{"id":1167,"date":"2014-04-18T03:36:58","date_gmt":"2014-04-18T03:36:58","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/\/?page_id=1167"},"modified":"2014-04-18T04:06:41","modified_gmt":"2014-04-18T04:06:41","slug":"albert-camus-los-mudos","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/textos-de-discusion\/albert-camus-los-mudos\/","title":{"rendered":"Albert Camus, \u00abLos mudos\u00bb"},"content":{"rendered":"<p align=\"CENTER\"><span>Albert Camus (1913-1960)<\/span><\/p>\n<p align=\"CENTER\"><span style=\"font-size: x-large;\"><b>Los mudos<\/b><\/span><\/p>\n<h6 align=\"RIGHT\"><span style=\"font-size: small; color: #c0c0c0;\">Edici\u00f3n para el club virtual de lectura <i>En las nubes de la ficci\u00f3n<\/i>. Universidad del Pac\u00edfico, abril de 2014.<\/span><\/h6>\n<p align=\"JUSTIFY\">Era el pleno invierno y, sin embargo, se anunciaba una ma\u00f1ana radiante en la ciudad ya activa. En el extremo de la escollera, el mar y el cielo se confund\u00edan en un mismo resplandor. No obstante, Yvars no los ve\u00eda. Iba desliz\u00e1ndose pesadamente por las avenidas del puerto. Su pierna enferma descansaba sobre el pedal fijo de la bicicleta, mientras la otra se esforzaba en vencer los adoquines, a\u00fan mojados por la humedad nocturna. Sin levantar la cabeza, inclinado en el asiento, evitaba los rieles del viejo tranv\u00eda, se hac\u00eda bruscamente a un costado para dejar paso a los autom\u00f3viles que se le adelantaban y, de cuando en cuando, con el codo echaba hacia atr\u00e1s, sobre sus ri\u00f1ones, el morral en el que Fernande hab\u00eda colocado el almuerzo. Pensaba entonces amargamente en el contenido del morral. Entre las dos gruesas tajadas de pan, en lugar de la tortilla a la espa\u00f1ola que a \u00e9l le gustaba o la chuleta frita, no hab\u00eda m\u00e1s que un trozo de queso.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Nunca le hab\u00eda parecido tan largo el camino hasta el taller. Es que tambi\u00e9n estaba envejeciendo. A los cuarenta a\u00f1os, y aunque hubiera permanecido seco como un sarmiento de vi\u00f1a, los m\u00fasculos no entran en calor tan r\u00e1pidamente. A veces, al leer las cr\u00f3nicas deportivas, en las que se llamaba veterano a un atleta de treinta a\u00f1os, se encog\u00eda de hombros. \u201c\u00a1Si este es un veterano! \u2014dec\u00eda a Fernande\u2014, yo ya soy un carcamal\u201d. A los treinta a\u00f1os la respiraci\u00f3n ya comienza imperceptiblemente a fallar. A los cuarenta no se es un carcamal, no, pero ya se est\u00e1 preparando uno a serlo desde lejos, con un poco de anticipaci\u00f3n. \u00bfNo ser\u00eda por eso por lo que desde hac\u00eda tanto tiempo ya no miraba el mar durante el trayecto que hac\u00eda hasta el otro extremo de la ciudad, donde estaba la f\u00e1brica de toneles? Cuando ten\u00eda veinte a\u00f1os no se cansaba de contemplarlo; el mar le promet\u00eda un fin de semana feliz en la playa. A pesar de su cojera, o precisamente a causa de ella, siempre le hab\u00eda gustado la nataci\u00f3n. Luego pasaron los a\u00f1os, se cas\u00f3 con Fernande, naci\u00f3 el chico y para vivir deb\u00eda trabajar horas suplementarias en la toneler\u00eda los s\u00e1bados, en casas particulares los domingos, o bien jugaba al billar. Poco a poco hab\u00eda perdido la costumbre de aquellas jornadas violentas que lo reanimaban: el agua profunda y clara, el sol fuerte, las muchachas, la vida f\u00edsica. No hab\u00eda otra clase de felicidad en aquel lugar. Y esa felicidad pasaba con la juventud. A Yvars continuaba gust\u00e1ndole el mar, pero solo al caer el d\u00eda, cuando las aguas de la bah\u00eda se oscurec\u00edan un poco. Era apacible y agradable el momento que pasaba en la terraza de su casa, donde se sentaba despu\u00e9s del trabajo, contento, con la camisa limpia que Fernande sab\u00eda planchar tan bien y con el vasito de an\u00eds coronado de vaho. Entonces ca\u00eda la tarde, una suavidad breve aparec\u00eda en el cielo y los vecinos que hablaban con Yvars bajaban de pronto la voz. En tales momentos \u00e9l no sab\u00eda si era feliz o si ten\u00eda ganas de llorar. Por lo menos estaba seguro de que no hab\u00eda otra cosa que hacer sino esperar, blandamente, sin saber demasiado qu\u00e9.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Por las ma\u00f1anas en que iba al trabajo, en cambio, ya no le gustaba mirar el mar, siempre fiel a la cita, y que solo volver\u00eda a ver por la tarde. Aquella ma\u00f1ana se deslizaba en la bicicleta, con la cabeza gacha, m\u00e1s pesadamente a\u00fan que de costumbre; el coraz\u00f3n tambi\u00e9n le pesaba. La noche anterior, cuando volvi\u00f3 de la reuni\u00f3n y anunci\u00f3 a Fernande que tornar\u00edan al trabajo, ella hab\u00eda dicho alegre:<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Entonces, \u00bfel patr\u00f3n les aumenta?