{"id":164,"date":"2012-02-04T23:10:58","date_gmt":"2012-02-04T23:10:58","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/\/?page_id=164"},"modified":"2013-09-27T13:48:20","modified_gmt":"2013-09-27T13:48:20","slug":"jorge-luis-borges-funes-el-memorioso","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/textos-de-discusion\/jorge-luis-borges-funes-el-memorioso\/","title":{"rendered":"Jorge Luis Borges, \u00abFunes el memorioso\u00bb"},"content":{"rendered":"<p align=\"CENTER\">Jorge Luis Borges (1899-1986)<\/p>\n<p align=\"CENTER\"><strong>Funes el memorioso<\/strong><\/p>\n<p align=\"RIGHT\"><span style=\"font-size: x-small;\">Edici\u00f3n para el club virtual de lectura<br \/>\n<\/span><em style=\"font-size: x-small;\">En las nubes de la ficci\u00f3n<br \/>\n<\/em><span style=\"font-size: x-small;\">Universidad del Pac\u00edfico, febrero de 2012<\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Lo recuerdo (yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado, s\u00f3lo un hombre en la tierra tuvo derecho y ese hombre ha muerto) con una oscura pasionaria en la mano, vi\u00e9ndola como nadie la ha visto, aunque la mirara desde el crep\u00fasculo del d\u00eda hasta el de la noche, toda una vida entera. Lo recuerdo, la cara taciturna y aindiada y singularmente remota, detr\u00e1s del cigarrillo. Recuerdo (creo) sus manos afiladas de trenzado. Recuerdo cerca de esas manos un mate, con las armas de la Banda Oriental; recuerdo en la ventana de la casa una estera amarilla, con un vago paisaje lacustre. Recuerdo claramente su voz; la voz pausada, resentida y nasal del orillero antiguo, sin los silbidos italianos de ahora. M\u00e1s de tres veces no lo vi; la \u00faltima, en 1887&#8230; Me parece muy feliz el proyecto de que todos aquellos que lo trataron escriban sobre \u00e9l; mi testimonio ser\u00e1 acaso el m\u00e1s breve y sin duda el m\u00e1s pobre, pero no el menos imparcial del volumen que editar\u00e1n ustedes. Mi deplorable condici\u00f3n de argentino me impedir\u00e1 incurrir en el ditirambo \u2014g\u00e9nero obligatorio en el Uruguay, cuando el tema es un uruguayo. Literato, cajetilla, porte\u00f1o; Funes no dijo esas injuriosas palabras, pero de un modo suficiente me consta que yo representaba para \u00e9l esas desventuras. Pedro Leandro<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Ipuche ha escrito que Funes era un precursor de los superhombres, \u201cun Zarathustra cimarr\u00f3n y vern\u00e1culo\u201d; no lo discuto, pero no hay que olvidar que era tambi\u00e9n un compadrito de Fray Bentos, con ciertas incurables limitaciones.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Mi primer recuerdo de Funes es muy perspicuo. Lo veo en un atardecer de marzo o febrero del a\u00f1o 84. Mi padre, ese a\u00f1o, me hab\u00eda llevado a veranear a Fray Bentos. Yo volv\u00eda con mi primo Bernardo Haedo de la estancia de San Francisco. Volv\u00edamos cantando, a caballo, y \u00e9sa no era la \u00fanica circunstancia de mi felicidad. Despu\u00e9s de un d\u00eda bochornoso, una enorme tormenta color pizarra hab\u00eda escondido el cielo. La alentaba el viento del Sur, ya se enloquec\u00edan los \u00e1rboles; yo ten\u00eda el temor (la esperanza) de que nos sorprendiera en un descampado el agua elemental. Corrimos una especie de carrera con la tormenta. Entramos en un callej\u00f3n que se ahondaba entre dos veredas alt\u00edsimas de ladrillo. Hab\u00eda oscurecido de golpe; o\u00ed r\u00e1pidos y casi secretos pasos en lo alto; alc\u00e9 los ojos y vi un muchacho que corr\u00eda por la estrecha y rota vereda como por una estrecha y rota pared. Recuerdo la bombacha, las alpargatas, recuerdo el cigarrillo en el duro rostro, contra el nubarr\u00f3n ya sin l\u00edmites. Bernardo le grit\u00f3 imprevisiblemente: \u201c\u00bfQu\u00e9 horas son, Ireneo?\u201d. Sin consultar el cielo, sin detenerse, el otro respondi\u00f3: \u201cFaltan cuatro minutos para las ocho, joven Bernardo Juan Francisco\u201d. La voz era aguda, burlona. Yo soy tan distra\u00eddo que el di\u00e1logo que acabo de referir no me hubiera llamado la atenci\u00f3n si no lo hubiera recalcado mi primo, a quien estimulaban (creo) cierto orgullo local, y el deseo de mostrarse indiferente a la r\u00e9plica tripartita del otro.