{"id":1077,"date":"2013-11-02T02:43:47","date_gmt":"2013-11-02T02:43:47","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/\/?page_id=1077"},"modified":"2013-11-02T02:43:47","modified_gmt":"2013-11-02T02:43:47","slug":"julio-ramon-ribeyro-alienacion","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/textos-de-discusion\/julio-ramon-ribeyro-alienacion\/","title":{"rendered":"Julio Ram\u00f3n Ribeyro, \u00abAlienacion\u00bb"},"content":{"rendered":"<p align=\"CENTER\"><span>Julio Ram\u00f3n Ribeyro<\/span><\/p>\n<p align=\"CENTER\"><span style=\"font-size: x-large;\"><b>Alienaci\u00f3n<\/b><\/span><\/p>\n<p align=\"RIGHT\"><span style=\"font-size: small;\">Edici\u00f3n para el club virtual de lectura <i>En las nubes de la ficci\u00f3n<\/i>. Universidad del Pac\u00edfico, octubre de 2013.<\/span><\/p>\n<p align=\"CENTER\">\n<p align=\"JUSTIFY\">A pesar de ser zambo y de llamarse L\u00f3pez, quer\u00eda parecerse cada vez menos a un zaguero de Alianza Lima y cada vez m\u00e1s a un rubio de Filadelfia. La vida se encarg\u00f3 de ense\u00f1arle que si quer\u00eda triunfar en una ciudad colonial m\u00e1s val\u00eda saltar las etapas intermediarias y ser antes que un blanquito de ac\u00e1 un gringo de all\u00e1. Toda su tarea en los a\u00f1os que lo conoc\u00ed consisti\u00f3 en deslopizarse y deszambarse lo m\u00e1s pronto posible y en americanizarse antes de que le cayera el huaico y lo convirtiera para siempre, digamos, en un portero de banco o en un chofer de colectivo. Tuvo que empezar por matar al peruano que hab\u00eda en \u00e9l y por coger algo de cada gringo que conoci\u00f3. Con el bot\u00edn se compuso una nueva persona, un ser hecho de retazos, que no era ni zambo ni gringo, el resultado de un cruce contra natura, algo que su vehemencia hizo derivar, para su desgracia, de sue\u00f1o rosado a pesadilla infernal.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Pero no anticipemos. Precisemos que se llamaba Roberto, que a\u00f1os despu\u00e9s se le conoci\u00f3 por Boby, pero que en los \u00faltimos documentos oficiales figura con el nombre de Bob. En su ascensi\u00f3n vertiginosa hacia la nada fue perdiendo en cada etapa una s\u00edlaba de su nombre. Todo empez\u00f3 la tarde en que un grupo de blanqui\u00f1osos jug\u00e1bamos con una pelota en la plaza Bolognesi. Era la \u00e9poca de las vacaciones escolares y los muchachos que viv\u00edamos en los chalets vecinos, hombres y mujeres, nos reun\u00edamos all\u00ed para hacer algo con esas interminables tardes de verano. Roberto iba tambi\u00e9n a la plaza, a pesar de estudiar en un colegio fiscal y de no vivir en chalet sino en el \u00faltimo callej\u00f3n que quedaba en el barrio. Iba a ver jugar a las muchachas y a ser saludado por alg\u00fan blanquito que lo hab\u00eda visto crecer en esas calles y sab\u00eda que era hijo de la lavandera. Pero en realidad, como todos nosotros, iba para ver a Queca. Todos est\u00e1bamos enamorados de Queca, que ya llevaba dos a\u00f1os siendo elegida reina en las representaciones de fin de curso. Queca no estudiaba con las monjas alemanas del Santa \u00darsula, ni con las norteamericanas del Villa Mar\u00eda, sino con las espa\u00f1olas de la Reparaci\u00f3n, pero eso nos ten\u00eda sin cuidado, as\u00ed como que su padre fuera un empleadito que iba a trabajar en \u00f3mnibus o que su casa tuviera un solo piso y geranios en lugar de rosas. Lo que contaba entonces era su tez capul\u00ed, sus ojos verdes, su melena casta\u00f1a, su manera de correr, de re\u00edr, de saltar y sus invencibles piernas, siempre descubiertas y doradas y que con el tiempo ser\u00edan legendarias. Roberto iba solo a verla jugar, pues ni los mozos que ven\u00edan de otros barrios de Miraflores y m\u00e1s tarde de San Isidro y de Barranco lograban atraer su atenci\u00f3n. Peluca Rodr\u00edguez se lanz\u00f3 una vez de la rama m\u00e1s alta de un ficus, Lucas de Tramontana vino en una reluciente moto que ten\u00eda ocho faros, el chancho G\u00f3mez le rompi\u00f3 la nariz a un heladero que se atrevi\u00f3 a silbarnos, Armando Wolff estren\u00f3 varios ternos de lanilla y hasta