<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">El patr\u00f3n no les aumentaba nada; la huelga hab\u00eda fracasado. Deb\u00edan reconocer que no hab\u00edan llevado con mucho tino el asunto. Era una huelga suscitada por la rabia y el sindicato hab\u00eda tenido raz\u00f3n en apoyarlos tibiamente. Por lo dem\u00e1s, quince obreros no eran gran cosa; el sindicato ten\u00eda en cuenta el caso de otras f\u00e1bricas de toneles que no marchaban. No se les pod\u00eda reprochar demasiado. La industria tonelera, amenazada por la construcci\u00f3n de barcos y de camiones cisternas no era por cierto floreciente. Cada vez se hac\u00edan menos barriles y pipas; sobre todo, se separaban las grandes cubas que ya exist\u00edan. Los patrones ve\u00edan comprometidos sus negocios, es verdad, pero as\u00ed y todo quer\u00edan conservar un margen de beneficios, y lo m\u00e1s sencillo les parec\u00eda mantener los salarios a pesar de que los precios se elevaban continuamente. \u00bfQu\u00e9 pod\u00edan hacer los toneleros, cuando su industria desaparec\u00eda? Uno no cambia de oficio cuando se ha tomado el trabajo de aprenderlo; ese era dif\u00edcil y exig\u00eda un largo aprendizaje. El buen tonelero, el que ajusta herm\u00e9ticamente las duelas curvas y las aprieta al fuego y con el cincho de hierro, sin utilizar estopa ni rafia es raro. Yvars lo sab\u00eda y estaba orgulloso de ser uno de ellos. Cambiar de oficio no es nada, pero renunciar a lo que uno sabe, a su maestr\u00eda, no es f\u00e1cil. Era un hermoso oficio sin empleo. Estaban aviados y hab\u00eda que resignarse. Pero tampoco la resignaci\u00f3n era f\u00e1cil; era dif\u00edcil mantener la boca cerrada, no poder realmente discutir y hacer el mismo camino todas las ma\u00f1anas con un cansancio que va acumul\u00e1ndose para recibir, al terminar la semana, solo lo que le quieren dar a uno y cada vez alcanza menos para comprar cosas.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Entonces se hab\u00edan encolerizado. Hab\u00eda uno o dos que vacilaban; pero tambi\u00e9n a ellos los hab\u00eda ganado la c\u00f3lera despu\u00e9s de las primeras discusiones con el patr\u00f3n. Este, en efecto, hab\u00eda dicho con tono seco que era cuesti\u00f3n de aceptar lo que \u00e9l daba o de irse. Un hombre no habla as\u00ed.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014\u00bfQu\u00e9 se cree ese? \u2014hab\u00eda dicho Esp\u00f3sito\u2014. \u00bfQue vamos a bajarnos los pantalones?<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Por lo dem\u00e1s, el patr\u00f3n no era un mal hombre. Hab\u00eda heredado el negocio del padre y crecido en el taller, de manera que conoc\u00eda desde hac\u00eda a\u00f1os a casi todos los obreros. A veces les invitaba refrigerios en la toneler\u00eda; asaban sardinas o morcillas en el fuego de virutas y corr\u00eda el vinillo. En verdad era muy amable. Para A\u00f1o Nuevo siempre regalaba cinco botellas de vino a cada obrero y, a menudo, cuando entre ellos hab\u00eda alg\u00fan enfermo o sencillamente se produc\u00eda un acontecimiento, casamiento o comuni\u00f3n, les hac\u00eda un presente en dinero. Cuando le naci\u00f3 la hija, hubo confites para todo el mundo. Dos o tres veces hab\u00eda invitado a Yvars a cazar en su finca del litoral. Sin duda quer\u00eda mucho a sus obreros y con frecuencia recordaba que el padre hab\u00eda comenzado como aprendiz. Pero nunca hab\u00eda ido a visitarlos en sus casas, no se daba cuenta. Solo pensaba en \u00e9l mismo, porque no conoc\u00eda otra cosa. Y ahora era cuesti\u00f3n de aceptar o de irse. Dicho de otra manera, tambi\u00e9n \u00e9l se hab\u00eda obstinado, solo que \u00e9l pod\u00eda permit\u00edrselo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">En el sindicato hab\u00edan forzado las cosas y el taller cerr\u00f3 las puertas.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014No se afanen demasiado con la huelga \u2014hab\u00eda dicho el patr\u00f3n\u2014. Cuando el taller no trabaja hago econom\u00edas.