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Me dijo que el muchacho del callej\u00f3n era un tal Ireneo Funes, mentado por algunas rarezas como la de no darse con nadie y la de saber siempre la hora, como un reloj. Agreg\u00f3 que era hijo de una planchadora del pueblo, Mar\u00eda Clementina Funes, y que algunos dec\u00edan que su padre era un m\u00e9dico del saladero, un ingl\u00e9s O&#8217;Connor, y otros un domador o rastreador del departamento del Salto.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Viv\u00eda con su madre, a la vuelta de la quinta de los Laureles. Los a\u00f1os 85 y 86 veraneamos en la ciudad de Montevideo. El 87 volv\u00ed a Fray Bentos. Pregunt\u00e9, como es natural, por todos los conocidos y, finalmente, por el \u201ccronom\u00e9trico Funes\u201d. Me contestaron que lo hab\u00eda volteado un redom\u00f3n en la estancia de San Francisco, y que hab\u00eda quedado tullido, sin esperanza. Recuerdo la impresi\u00f3n de inc\u00f3moda magia que la noticia me produjo: la \u00fanica vez que yo lo vi, ven\u00edamos a caballo de San Francisco y \u00e9l andaba en un lugar alto; el hecho, en boca de mi primo Bernardo, ten\u00eda mucho de sue\u00f1o elaborado con elementos anteriores. Me dijeron que no se mov\u00eda del catre, puestos los ojos en la higuera del fondo o en una telara\u00f1a. En los atardeceres, permit\u00eda que lo sacaran a la ventana. Llevaba la soberbia hasta el punto de simular que era ben\u00e9fico el golpe que lo hab\u00eda fulminado&#8230; Dos veces lo vi atr\u00e1s de la reja, que burdamente recalcaba su condici\u00f3n de eterno prisionero: una, inm\u00f3vil, con los ojos cerrados; otra, inm\u00f3vil tambi\u00e9n, absorto en la contemplaci\u00f3n de un oloroso gajo de santonina. No sin alguna vanagloria yo hab\u00eda iniciado en aquel tiempo el estudio met\u00f3dico del lat\u00edn. Mi valija inclu\u00eda el De viris illustribus de Lhomond, el Thesaurus de Quicherat, los Comentarios de Julio C\u00e9sar y un volumen impar de la Naturalis historia de Plinio, que exced\u00eda (y sigue excediendo) mis m\u00f3dicas virtudes de latinista. Todo se propala en un pueblo chico; Ireneo, en su rancho de las orillas, no tard\u00f3 en enterarse del arribo de esos libros an\u00f3malos. Me dirigi\u00f3 una carta florida y ceremoniosa, en la que recordaba nuestro encuentro, desdichadamente fugaz, \u201cdel d\u00eda 7 de febrero del a\u00f1o 84\u201d, ponderaba los gloriosos servicios que don Gregorio Haedo, mi t\u00edo, finado ese mismo a\u00f1o, \u201chab\u00eda prestado a las dos patrias en la valerosa jornada de Ituzaing\u00f3\u201d, y me solicitaba el pr\u00e9stamo de cualquiera de los vol\u00famenes, acompa\u00f1ado de un diccionario \u201cpara la buena inteligencia del texto original, porque todav\u00eda ignoro el lat\u00edn\u201d. Promet\u00eda devolverlos en buen estado, casi inmediatamente. La letra era perfecta, muy perfilada; la ortograf\u00eda, del tipo que Andr\u00e9s Bello preconiz\u00f3: i por y, f por g. Al principio, tem\u00ed naturalmente una broma. Mis primos me aseguraron que no, que eran cosas de Ireneo. No supe si atribuir a descaro, a ignorancia o a estupidez la idea de que el arduo lat\u00edn no requer\u00eda m\u00e1s instrumento que un diccionario; para desenga\u00f1arlo con plenitud le mand\u00e9 el <em>Gradus ad Parnassum<\/em> de Quicherat y la obra de Plinio.