{"id":1246,"date":"2014-06-06T02:45:45","date_gmt":"2014-06-06T02:45:45","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/\/?page_id=1246"},"modified":"2014-06-06T03:18:34","modified_gmt":"2014-06-06T03:18:34","slug":"arturo-d-hernandez-la-casa-del-diablo","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/textos-de-discusion\/arturo-d-hernandez-la-casa-del-diablo\/","title":{"rendered":"Arturo D. Hern\u00e1ndez, \u00abLa Casa del Diablo\u00bb"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">Arturo D. Hern\u00e1ndez \u00a0(1903-1970)<\/p>\n<h1 style=\"text-align: center;\"><strong>La Casa del Diablo<\/strong><\/h1>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><span style=\"color: #808080;\">Edici\u00f3n para el club virtual de lectura<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #808080;\"><em>En las nubes de la ficci\u00f3n<\/em><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #808080;\">Universidad del Pac\u00edfico, junio de 2014<\/span><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: justify;\"><\/h6>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014El viaje es de lo m\u00e1s simple y placentero \u2014me hab\u00eda dicho el alcalde de Catalina con optimismo irresistible\u2014. Todo es de bajada. Toma usted el centro del r\u00edo y empieza a silbar la canci\u00f3n que m\u00e1s le agrade. La fuerte corriente se encarga de conducirle sin que de su parte tenga que hacer el menor esfuerzo. Pernocta en Angeloyuc y al d\u00eda siguiente sale al Ucayali.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Qued\u00e9 convencido. Emprend\u00ed de inmediato viaje hacia Tierrablanca. Iba solitario en una canoa a causa de que nadie quiso acompa\u00f1arme: el pueblo estaba en v\u00edsperas de la fiesta patronal y ninguna persona se hallaba dispuesta a perder los d\u00edas de alegr\u00eda desbordante que inclu\u00edan villancicos, procesiones, jaranas y borracheras, alimentaci\u00f3n abundante y gratuita a costa de los buenos cabezones, esas personas devotas, notables del lugar, que se suceden todos los a\u00f1os para sufragar los gastos de la celebraci\u00f3n. Catalina era el \u00fanico pueblo del llano amaz\u00f3nico sujeto a las costumbres impuestas por los antiguos misioneros que la fundaron hace tres siglos, y discurre su aislamiento secular en un paraje situado en la gran llanura apenas explorada que separa los r\u00edos Huallaga y Ucayali.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Anocheci\u00f3. Las sombras proyectadas por la exuberante vegetaci\u00f3n que margina las orillas, dejaban una angosta faja de p\u00e1lida claridad, reflejo de un cielo plomizo, que marcaba el centro del r\u00edo, camino m\u00f3vil que me conduc\u00eda a mi destino. Pasaron las horas. Al filo de la media noche, tras un recodo, se perfil\u00f3 el borroso contorno de una casa. Cre\u00ed haber llegado a Angeloyuc.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Atraqu\u00e9. All\u00ed no hab\u00eda el menor vestigio que indicara el paso del hombre. Lo m\u00e1s transitado en esos apartados y solitarios puestos gomeros, a lo largo de las v\u00edas fluviales, es precisamente el puerto. Por all\u00ed se intercambian las comunicaciones, el contacto con el mundo exterior, toda la actividad de los ribere\u00f1os. Salt\u00e9 a tierra y sufr\u00ed la influencia de algo indescriptible que crisp\u00f3 mis nervios y ofusc\u00f3 un tanto mi entendimiento. Sin embargo, all\u00ed nada hab\u00eda que justificara el fen\u00f3meno. Mas, como ten\u00eda que pasar el resto de la noche en ese lugar o aventurarme adelante donde el r\u00edo se precipitaba en grandes remolinos y las canoas naufragaban en la obscuridad, opt\u00e9 por quedarme. \u00a1Tantas veces hab\u00eda pernoctado en lugares abandonados! No ten\u00eda otra alternativa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sub\u00ed. Bajo la difusa claridad de una noche sin estrellas se abr\u00eda un patio cubierto de plantas rastreras en cuyo extremo se levantaba una casa asfixiada por lianas. Mi cuerpo empez\u00f3 a crecer, a expandirse, a expandirse&#8230; Ten\u00eda la impresi\u00f3n de que unos ojos inmensos me miraban desde la espesura, sugestivamente quieta y silenciosa, un silencio que aterraba. Toda manifestaci\u00f3n de vida parec\u00eda haberse extinguido. El canto, el arrullo, el rumor, la algarab\u00eda, es decir las voces de la selva, estaban enmudecidas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s, fue as\u00ed como sumirse en un estado let\u00e1rgico. Hab\u00eda penetrado peligrosamente bajo la noche en el misterio de ese mundo primitivo en que todo es posible. El patio, en metamorfosis inexplicable, se torn\u00f3 limpio, la casa acogedora. Sub\u00ed los escalones rechinantes, avanc\u00e9 por la plataforma abierta que dejaba entrever la negra entra\u00f1a de la jungla, y segu\u00ed hacia la habitaci\u00f3n que se ve\u00eda en el fondo. Mis pasos resonaban l\u00fagubres. La habitaci\u00f3n carec\u00eda de puerta y en el interior se proyectaba una tarima adosada a la pared. Alumbrado por un cabo de vela, como un aut\u00f3mata, me dispuse a preparar mi lecho: gruesa manta a manera de colch\u00f3n y mosquitero de gasa transparente. Todo lo llevaba en una bolsa de viaje engomada. El hilo de mis ideas se esforzaba en romper la fuerza que le aprisionaba y las im\u00e1genes hu\u00edan inaccesibles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cuanto me hube acostado apagu\u00e9 la vela con el vago prop\u00f3sito de dormir el resto de la noche. De pronto se escucharon pasos lentos y pesados como los de un robot que sub\u00eda. Sigui\u00f3 avanzando por el piso crujiente, vi un cuerpo monstruoso, informe, cubriendo el vano de la puerta de entrada&#8230; \u00a1y