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">No era cierto, pero eso no hab\u00eda arreglado las cosas, puesto que \u00e9l les dec\u00eda en plena cara que les daba trabajo por caridad. Esp\u00f3sito se hab\u00eda puesto loco de rabia y le hab\u00eda dicho que no era un hombre. El otro ten\u00eda la sangre caliente; hubo que separarlos. Pero los obreros hab\u00edan quedado impresionados. Veinte d\u00edas de huelga, las mujeres tristes en la casa, dos o tres de ellos desalentados y, para terminar, el sindicato hab\u00eda aconsejado ceder, con la promesa de un arbitraje y de una recuperaci\u00f3n de los d\u00edas de huelga con horas suplementarias. Hab\u00edan decidido volver al trabajo; claro est\u00e1 que echando bravatas, diciendo que a\u00fan el asunto no hab\u00eda terminado, que iba a reverse. Pero aquella ma\u00f1ana, un cansancio que se parec\u00eda al peso \u2014de la derrota, el queso en lugar de la carne; no, ya no era posible la ilusi\u00f3n. El sol pod\u00eda brillar todo lo que quisiera, pero el mar ya no le promet\u00eda nada. A Yvars, inclinado sobre su \u00fanico pedal m\u00f3vil, le parec\u00eda que envejec\u00eda un poco m\u00e1s a cada calle que pasaba. No pod\u00eda pensar en el taller, en los camaradas y en el patr\u00f3n que iba a volver a ver, sin sentir en el coraz\u00f3n un peso cada vez mayor. Fernande se hab\u00eda inquietado.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014\u00bfUstedes qu\u00e9 van a decir?<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Nada.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Yvars hab\u00eda montado en la bicicleta y meneado la cabeza. Hab\u00eda apretado los dientes y era cerrada la expresi\u00f3n de carita oscura y arrugada, de finos rasgos.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Trabajamos. Eso basta.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Ahora se deslizaba en la bicicleta, con los dientes siempre apretados y una c\u00f3lera triste y seca que lo ensombrec\u00eda todo, hasta el cielo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Abandon\u00f3 el bulevar y se meti\u00f3 por las calles h\u00famedas del viejo barrio espa\u00f1ol. Desembocaban en una zona ocupada solo por cocheras, dep\u00f3sitos de hierro y garajes, que era donde se levantaba el taller: una especie de galp\u00f3n con paredes de mamposter\u00eda hasta la mitad de su altura, que luego se prolongaban con vidrios hasta el techo de chapa acanalada. El taller daba a la antigua f\u00e1brica de toneles, un espacio amplio, rodeado de viejos patios de monasterios, que hab\u00edan abandonado cuando la empresa creci\u00f3, y que ahora no era m\u00e1s que un dep\u00f3sito de m\u00e1quinas usadas y viejos trastos. M\u00e1s all\u00e1 de ese espacio abierto de viejas tejas, comenzaba el jard\u00edn del patr\u00f3n, al t\u00e9rmino del cual se levantaba la casa. Grande y fea, era, con todo, simp\u00e1tica por su vi\u00f1a y por su escu\u00e1lida madreselva que rodeaba la escalera de entrada.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Yvars vio en seguida que las puertas del taller estaban cerradas. Frente a ellas hab\u00eda un grupo de obreros, en silencio. Desde que trabajaba all\u00ed era la primera vez que al llegar encontraba las puertas cerradas. El patr\u00f3n hab\u00eda querido acentuar el golpe. Yvars se dirigi\u00f3 hacia la izquierda. coloc\u00f3 la bicicleta bajo el tejadillo que prolongaba el galp\u00f3n por aquel lado y se encamin\u00f3 a la puerta. De lejos reconoci\u00f3 a Esp\u00f3sito, un gran mocet\u00f3n moreno y velloso, que trabajaba junto a \u00e9l, a Marcou, el delegado sindical, con su cabeza de <i>tenorino<\/i>, a Sa\u00efd, el \u00fanico \u00e1rabe del taller, y luego a todos los dem\u00e1s que, silenciosos, lo miraban llegar. Pero antes de que Yvars se hubiera reunido con ellos, se volvieron bruscamente hacia las puertas del taller, que acababan de entreabrirse. Ballester, el capataz, apareci\u00f3 en el umbral. Abr\u00eda una de las pesadas puertas y, volviendo las espaldas a los obreros, la empujaba lentamente sobre los rieles.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Ballester, que era el m\u00e1s viejo de todos, no aprobaba la huelga, pero se hab\u00eda callado a partir del momento en que Esp\u00f3sito le hab\u00eda dicho que serv\u00eda a los intereses del patr\u00f3n. Ahora estaba junto a la puerta, ancho y bajo en su <i>pull-over<\/i> azul marino, ya descalzo (\u00e9l y Sa\u00efd eran los \u00fanicos que trabajaban descalzos) y los miraba entrar, uno a uno, con sus ojos tan claros que parec\u00edan sin color, en medio del viejo rostro cetrino, con la boca triste bajo los bigotes espesos y ca\u00eddos. Ellos permanec\u00edan callados, humillados por esa entrada de vencidos, furiosos por su propio silencio, pero cada vez menos capaces de romperlo, a medida que se prolongaba. Pasaban sin mirar a Ballester, quien, seg\u00fan ellos sab\u00edan, ejecutaba una orden al hacerlos entrar de aquella manera, y cuyo aire amargo y fastidiado les indicaba lo que pensaba. Yvars s\u00ed lo mir\u00f3. Ballester, que lo quer\u00eda, mene\u00f3 la cabeza sin decir palabra.