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">El 14 de febrero me telegrafiaron de Buenos Aires que volviera inmediatamente, porque mi padre no estaba \u201cnada bien\u201d. Dios me perdone; el prestigio de ser el destinatario de un telegrama urgente, el deseo de comunicar a todo Fray Bentos la contradicci\u00f3n entre la forma negativa de la noticia y el perentorio adverbio, la tentaci\u00f3n de dramatizar mi dolor, fingiendo un viril estoicismo, tal vez me distrajeron de toda posibilidad de dolor. Al hacer la valija, not\u00e9 que me faltaban el Gradus y el primer tomo de la Naturalis historia. El \u201cSaturno\u201d zarpaba al d\u00eda siguiente, por la ma\u00f1ana; esa noche, despu\u00e9s de cenar, me encamin\u00e9 a casa de Funes. Me asombr\u00f3 que la noche fuera no menos pesada que el d\u00eda. En el decente rancho, la madre de Funes me recibi\u00f3. Me dijo que Ireneo estaba en la pieza del fondo y que no me extra\u00f1ara encontrarla a oscuras, porque ireneo sab\u00eda pasarse las horas muertas sin encender la vela. Atraves\u00e9 el patio de baldosa, el corredorcito; llegu\u00e9 al segundo patio. Hab\u00eda una parra; la oscuridad pudo parecerme total. O\u00ed de pronto la alta y burlona voz de Ireneo. Esa voz hablaba en lat\u00edn; esa voz (que ven\u00eda de la tiniebla) articulaba con moroso deleite un discurso o plegaria o incantaci\u00f3n. Resonaron las s\u00edlabas romanas en el patio de tierra; mi temor las cre\u00eda indescifrables, interminables; despu\u00e9s, en el enorme di\u00e1logo de esa noche, supe que formaban el primer p\u00e1rrafo del cap\u00edtulo xxiv del libro vii de la <em>Naturalis historia<\/em>. La materia de ese cap\u00edtulo es la memoria; las palabras \u00faltimas fueron <em>ut nihil non iisdern verbis redderetur aud\u00edturn<\/em>.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Sin el menor cambio de voz, Ireneo me dijo que pasara. Estaba en el catre, fumando. Me parece que no le vi la cara hasta el alba; creo rememorar el ascua moment\u00e1nea del cigarrillo. La pieza ol\u00eda vagamente a humedad. Me sent\u00e9; repet\u00ed la historia del telegrama y de la enfermedad de mi padre. Arribo, ahora, al m\u00e1s dif\u00edcil punto de mi relato. \u00c9ste (bueno es que ya lo sepa el lector) no tiene otro argumento que ese di\u00e1logo de hace ya medio siglo. No tratar\u00e9 de reproducir sus palabras, irrecuperables ahora. Prefiero resumir con veracidad las muchas cosas que me dijo Ireneo. El estilo indirecto es remoto y d\u00e9bil; yo s\u00e9 que sacrifico la eficacia de mi relato; que mis lectores se imaginen los entrecortados per\u00edodos que me abrumaron esa noche.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Ireneo empez\u00f3 por enumerar, en lat\u00edn y espa\u00f1ol, los casos de memoria prodigiosa registrados por la <em>Naturalis historia<\/em>: Ciro, rey de los persas, que sab\u00eda llamar por su nombre a todos los soldados de sus ej\u00e9rcitos; Mitr\u00eddates Eupator, que administraba la justicia en los veintid\u00f3s idiomas de su imperio; Sim\u00f3nides, inventor de la mnemotecnia; Metrodoro, que profesaba el arte de repetir con fidelidad lo escuchado una sola vez. Con evidente buena fe se maravill\u00f3 de que tales casos maravillaran. Me dijo que antes de esa tarde lluviosa en que lo volte\u00f3 el azulejo, \u00e9l hab\u00eda sido lo que son todos los cristianos: un ciego, un sordo, un abombado, un desmemoriado. (Trat\u00e9 de recordarle su percepci\u00f3n exacta del tiempo, su memoria de nombres propios; no me hizo caso.) Diecinueve a\u00f1os hab\u00eda vivido como quien sue\u00f1a: miraba sin ver, o\u00eda sin o\u00edr, se olvidaba de todo, de casi todo. Al caer, perdi\u00f3 el conocimiento; cuando lo recobr\u00f3, el presente era casi intolerable de tan rico y tan n\u00edtido, y tambi\u00e9n las memorias m\u00e1s antiguas y m\u00e1s triviales. Poco despu\u00e9s averigu\u00f3 que estaba tullido. El hecho apenas le interes\u00f3. Razon\u00f3 (sinti\u00f3) que la inmovilidad era un precio m\u00ednimo. Ahora su percepci\u00f3n y su memoria eran infalibles.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Nosotros, de un vistazo, percibimos tres copas en una mesa; Funes, todos los v\u00e1stagos y racimos y frutos que comprende una parra. Sab\u00eda las formas de las nubes australes del amanecer del 30 de abril de 1882 y pod\u00eda compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta espa\u00f1ola que s\u00f3lo hab\u00eda mirado una vez y con las l\u00edneas de la espuma que un remo levant\u00f3 en el R\u00edo Negro la v\u00edspera de la acci\u00f3n del Quebracho. Esos recuerdos no eran simples; cada imagen visual estaba ligada a sensaciones musculares, t\u00e9rmicas, etc\u00e9tera. Pod\u00eda reconstruir todos los sue\u00f1os, todos los entre sue\u00f1os.