se puso corbata de mariposa. Pero no obtuvieron el menor favor de Queca. Queca no le hac\u00eda caso a nadie, le gustaba conversar con todos, correr, brincar, re\u00edr, jugar al v\u00f3leibol y dejar al anochecer a esa banda de adolescentes sumidos en profundas tristezas sexuales que solo la mano caritativa, entre las s\u00e1banas blancas, consolaba. Fue una fat\u00eddica bola la que alguien arroj\u00f3 esa tarde y que Queca no lleg\u00f3 a alcanzar y que rod\u00f3 hacia la banca donde Roberto, solitario, observaba. \u00a1Era la ocasi\u00f3n que esperaba desde hac\u00eda tanto tiempo! De un salto aterriz\u00f3 en el c\u00e9sped, gate\u00f3 entre los macizos de flores, salt\u00f3 el seto de granadilla, meti\u00f3 los pies en una acequia y atrap\u00f3 la pelota que estaba a punto de terminar en las ruedas de un auto. Pero cuando se la alcanzaba, Queca, que estiraba ya las manos, pareci\u00f3 cambiar de lente, observar algo que nunca hab\u00eda mirado, un ser retaco, oscuro, bembudo y de pelo ensortijado, algo que tampoco le era desconocido, que hab\u00eda tal vez visto como ve\u00eda todos los d\u00edas las bancas o los ficus, y entonces se apart\u00f3 aterrorizada. Roberto no olvid\u00f3 nunca la frase que pronunci\u00f3 Queca al alejarse a la carrera: \u201cYo no juego con zambos\u201d. Estas cinco palabras decidieron su vida. Todo hombre que sufre se vuelve observador y Roberto sigui\u00f3 yendo a la plaza en los a\u00f1os siguientes, pero su mirada hab\u00eda perdido toda inocencia. Ya no era el reflejo del mundo sino el \u00f3rgano vigilante que cala, elige, califica. Queca hab\u00eda ido creciendo, sus carreras se hicieron m\u00e1s moderadas, sus faldas se alargaron, sus saltos perdieron en impudicia y su trato con la pandilla se volvi\u00f3 m\u00e1s distante y selectivo. Todo eso lo notamos nosotros, pero Roberto vio algo m\u00e1s: que Queca tend\u00eda a descartar de su atenci\u00f3n a los m\u00e1s trigue\u00f1os, a trav\u00e9s de sucesivas comparaciones, hasta que no se fij\u00f3 m\u00e1s que en Chalo Sander, el chico de la banda que ten\u00eda el pelo m\u00e1s claro, el cutis sonrosado y que estudiaba adem\u00e1s en un colegio de curas norteamericanos. Cuando sus piernas estuvieron m\u00e1s triunfales y torneadas que nunca ya solo hablaba con Chalo Sander y la primera vez que se fue con \u00e9l de la mano hasta el malec\u00f3n comprendimos que nuestra dehesa hab\u00eda dejado de pertenecemos y que ya no nos quedaba otro recurso que ser como el coro de la tragedia griega, presente y visible, pero alejado irremisiblemente de los dioses. Desde\u00f1ados, despechados, nos reun\u00edamos despu\u00e9s de los juegos en una esquina, donde fum\u00e1bamos nuestros primeros cigarrillos, nos acarici\u00e1bamos con arrogancia el bozo incipiente y coment\u00e1bamos lo irremediable. A veces entr\u00e1bamos a la pulper\u00eda del chino Manuel y nos tom\u00e1bamos una cerveza. Roberto nos segu\u00eda como una sombra, desde el umbral nos escrutaba con su mirada, sin perder nada de nuestro parloteo, le dec\u00edamos a veces hola zambo, t\u00f3mate un trago y \u00e9l siempre no, gracias, ser\u00e1 para otra ocasi\u00f3n, pero a pesar de estar lejos y de sonre\u00edr sab\u00edamos que compart\u00eda a su manera nuestro abandono. Y fue Chalo Sander naturalmente quien llev\u00f3 a Queca a la fiesta de promoci\u00f3n cuando termin\u00f3 el colegio. Desde temprano nos dimos cita en la pulper\u00eda, bebimos un poco m\u00e1s de la cuenta, urdimos planes insensatos, se habl\u00f3 de un rapto, de un cargamont\u00f3n. Pero todo se fue en palabras. A las ocho de la noche est\u00e1bamos frente al ranchito de los geranios, resignados a ser testigos de nuestra destituci\u00f3n. Chalo lleg\u00f3 en el carro de su pap\u00e1, con un elegante smoking blanco y sali\u00f3 al poco rato acompa\u00f1ado de una Queca de vestido largo y peinado alto, en la que apenas reconocimos a la compa\u00f1era de nuestros juegos. Queca ni nos mir\u00f3, sonre\u00eda apretando en sus manos una carterita de raso. Visi\u00f3n fugaz, la \u00faltima, pues ya nada ser\u00eda como antes, mor\u00eda en ese momento toda ilusi\u00f3n y por ello mismo no olvidar\u00edamos nunca esa imagen, que clausur\u00f3 para siempre una etapa de nuestra juventud.