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Ahora estaban todos en el peque\u00f1o vestuario situado a la derecha de la entrada: gabinetes abiertos, separados por tablas de madera blanca, en las que se hab\u00edan colgado armarios que pod\u00edan cerrarse con llave. El \u00faltimo gabinete a partir de la entrada y pegado a las paredes del galp\u00f3n se hab\u00eda transformado en cuarto de duchas, construido sobre un conducto de desag\u00fce que se hab\u00eda excavado en el suelo mismo, de tierra apisonada. En el centro del galp\u00f3n se ve\u00edan, seg\u00fan los lugares de trabajo, barricas ya terminadas, pero cuyos cinchos estaban a\u00fan flojos y que esperaban el tratamiento del fuego, bancos macizos, con una larga hendidura (y en algunos de ellos, fondos de maderas circulares, que aguardaban el tratamiento de la garlopa), y por fin, tizones apagados. A lo largo de la pared y a la izquierda de la entrada, se alineaban los bancos de los obreros. Frente a ellos, se ve\u00edan las pilas de duelas que hab\u00eda que repasar a\u00fan con el cepillo. Contra la pared de la derecha, no lejos del vestuario, dos grandes sierras mec\u00e1nicas resplandec\u00edan, bien aceitadas, s\u00f3lidas y silenciosas.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Desde hac\u00eda mucho el galp\u00f3n hab\u00eda terminado por ser demasiado grande para el pu\u00f1ado de hombres que trabajaban en \u00e9l. Eso era una ventaja durante los meses de grandes calores y un inconveniente en invierno. Pero aquel d\u00eda, en ese gran espacio, el trabajo interrumpido, los toneles abandonados en los rincones con un \u00fanico cincho que reun\u00eda los pies de las duelas, separadas en lo alto como toscas flores de madera, el aserr\u00edn que cubr\u00eda los bancos, las cajas de herramientas y las m\u00e1quinas, todo daba al taller un aspecto de abandono. Los obreros lo miraban vestidos ahora con sus viejos <i>pull-overs<\/i>, con sus pantalones descoloridos y remendados, y vacilaban. Ballester los observaba.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Entonces, \u00bfvamos?<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Uno a uno se fueron hasta su puesto de trabajo, sin decir palabra. Ballester iba de un lugar a otro, para dirigir brevemente la tarea que hab\u00eda que comenzar o que terminar. Nadie le respond\u00eda. Pronto el primer martillo reson\u00f3 contra el \u00e1ngulo de madera y hierro, al ajustar un cincho en la parte hinchada de un tonel. Una garlopa gimi\u00f3 en un nudo de madera y una de las sierras, manejada por Esp\u00f3sito, arranc\u00f3 con gran estr\u00e9pito de hojas de acero. Sa\u00efd, cuando se lo ped\u00edan, llevaba duelas o encend\u00eda los fuegos de virutas sobre los que se colocaban los toneles para hacerlos hinchar dentro de sus cinturones de hojas de hierro. Cuando nadie lo reclamaba, se iba a los bancos donde, con fuertes martillazos, remachaba los anchos cinchos herrumbrados. El olor de la viruta quemada comenzaba a llenar el galp\u00f3n. Yvars, que repasaba con el cepillo y ajustaba las duelas cortadas por Esp\u00f3sito, reconoci\u00f3 el viejo perfume y el coraz\u00f3n se le ensanch\u00f3 un poco. Todos trabajaban en silencio, pero cierto calor, cierta vida, renac\u00eda poco a poco en el taller. A trav\u00e9s de los grandes ventanales penetraba una luz fresca, que llenaba el galp\u00f3n. El humo adquir\u00eda un color azul, en medio del aire dorado; Yvars hasta oy\u00f3 zumbar un insecto junto a \u00e9l.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">En ese momento se abri\u00f3 sobre la pared del fondo la puerta que daba a la antigua toneler\u00eda y el senor Lassalle, el patr\u00f3n, apareci\u00f3 en el umbral. Delgado y moreno, apenas hab\u00eda pasado los treinta a\u00f1os. Con camisa blanca bajo un traje de gabardina beige, ten\u00eda aspecto de satisfecho. A pesar del rostro muy huesudo, que parec\u00eda tallado con hoja de cuchillo, generalmente inspiraba simpat\u00eda, como la mayor parte de la gente a la que el deporte da libertad en su actitud y movimientos. Sin embargo, parec\u00eda un poco embarazado al trasponer la puerta. Su \u201cBuenos d\u00edas\u201d fue menos sonoro que de costumbre; en todo caso, nadie le respondi\u00f3. El ruido de los martillos vacil\u00f3 un instante, perdi\u00f3 su ritmo y en seguida comenz\u00f3 de nuevo, a m\u00e1s no poder. El se\u00f1or Lassalle dio algunos pasos, indeciso; luego se dirigi\u00f3 hacia el peque\u00f1o Valery, que trabajaba con ellos desde hac\u00eda solo un a\u00f1o. Junto a la sierra mec\u00e1nica, a unos pasos de Yvars, Valery colocaba un fondo en una barrica y el patr\u00f3n se qued\u00f3 contempl\u00e1ndolo. Valery continuaba trabajando, sin decir nada.