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Dos o tres veces hab\u00eda reconstruido un d\u00eda entero; no hab\u00eda dudado nunca, pero cada reconstrucci\u00f3n hab\u00eda requerido un d\u00eda entero. Me dijo: \u201cM\u00e1s recuerdos tengo yo solo que los que habr\u00e1n tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo\u201d. Y tambi\u00e9n: \u201cMis sue\u00f1os son como la vigilia de ustedes\u201d. Y tambi\u00e9n, hacia el alba: \u201cMi memoria, se\u00f1or, es como vaciadero de basuras\u201d. Una circunferencia en un pizarr\u00f3n, un tri\u00e1ngulo rect\u00e1ngulo, un rombo, son formas que podemos intuir plenamente; lo mismo le pasaba a Ireneo con las aborrascadas crines de un potro, con una punta de ganado en una cuchilla, con el fuego cambiante y con la innumerable ceniza, con las muchas caras de un muerto en un largo velorio. No s\u00e9 cu\u00e1ntas estrellas ve\u00eda en el cielo. Esas cosas me dijo; ni entonces ni despu\u00e9s las he puesto en duda. En aquel tiempo no hab\u00eda cinemat\u00f3grafos ni fon\u00f3grafos; es, sin embargo, inveros\u00edmil y hasta incre\u00edble que nadie hiciera un experimento con Funes. Lo cierto es que vivimos postergando todo lo postergable; tal vez todos sabemos profundamente que somos inmortales y que tarde o temprano, todo hombre har\u00e1 todas las cosas y sabr\u00e1 todo. La voz de Funes, desde la oscuridad, segu\u00eda hablando. Me dijo que hacia 1886 hab\u00eda discurrido un sistema original de numeraci\u00f3n y que en muy pocos d\u00edas hab\u00eda rebasado el veinticuatro mil. No lo hab\u00eda escrito, porque lo pensado una sola vez ya no pod\u00eda borr\u00e1rsele.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Su primer est\u00edmulo, creo, fue el desagrado de que los treinta y tres orientales requirieran dos signos y tres palabras, en lugar de una sola palabra y un solo signo. Aplic\u00f3 luego ese disparatado principio a los otros n\u00fameros. En lugar de siete mil trece, dec\u00eda (por ejemplo) M\u00e1ximo P\u00e9rez; en lugar de siete mil catorce, El Ferrocarril; otros n\u00fameros eran Luis Meli\u00e1n Lafinur, Olimar, azufre, los bastos, la ballena, el gas, la caldera, Napol\u00e9on, Agust\u00edn de Ved\u00eda. En lugar de quinientos, dec\u00eda nueve. Cada palabra ten\u00eda un signo particular, una especie de marca; las \u00faltimas eran muy complicadas&#8230; Yo trat\u00e9 de explicarle que esa rapsodia de voces inconexas era precisamente lo contrario de un sistema de numeraci\u00f3n. Le dije que decir 365 era decir tres centenas, seis decenas, cinco unidades: an\u00e1lisis que no existe en los \u201cn\u00fameros\u201d El Negro Timoteo o manta de carne. Funes no me entendi\u00f3 o no quiso entenderme. Locke, en el siglo xvii, postul\u00f3 (y reprob\u00f3) un idioma imposible en el que cada cosa individual, cada piedra, cada p\u00e1jaro y cada rama tuviera un nombre propio; Funes proyect\u00f3 alguna vez un idioma an\u00e1logo, pero lo desech\u00f3 por parecerle demasiado general, demasiado ambiguo. En efecto, Funes no s\u00f3lo recordaba cada hoja de cada \u00e1rbol de cada monte, sino cada una de las veces que la hab\u00eda percibido o imaginado. Resolvi\u00f3 reducir cada una de sus jornadas pret\u00e9ritas a unos setenta mil recuerdos, que definir\u00eda luego por cifras. Lo disuadieron dos consideraciones: la conciencia de que la tarea era interminable, la conciencia de que era in\u00fatil. Pens\u00f3 que en la hora de la muerte no habr\u00eda acabado a\u00fan de clasificar todos los recuerdos de la ni\u00f1ez. Los dos proyectos que he indicado (un vocabulario infinito para la serie natural de los n\u00fameros, un in\u00fatil cat\u00e1logo mental de todas las im\u00e1genes del recuerdo) son insensatos, pero revelan cierta balbuciente grandeza. Nos dejan vislumbrar o infer\u00edr el vertiginoso mundo de Funes. \u00c9ste, no lo olvidemos, era casi incapaz de ideas generales, plat\u00f3nicas. No s\u00f3lo le costaba