u00ed, sin disminuci\u00f3n de tama\u00f1o. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la ve\u00eda desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de Am\u00e9rica, vi una plateada telara\u00f1a en el centro de una negra pir\u00e1mide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrut\u00e1ndose en m\u00ed como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflej\u00f3, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta a\u00f1os vi en el zagu\u00e1n de una casa en Frey Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidar\u00e9, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un c\u00e1ncer de pecho, vi un c\u00edrculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un \u00e1rbol, vi una quinta de Adrogu\u00e9, un ejemplar de la primera versi\u00f3n inglesa de <i>Plinio<\/i>, la de Philemont Holland, vi a un tiempo cada letra de cada p\u00e1gina (de chico yo sol\u00eda maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el d\u00eda contempor\u00e1neo, vi un poniente en Quer\u00e9taro que parec\u00eda reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terr\u00e1queo entre dos espejos que lo multiplicaban sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osadura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja espa\u00f1ola, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invern\u00e1culo, vi tigres, \u00e9mbolos, bisontes, marejadas y ej\u00e9rcitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un caj\u00f3n del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, incre\u00edbles, precisas, que Beatriz hab\u00eda dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente hab\u00eda sido Beatriz Viterbo, vi la circulaci\u00f3n de mi propia sangre, vi el engranaje del amor y la modificaci\u00f3n de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis v\u00edsceras, vi tu cara, y sent\u00ed v\u00e9rtigo y llor\u00e9, porque mis ojos hab\u00edan visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ning\u00fan hombre ha mirado: el inconcebible universo.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Sent\u00ed infinita veneraci\u00f3n, infinita l\u00e1stima.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014<span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Tarumba habr\u00e1s quedado de tanto curiosear donde no te llaman \u2014dijo una voz aborrecida y jovial\u2014. Aunque te devanes los sesos, no me pagar\u00e1s en un siglo esta revelaci\u00f3n. \u00a1Qu\u00e9 observatorio formidable, che Borges!<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Los pies de Carlos Argentino ocupaban el escal\u00f3n m\u00e1s alto. En la brusca penumbra, acert\u00e9 a levantarme y a balbucear:<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014<span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Formidable. S\u00ed, formidable.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">La indiferencia de mi voz me extra\u00f1\u00f3. Ansioso, Carlos Argentino insist\u00eda:<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014<span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">\u00bfLa viste todo bien, en colores?<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">En ese instante conceb\u00ed mi venganza. Ben\u00e9volo, manifiestamente apiadado, nervioso, evasivo, agradec\u00ed a Carlos Argentino Daneri la hospitalidad de su s\u00f3tano y lo inst\u00e9 a aprovechar la demolici\u00f3n de la casa para alejarse de la perniciosa metr\u00f3poli que a nadie \u00a1cr\u00e9ame, que a nadie! perdona. Me negu\u00e9, con suave energ\u00eda, a discutir el Aleph; lo abrac\u00e9, al despedirme y le repet\u00ed que el campo y la seguridad son dos grandes m\u00e9dicos.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">En la calle, en las escaleras de Constituci\u00f3n, en el subterr\u00e1neo, me parecieron familiares todas las caras. Tem\u00ed que no quedara una sola cosa capaz de sorprenderme, tem\u00ed que no me abandonara jam\u00e1s la impresi\u00f3n de volver. Felizmente, al cabo de unas noches de insomnio me trabaj\u00f3 otra vez el olvido.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"JUSTIFY\">\u00a0***<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Postdata del 1\u00ba de marzo de 1943 . A los seis meses de la demolici\u00f3n del inmueble de la calle Garay, la Editorial Procusto no se dej\u00f3 arredrar por la longitud del considerable poema y lanz\u00f3 al mercado una selecci\u00f3n de \u201ctrozos argentinos\u201d. Huelga repetir lo ocurrido; Carlos Argentino Daneri recibi\u00f3 el Segundo Premio Nacional de Literatura. El primero fue otorgado al doctor Aita; el tercero al doctor Mario Bonfanti; incre\u00edblemente mi obra <i>Los naipes del tah\u00far<\/i> no logr\u00f3 un solo voto. \u00a1Una vez m\u00e1s, triunfaron la incomprensi\u00f3n y la envidia! Hace ya mucho tiempo que no consigo ver a Daneri; los diarios dicen que pronto nos dar\u00e1 otro volumen. Su afortunada pluma (no entorpecida ya por el Aleph) se ha consagrado a versificar los ep\u00edtomes del doctor Acevedo D\u00edaz.