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Entonces, \u00bftodo marcha bien, hijo? \u2014pregunt\u00f3 el se\u00f1or Lassalle.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">El joven se puso de pronto torpe en sus movimientos, lanz\u00f3 una mirada a Esp\u00f3sito, que cerca de \u00e9l apilaba en sus brazos enormes un mont\u00f3n de duelas para llev\u00e1rselas a Yvars. Esp\u00f3sito tambi\u00e9n lo mir\u00f3, sin dejar de trabajar, y Valery hundi\u00f3 la nariz en su barrica, sin responder al patr\u00f3n. Lasalle, un poco cohibido, se qued\u00f3 un instante plantado frente al joven; luego se encogi\u00f3 de hombros y se volvi\u00f3 hacia Marcou. Este, a horcajadas sobre su banco, terminaba de ajustar, con golpecitos lentos y precisos, el borde de un fondo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Buenos d\u00edas, Marcou \u2014dijo Lasalle con tono m\u00e1s seco. Marcou no respondi\u00f3, atento tan solo a no quitar de la madera que trabajaba m\u00e1s que una viruta muy ligera.<\/p>\n<p>\u2014Pero, \u00bfqu\u00e9 les pasa? \u2014grit\u00f3 Lasalle en voz alta y dirigi\u00e9ndose esta vez a los otros obreros\u2014. Ya sabemos que no llegamos a un acuerdo, pero eso no impide que tengamos que trabajar juntos. Entonces, \u00bfqu\u00e9 utilidad tiene esto?<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Marcou se irgui\u00f3, levant\u00f3 el fondo de la barrica, verific\u00f3 con la mano el borde circular, entrecerr\u00f3 los ojos l\u00e1nguidos, con aire de gran satisfacci\u00f3n y, siempre silencioso, se dirigi\u00f3 hacia otro obrero, que armaba un tonel. En todo el taller no se o\u00eda sino el ruido de los martillos y de la sierra mec\u00e1nica.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Bueno \u2014dijo Lassalle\u2014, cuando se les pase, h\u00e1ganmelo saber por Ballester \u2014y con paso tranquilo sali\u00f3 del galp\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Casi inmediatamente reson\u00f3 dos veces una campanilla que cubri\u00f3 el estr\u00e9pito del taller. Ballester, que acababa de sentarse para liar un cigarrillo, se levant\u00f3 pesadamente y sali\u00f3 por la puertita del fondo. Despu\u00e9s los martillazos golpearon con menos fuerza y hasta uno de los obreros hab\u00eda suspendido su trabajo, cuando Ballester volvi\u00f3. Desde la puerta dijo solamente:<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Marcou e Yvars, el patr\u00f3n los llama.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">El primer impulso de Yvars fue ir a lavarse las manos, pero Marcou lo tom\u00f3 por un brazo al pasar y \u00e9l lo sigui\u00f3 cojeando.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Afuera, en el patio, la luz era tan fresca, tan l\u00edquida, que Yvars la sent\u00eda en el rostro y en los brazos desnudos. Subieron por la escalera exterior, bajo la madreselva, que exhib\u00eda ya algunas flores. Cuando entraron en el pasillo con las paredes cubiertas de diplomas, oyeron un llanto de ni\u00f1o y la voz de la se\u00f1ora Lassalle que dec\u00eda:<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014La acostar\u00e1s despu\u00e9s del almuerzo. Llamaremos al m\u00e9dico, si no se le pasa.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Luego el patr\u00f3n apareci\u00f3 en el pasillo y los hizo entrar en el peque\u00f1o escritorio que ellos ya conoc\u00edan, con muebles de falso estilo r\u00fastico y las paredes adornadas con trofeos deportivos.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Si\u00e9ntense\u2014dijo Lassalle ocupando su lugar detr\u00e1s del escritorio. Ellos permanecieron de pie\u2014. Los hice venir \u2014prosigui\u00f3\u2014 porque usted, Marcou, es el delegado, y t\u00fa, Yvars, mi empleado m\u00e1s viejo despu\u00e9s de Ballester. No quiero renovar las discusiones que ya han terminado. No puedo, en modo alguno, darles lo que me piden. La cuesti\u00f3n se arregl\u00f3; llegamos a la conclusi\u00f3n de que hab\u00eda que volver al trabajo. Veo que me tienen mala voluntad y eso me resulta penoso. Les digo lo que siento. Sencillamente quiero agregar esto: lo que no puedo hacer hoy, podr\u00e9 acaso hacerlo cuando los negocios se recuperen. Y si puedo hacerlo, lo har\u00e9 aun antes de que ustedes me lo pidan. Mientras tanto, procuremos trabajar de acuerdo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Se call\u00f3, pareci\u00f3 reflexionar; luego levant\u00f3 los ojos hacia ellos.