comprender que el s\u00edmbolo gen\u00e9rico perro abarcara tantos individuos dispares de diversos tama\u00f1os y diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente). Su propia cara en el espejo, sus propias manos, lo sorprend\u00edan cada vez. Refiere Swift que el emperador de Lilliput discern\u00eda el movimiento del minutero; Funes discern\u00eda continuamente los tranquilos avances de la corrupci\u00f3n, de las caries, de la fatiga. Notaba los progresos de la muerte, de la humedad. Era el solitario y l\u00facido espectador de un mundo multiforme, instant\u00e1neo y casi intolerablemente preciso. Babilonia, Londres y Nueva York han abrumado con feroz esplendor la imaginaci\u00f3n de los hombres; nadie, en sus torres populosas o en sus avenidas urgentes, ha sentido el calor y la presi\u00f3n de una realidad tan infatigable como la que d\u00eda y noche converg\u00eda sobre el infeliz Ireneo, en su pobre arrabal sudamericano. Le era muy dif\u00edcil dormir. Dormir es distraerse del mundo; Funes, de espaldas en el catre, en la sombra, se figuraba cada grieta y cada moldura de las casas precisas que lo rodeaban. (Repito que el menos importante de sus recuerdos era m\u00e1s minucioso y m\u00e1s vivo que nuestra percepci\u00f3n de un goce f\u00edsico o de un tormento f\u00edsico.) Hacia el Este, en un trecho no amanzanado, hab\u00eda casas nuevas, desconocidas. Funes las imaginaba negras, compactas, hechas de tiniebla homog\u00e9nea; en esa direcci\u00f3n volv\u00eda la cara para dormir. Tambi\u00e9n sol\u00eda imaginarse en el fondo del r\u00edo, mecido y anulado por la corriente. Hab\u00eda aprendido sin esfuerzo el ingl\u00e9s, el franc\u00e9s, el portugu\u00e9s, el lat\u00edn. Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no hab\u00eda sino detalles, casi inmediatos. La recelosa claridad de la madrugada entr\u00f3 por el patio de tierra.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Entonces vi la cara de la voz que toda la noche hab\u00eda hablado. Ireneo ten\u00eda diecinueve a\u00f1os; hab\u00eda nacido en 1868; me pareci\u00f3 monumental como el bronce, m\u00e1s antiguo que Egipto, anterior a las profec\u00edas y a las pir\u00e1mides. Pens\u00e9 que cada una de mis palabras (que cada uno de mis gestos) perdurar\u00eda en su implacable memoria; me entorpeci\u00f3 el temor de multiplicar ademanes in\u00fatiles.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Ireneo Funes muri\u00f3 en 1889, de una congesti\u00f3n pulmonar.<\/p>\n<p align=\"CENTER\">* * *<\/p>\n<p align=\"RIGHT\"><span style=\"color: #808080;\">Tomado de <a href=\"http:\/\/www.filosofia.eikasia.es\/...\/Borges-Funes%20el%20memorioso.pdf\"><span style=\"color: #808080;\">www.filosofia.eikasia.es\/&#8230;\/Borges-Funes%20el%20memorioso.pdf<br \/>\n<\/span><\/a>\u00a0Si prefieres descargarlo en PDF:\u00a0<a href=\"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/Borges-Funes-el-memorioso.pdf\"><span style=\"color: #808080;\">Jorge Luis Borges, \u00abFunes el memorioso\u00bb<\/span><\/a><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jorge Luis Borges (1899-1986) Funes el memorioso Edici\u00f3n para el club virtual de lectura En las nubes de la ficci\u00f3n Universidad del Pac\u00edfico, febrero de 2012 Lo recuerdo (yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado, s\u00f3lo un hombre &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/textos-de-discusion\/jorge-luis-borges-funes-el-memorioso\/\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"parent":9,"menu_order":22,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-164","page","type-page","status-publish","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/164","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=164"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/164\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1004,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/164\/revisions\/1004"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/9"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=164"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}