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Dos observaciones quiero agregar: una sobre la naturaleza del Aleph; otra, sobre su nombre. \u00c9ste, como es sabido, es el de la primera letra del alfabeto de la lengua sagrada. Su aplicaci\u00f3n al c\u00edrculo de mi historia no parece casual. Para la C\u00e1bala esa letra significa el <i>En Soph<\/i>, la ilimitada y pura divinidad; tambi\u00e9n se dijo que tiene la forma de un hombre que se\u00f1ala el cielo y la tierra, para indicar que el mundo inferior es el espejo y es el mapa del superior; para la Mengenlehre, es el s\u00edmbolo de los n\u00fameros transfinitos, en los que el todo no es mayor que alguna de las partes. Yo querr\u00eda saber: \u00bfEligi\u00f3 Carlos Argentino ese nombre, o lo ley\u00f3, aplicado a otro punto donde convergen todos los puntos, en alguno de los textos innumerables que el Aleph de su casa le revel\u00f3? Por incre\u00edble que parezca yo creo que hay (o que hubo) otro Aleph, yo creo que el Aleph de la calle Garay era un falso Aleph.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">Doy mis razones. Hacia 1867 el capit\u00e1n Burton ejerci\u00f3 en el Brasil el cargo de c\u00f3nsul brit\u00e1nico; en julio de 1942 Pedro Henr\u00edquez Ure\u00f1a descubri\u00f3 en una biblioteca de Santos un manuscrito suyo que versaba sobre el espejo que atribuye el Oriente a Iskandar Zu al-Karnayn, o Alejandro Bicorne de Macedonia. En su cristal se reflejaba el universo entero. Burton menciona otros artificios cong\u00e9neres \u2014la s\u00e9ptuple copa de Kai Josr\u00fa, el espejo que T\u00e1rik Benzeyad encontr\u00f3 en una torre (Las mil y una Noches, 272), el espejo que Luciano de Samosata pudo examinar en la Luna (Historia Verdadera, I, 26), la lanza especular que el primer libro del <i>Satyricon<\/i> de Capella atribuye a J\u00fapiter, el espejo universal de Merl\u00edn, \u201credondo y hueco y semejante a un mundo de vidrio\u201d (<i>The Faerie Queene<\/i>, III, 2, 19)\u2014, y a\u00f1ade estas curiosas palabras: \u201cPero los anteriores (adem\u00e1s del defecto de no existir) son meros instrumentos de \u00f3ptica. Los fieles que concurren a la mezquita de Amr, en el Cairo, saben muy bien que el universo est\u00e1 en el interior de una de las columnas de piedra que rodean el patio central&#8230; Nadie, claro est\u00e1, puede verlo, pero quienes acercan el o\u00eddo a la superficie declaran percibir, al poco tiempo, su atareado rumor&#8230; la mezquita data del siglo VII; las columnas proceden de otros templos de religiones anteisl\u00e1micas, pues como ha escrito Abenjald\u00fan: En las rep\u00fablicas fundadas por n\u00f3madas, es indispensable el concurso de forasteros para todo lo que sea alba\u00f1iler\u00eda\u201d.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">\u00bfExiste ese Aleph en lo \u00edntimo de una piedra? \u00bfLo he visto cuando vi todas las cosas y lo he olvidado? Nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la tr\u00e1gica erosi\u00f3n de los a\u00f1os, los rasgos de Beatriz.<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Para descargarlo en pdf:\u00a0<a title=\"Jorge Luis Borges, &quot;El Aleph&quot;\" href=\"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/Borges-El-Aleph.pdf\">Jorge Luis Borges, \u00abEl Aleph\u00bb<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Edici\u00f3n para el club virtual de lectura \u201cEn las nubes de la ficci\u00f3n\u201d de la Universidad del Pac\u00edfico; febrero de 2013. \u00a0O God, I could be bounded in a nutshell and count myself a King of infinite space.\u00a0Hamlet, II, 2. &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/textos-de-discusion\/jorge-luis-borges-el-aleph\/\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"parent":9,"menu_order":22,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-602","page","type-page","status-publish","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/602","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=602"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/602\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1025,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/602\/revisions\/1025"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/9"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=602"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}