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014\u00bfEntonces? \u2014agreg\u00f3.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Marcou miraba hacia afuera. Yvars, con los dientes apretados, quer\u00eda hablar, pero no pod\u00eda.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Oigan \u2014dijo Lassalle\u2014, ustedes se han obstinado. Ya se les pasar\u00e1, pero cuando hayan vuelto a ser razonables, no olviden lo que acabo de decirles.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Se levant\u00f3, se lleg\u00f3 hasta Marcou y le tendi\u00f3 la mano.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014\u00a1Vamos! \u2014dijo. Marcou se puso repentinamente p\u00e1lido. Se le endureci\u00f3 el rostro de <i>tenorino<\/i> que, por el espacio de un segundo, adquiri\u00f3 una expresi\u00f3n de maldad. Luego se volvi\u00f3 bruscamente y sali\u00f3. Lassalle, tambi\u00e9n p\u00e1lido, mir\u00f3 a Yvars, sin tenderle la mano.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014\u00a1V\u00e1yanse al infierno! \u2014grit\u00f3.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Cuando volvieron al taller, los obreros estaban almorzando. Ballester hab\u00eda salido. Marcou dijo tan s\u00f3lo:<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Pura charla.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Y volvi\u00f3 a su lugar de trabajo. Esp\u00f3sito dej\u00f3 de morder su pan para preguntar qu\u00e9 hab\u00edan respondido ellos. Yvars dijo que no hab\u00edan respondido nada. Luego se fue a buscar su morral y volvi\u00f3 para sentarse sobre el banco en que trabajaba. Comenzaba a comer cuando, no lejos de \u00e9l, advirti\u00f3 la presencia de Sa\u00efd, acostado de espaldas sobre un mont\u00f3n de viruta, con la mirada perdida en los ventanales, que ten\u00edan un tono azulado, a causa de un cielo ahora menos luminoso. Le pregunt\u00f3 si hab\u00eda terminado. Sa\u00efd le dijo que ya se hab\u00eda comido las u\u00f1as. Yvars dej\u00f3 de comer. El malestar, que no lo hab\u00eda abandonado desde la entrevista con Lassalle, desaparec\u00eda de pronto para dejar lugar a un calor bienhechor. Se levant\u00f3, parti\u00f3 su pan y dijo, ante la negativa de Sa\u00efd, que la semana siguiente todo ir\u00eda mejor.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Entonces me invitar\u00e1s t\u00fa \u2014dijo. Sa\u00efd sonri\u00f3.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Comenz\u00f3 a masticar un trozo del sandwich de Yvars, pero lentamente, como si no tuviera hambre.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Esp\u00f3sito tom\u00f3 una cacerola vieja y encendi\u00f3 un fuego de virutas y madera. En \u00e9l recalent\u00f3 el caf\u00e9, que hab\u00eda llevado en una botella. Dijo que era un regalo para el taller que su almacenero le hab\u00eda hecho cuando se enter\u00f3 del fracaso de la huelga. Un frasquito vac\u00edo de mostaza circul\u00f3 de mano en mano. Cada vez Esp\u00f3sito vert\u00eda el caf\u00e9, ya azucarado. Sa\u00efd se lo trag\u00f3 con m\u00e1s gusto que el que hab\u00eda mostrado en comer. Esp\u00f3sito beb\u00eda el resto del caf\u00e9 de la misma cacerola hirviente, haciendo restallar los labios y lanzando juramentos. En ese momento entr\u00f3 Ballester para anunciar el retorno al trabajo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Mientras se levantaban y recog\u00edan papeles y vajilla en sus morrales, Ballester fue a colocarse en medio de ellos y dijo de pronto que era un golpe duro para todos, y para \u00e9l tambi\u00e9n, pero que esa no era una raz\u00f3n para conducirse como chicos, y que no se ganaba nada con refunfu\u00f1ar. Esp\u00f3sito, con la cacerola en la mano, se volvi\u00f3 hacia \u00e9l. De pronto se le hab\u00eda puesto rojo el rostro espeso y largo. Yvars sab\u00eda lo que iba a decir y que en ese momento todos pensaban lo que \u00e9l estaba pensando: que no refunfu\u00f1aban, que se les hab\u00eda cerrado la boca, que era cuesti\u00f3n de aceptar o irse, y que la rabia y la impotencia duelen a veces tanto que ni siquiera se puede gritar. Ellos eran