penetr\u00f3 en el interior! El peligro retorn\u00f3 mis facultades, pero estaba paralizado por el terror. Mas, cuando ese enorme bulto lleg\u00f3 hasta el lecho y levant\u00f3 el mosquitero proyectando su cabeza espectral en la densa penumbra, pegu\u00e9 un grito y extend\u00ed el brazo buscando, en un impulso instintivo, la caja de f\u00f3sforos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Debo aclarar que tengo la mala costumbre de no saber d\u00f3nde pongo las cosas. Hasta hoy nunca he podido sustraerme al empleo de gran parte de mi tiempo buscando lo que puse en alguna parte. Pero en aquella noche mis manos cayeron providencialmente sobre la caja de f\u00f3sforos. Tal vez fue un segundo el empleado en prender un palillo. Se proyect\u00f3 la luz, y al instante el mosquitero levantado cay\u00f3 sobre el lecho. Lentamente, sin precipitarse, como quien tratara de acabar con su v\u00edctima por el terror, ese ser monstruoso empez\u00f3 a retroceder. Sus pisadas resonaron en el piso y bajaron la escalera. En tanto, al borde de la locura, hab\u00eda yo logrado prender el cabo de vela.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estoy seguro que en cualquier otra parte del mundo habr\u00eda seguido al monstruo \u2014o lo que fuese\u2014 armado del machete que llevaba, listo para el ataque. El terror me hubiese dado fuerzas para enfrentarme al peligro con ese impulso racional que nos lanza a desenmascarar todo aquello que se presenta bajo el aspecto de lo sobrenatural. Pero en esas soledades donde uno nace y vive bajo el imperio de supersticiones e influencias primitivas, y la realidad se deforma por el contagio de la magia y el mito, me encontraba aplastado, ag\u00f3nico, pendiente del cabo de vela que chisporroteaba acort\u00e1ndose con rapidez pavorosa; y, como un condenado a muerte, contaba los minutos, los segundos esperando que el cabo de vela se agotara, con la certeza de que ese vestigio infernal har\u00eda su nueva aparici\u00f3n. Apenas quedaban unos cent\u00edmetros&#8230; no pude m\u00e1s y lo apagu\u00e9 para tenerlo como reserva vital. Mas al momento los fat\u00eddicos pasos volvieron a resonar en la escalera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No esper\u00e9 m\u00e1s; con mano temblorosa volv\u00ed a prender el cabito. Las pisadas retrocedieron hundi\u00e9ndose en el silencio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la mirada en la luz, esperaba el instante cr\u00edtico de su extinci\u00f3n que me sumir\u00eda en las tinieblas, el p\u00e1nico y la locura. En el fondo del silencio los latidos de mi coraz\u00f3n repercut\u00edan violentos, amortiguados. Como una evocaci\u00f3n lejana desprendida de las p\u00e1ginas le\u00eddas, reproduje en mi memoria el cuadro del condenado en el cadalso, con el sacerdote prodig\u00e1ndole el consuelo de la religi\u00f3n. Recordaba la horca, el reo encogido, la soga ajust\u00e1ndose a su cuello&#8230; La luz se mitig\u00f3. La mecha pugnaba por seguir ardiendo en una manchita l\u00edquida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al borde de la locura me arroj\u00e9 del lecho precipit\u00e1ndome afuera. En la plataforma exterior reinaba la claridad del amanecer. Sobre el recodo del r\u00edo brot\u00f3 la primera part\u00edcula de luz en el preciso instante en que la mechita se apagaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ante mis ojos absortos todo se transform\u00f3. La casa, ahogada en lianas, se manten\u00eda milagrosamente en pie, los pisos sosten\u00edan apenas y las plantas rastreras cubr\u00edan el patio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me embarqu\u00e9 apresuradamente y, luego de atravesar tres o cuatro meandros de r\u00edo, divis\u00e9 varias canoas atracadas en la orilla. Era la indicaci\u00f3n m\u00e1s segura de que el interior estaba habitado. Sub\u00ed. Atravesando un macizo de \u00e1rboles el caminillo me condujo a un peque\u00f1o fundo. Del techo plomizo de la casa se levantaban densas columnas de humo. Los perros ladraban y el propietaro, a quien conoc\u00eda, vino a mi encuentro exclamando asombrado:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1Por Dios, qu\u00e9 cara de difunto trae usted! \u00bfDe d\u00f3nde viene tan temprano?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014De Angeloyuc&#8230; all\u00e1 arriba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Esto es Angeloyuc. La casa de arriba fue abandonada hace muchos a\u00f1os. \u00a1Todos los que entraron en la Casa del Diablo no volvieron a salir m\u00e1s!<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">versi\u00f3n pdf<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Arturo D. Hern\u00e1ndez \u00a0(1903-1970) La Casa del Diablo Edici\u00f3n para el club virtual de lectura En las nubes de la ficci\u00f3n Universidad del Pac\u00edfico, junio de 2014 \u2014El viaje es de lo m\u00e1s simple y placentero \u2014me hab\u00eda dicho el &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/textos-de-discusion\/arturo-d-hernandez-la-casa-del-diablo\/\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"parent":9,"menu_order":30,"comment_status":"open","ping_status":"open","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-1246","page","type-page","status-publish","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/1246","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1246"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/1246\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1248,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/1246\/revisions\/1248"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/9"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1246"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}