hombres; eso era todo, y no iban ahora a ponerse a hacer sonrisas y caras. Pero Esp\u00f3sito no dijo nada de todo eso. Por fin, se le aclar\u00f3 el rostro y dio un suave golpecito a Ballester en el hombro, mientras los otros volv\u00edan al trabajo. De nuevo resonaron los martillos, el gran galp\u00f3n se llen\u00f3 con el familiar estr\u00e9pito, con el olor de la viruta y de las viejas ropas empapadas de sudor. La enorme sierra giraba y mord\u00eda la madera fresca de la duela que Esp\u00f3sito empujaba lentamente delante de s\u00ed, En el lugar de la mordedura, saltaba un aserr\u00edn mojado, que cubr\u00eda como con una especie de ralladura de pan, las gruesas manos velludas firmemente apretadas sobre la madera, a cada lado de la rugiente hoja. Cuando la duela quedaba cortada, solo se o\u00eda el ruido del motor.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Yvars sent\u00eda ahora, inclinado sobre la garlopa, las agujetas de la espalda. De ordinario, el cansancio llegaba algo m\u00e1s tarde. Hab\u00eda perdido el entrenamiento durante aquellas semanas de inacci\u00f3n; era evidente. Pero tambi\u00e9n pensaba en la edad, que hace m\u00e1s duro el trabajo manual cuando ese trabajo no es de simple precisi\u00f3n. Aquellas agujetas le anunciaban tambi\u00e9n la vejez. Cuando intervienen los m\u00fasculos el trabajo termina por hacerse una maldici\u00f3n, precede a la muerte, y en los d\u00edas de grandes esfuerzos el sue\u00f1o es justamente como la muerte. El chico quer\u00eda ser maestro y ten\u00eda raz\u00f3n. Los que pronunciaban discursos sobre el trabajo manual no sab\u00edan de qu\u00e9 hablaban.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Cuando Yvars se irgui\u00f3 para recuperar la respiraci\u00f3n y tambi\u00e9n para ahuyentar aquellos malos pensamientos, volvi\u00f3 a sonar la campanilla. Sonaba insistentemente, pero de manera tan curiosa, con breves intervalos para hacerse luego o\u00edr imperiosamente, que los obreros dejaron de trabajar. Ballester escuchaba sorprendido, luego se decidi\u00f3 y se acerc\u00f3 lentamente hasta la puerta. Hab\u00eda desaparecido hac\u00eda algunos segundos, cuando la campanilla dej\u00f3 por fin de sonar. Todos volvieron al trabajo. De nuevo, la puerta se abri\u00f3 brutalmente y Ballester corri\u00f3 hacia el vestuario. En seguida sali\u00f3 de \u00e9l calzado con alpargatas y, mientras se pon\u00eda la chaqueta, dijo a Yvars al pasar:<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014La nenita tuvo un ataque. Voy a buscar a Germain.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Y se precipit\u00f3 hacia la gran puerta. El doctor Germain era el que atend\u00eda al personal del taller. Viv\u00eda en el barrio. Yvars repiti\u00f3 la noticia sin comentarios. Se hab\u00edan reunido todos alrededor de \u00e9l, embarazados. Solo se o\u00eda el motor de la sierra mec\u00e1nica, que giraba libremente.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014Quiz\u00e1 no sea nada \u2014dijo uno de ellos. Volvieron a sus puestos. El taller se llen\u00f3 de nuevo con sus ruidos habituales, pero los hombres trabajaban lentamente, como si esperaran algo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Al cabo de un cuarto de hora, Ballester entr\u00f3 de nuevo, se quit\u00f3 la chaqueta y sin decir palabra volvi\u00f3 a salir por la puertita. A trav\u00e9s de los ventanales, la luz iba debilit\u00e1ndose. Un poco despu\u00e9s, en los intervalos en que la sierra no mord\u00eda la madera, se oy\u00f3 la sorda campana de una ambulancia, primero lejana, luego m\u00e1s pr\u00f3xima, por fin presente, y ahora silenciosa. Al cabo de un rato volvi\u00f3 Ballester y todos se precipitaron hacia \u00e9l. Esp\u00f3sito hab\u00eda detenido el motor. Ballester dijo que, al desvestirse en su habitaci\u00f3n, la ni\u00f1a hab\u00eda ca\u00eddo desplomada, como si la hubieran segado.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014\u00a1Vaya, entonces! \u2014dijo Marcou. Ballester mene\u00f3 la cabeza e hizo un adem\u00e1n vago hacia el taller; pero ten\u00eda aire atribulado. Se oy\u00f3 de nuevo la campana de la ambulancia. Estaban todos all\u00ed, en el taller silencioso, bajo las oleadas de luz amarilla que arrojaban los ventanales, con sus toscas manos in\u00fatiles que les pend\u00edan a lo largo de los viejos pantalones cubiertos de aserr\u00edn.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">El resto de la tarde fue arrastr\u00e1ndose. Yvars no sent\u00eda m\u00e1s que su cansancio y el coraz\u00f3n apretado. Habr\u00eda querido hablar, pero no ten\u00eda nada que decir y los otros tampoco. En sus rostros taciturnos se le\u00eda solo la pena y una especie de obstinaci\u00f3n. A veces, en su interior se formaba la palabra \u201cdesgracia\u201d pero apenas, pues desaparec\u00eda inmediatamente, como una burbuja que nace y estalla en el mismo momento. Ten\u00eda ganas de volver a su casa, de volver a ver a Fernande, al muchacho, y tambi\u00e9n la terraza. Justamente en ese momento Ballester anunciaba el fin de la jornada. Las m\u00e1quinas se detuvieron. Sin apresurarse, comenzaron a apagar los fuegos y a poner orden en sus puestos. Luego se llegaron uno a uno al vestuario. Sa\u00efd fue el \u00faltimo. A \u00e9l le tocaba limpiar los lugares de trabajo y regar el suelo polvoriento. Cuando Yvars lleg\u00f3 al vestuario, Esp\u00f3sito, enorme y velloso, ya estaba bajo la ducha. Les volv\u00eda las espaldas mientras se jabonaba con gran estr\u00e9pito. En general se le dirig\u00edan bromas por su pudor. En efecto, aquel gran oso escond\u00eda obstinadamente sus partes nobles; pero ese d\u00eda nadie pareci\u00f3 advertirlo. Esp\u00f3sito sali\u00f3 andando hacia atr\u00e1s y se puso alrededor de la cintura una toalla, a manera de taparrabo. Los otros esperaban su turno y Marcou se golpeaba vigorosamente los costados desnudos, cuando oyeron que la gran puerta delantera rodaba lentamente sobre los rieles. Entr\u00f3 Lassalle.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Iba vestido como en el momento de su primera visita, pero llevaba el pelo un poco revuelto. Se detuvo en el umbral, contempl\u00f3 el vasto taller desierto, dio algunos pasos, se detuvo un instante y mir\u00f3 hacia el vestuario. Esp\u00f3sito, siempre cubierto por su taparrabo, se volvi\u00f3 hacia \u00e9l. Desnudo, embarazado, se balanceaba un poco, apoy\u00e1ndose en un pie y luego en el otro. Yvars pens\u00f3 que le tocaba a Marcou decir algo, pero Marcou se manten\u00eda invisible detr\u00e1s de la lluvia de agua que lo rodeaba. Esp\u00f3sito se apoder\u00f3 de una camisa y se la estaba poniendo prestamente, cuando Lassalle dijo \u201cBuenas tardes\u201d con voz un poco desentonada, y se dirigi\u00f3 hacia la puertita del fondo. Cuando Yvars pens\u00f3 que hab\u00eda que llamarlo, la puerta ya se hab\u00eda cerrado.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Entonces Yvars volvi\u00f3 a vestirse sin lavarse, y tambi\u00e9n \u00e9l dijo \u201cBuenas tardes\u201d, pero con todo su coraz\u00f3n. Y los otros le respondieron con el mismo calor. Sali\u00f3 r\u00e1pidamente, se lleg\u00f3 hasta la bicicleta y cuando la mont\u00f3 sinti\u00f3 de nuevo las agujetas. Ahora se deslizaba en medio de la tarde que mor\u00eda, a trav\u00e9s de la ciudad llena de obst\u00e1culos. Iba r\u00e1pido, quer\u00eda volver a ver la vieja casa y la terraza. Se lavar\u00eda en la pileta antes de sentarse y de contemplar el mar que ya lo acompa\u00f1aba, m\u00e1s oscuro que en la ma\u00f1ana, detr\u00e1s del bulevar. Pero la ni\u00f1ita tambi\u00e9n lo acompa\u00f1aba y no pod\u00eda dejar de pensar en ella.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Cuando lleg\u00f3 a la casa, el chico ya hab\u00eda vuelto de la escuela y le\u00eda libros ilustrados. Fernande pregunt\u00f3 a Yvars si todo hab\u00eda ido bien. \u00c9l no dijo nada, se lav\u00f3 en la pileta y luego se sent\u00f3 en el banco, contra la pared de la terraza. Ropa blanca remendada pend\u00eda por encima de \u00e9l. El cielo se hac\u00eda transparente; m\u00e1s all\u00e1 de la pared, pod\u00eda verse el mar suave de la tarde. Fernande le llev\u00f3 el an\u00eds, dos vasos y el botijo de agua fresca. Luego se sent\u00f3 junto al marido. \u00c9l le cont\u00f3 todo, mientras la ten\u00eda cogida de la mano, como en los primeros tiempos de su matrimonio. Cuando termin\u00f3, Yvars se qued\u00f3 inm\u00f3vil, vuelto hacia el mar, donde bajaba ya, de un extremo a otro del horizonte, el r\u00e1pido crep\u00fasculo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u2014\u00a1Ah, \u00e9l tiene la culpa! \u2014dijo. Y hubiera querido ser joven y que Fernande tambi\u00e9n a\u00fan lo fuera, y que estuvieran del otro lado del mar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">[versi\u00f3n en PDF]<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Albert Camus (1913-1960) Los mudos Edici\u00f3n para el club virtual de lectura En las nubes de la ficci\u00f3n. Universidad del Pac\u00edfico, abril de 2014. 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