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Casi todos desertaron la plaza, unos porque preparaban el ingreso a la universidad, otros porque se fueron a otros barrios en busca de una imposible r\u00e9plica de Queca. S\u00f3lo Roberto, que ya trabajaba como repartidor de una pasteler\u00eda, recalaba al anochecer en la plaza, donde otros ni\u00f1os y ni\u00f1as cog\u00edan el relevo de la pandilla anterior y repet\u00edan nuestros juegos con el candor de quien cree haberlos inventado. En su banca solitaria registraba distra\u00eddamente el traj\u00edn, pero de reojo, segu\u00eda mirando hacia la casa de Queca. As\u00ed pudo comprobar antes que nadie que Chalo hab\u00eda sido s\u00f3lo un episodio en la vida de Queca, una especie de ensayo general que la prepar\u00f3 para la llegada del original del cual Chalo hab\u00eda sido la copia: Billy Mulligan, hijo de un funcionario del consulado de Estados Unidos. Billy era pecoso, pelirrojo, usaba camisas floreadas, ten\u00eda los pies enormes, re\u00eda con estridencia, el sol en lugar de dorarlo lo despellejaba, pero ven\u00eda a ver a Queca en su carro y no en el de su pap\u00e1. No se sabe d\u00f3nde lo conoci\u00f3 Queca ni c\u00f3mo vino a parar all\u00ed, pero cada vez se le fue viendo m\u00e1s, hasta que s\u00f3lo se le vio a \u00e9l sus raquetas de tenis, sus anteojos ahumados, sus c\u00e1maras de fotos a medida que la figura de Chalo se fue opacando, empeque\u00f1eciendo y espaciando y termin\u00f3 por desaparecer. Del grupo al tipo y del tipo al individuo, Queca hab\u00eda al fin empu\u00f1ado su carta. Solo Mulligan ser\u00eda quien la llevar\u00eda al altar, con todas las de la ley, como sucedi\u00f3 despu\u00e9s y tendr\u00eda derecho a acariciar esos muslos con los que tanto, durante a\u00f1os, tan in\u00fatilmente so\u00f1amos.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Las decepciones, en general, nadie las aguanta, se echan al saco del olvido, se tergiversan sus causas, se convierten en motivo de irrisi\u00f3n y hasta en tema de composici\u00f3n literaria. As\u00ed el chancho G\u00f3mez se fue a estudiar a Londres, Peluca Rodr\u00edguez escribi\u00f3 un soneto realmente cojudo, Armando Wolff concluy\u00f3 que Queca era una huachafa y Lucas de Tramontana se jactaba mentirosamente de hab\u00e9rsela pachamanqueado varias veces en el malec\u00f3n. Fue s\u00f3lo Roberto el que sac\u00f3 de todo esto una ense\u00f1anza veraz y tajante: o Mulligan o nada. \u00bfDe qu\u00e9 le val\u00eda ser un blanquito m\u00e1s si hab\u00eda tantos blanquitos fanfarrones, desesperados, indolentes y vencidos? Hab\u00eda un estado superior, habitado por seres que planeaban sin macularse sobre la ciudad gris y a quienes se ced\u00eda sin peleas los mejores frutos de la tierra. El problema estaba en c\u00f3mo llegar a ser un Mulligan siendo un zambo. Pero el sufrimiento aguza tambi\u00e9n el ingenio, cuando no mata, y Roberto se hab\u00eda librado a un largo escrutinio y trazado un plan de acci\u00f3n. Antes que nada hab\u00eda que deszambarse. El asunto del pelo no le fue muy dif\u00edcil: se lo ti\u00f1\u00f3 con agua oxigenada y se lo hizo planchar. Para el color de la piel ensay\u00f3 almid\u00f3n, polvo de arroz y talco de botica hasta lograr el componente ideal. Pero un zambo te\u00f1ido y empolvado sigue siendo un zambo. Le faltaba saber c\u00f3mo se vest\u00edan, qu\u00e9 dec\u00edan, c\u00f3mo caminaban, lo que pensaban, qui\u00e9nes eran en definitiva los gringos. Lo vimos entonces merodear, en sus horas libres, por lugares aparentemente incoherentes, pero que ten\u00edan algo en com\u00fan: los frecuentaban los gringos. Unos lo vieron parado en la puerta del Country Club, otros a la salida del colegio Santa Mar\u00eda, Lucas de Tramontana juraba haber distinguido su cara tras el seto del campo de golf, alguien le sorprendi\u00f3 en el aeropuerto tratando de cargarle la maleta a un turista, no faltaron quienes lo encontraron deambulando por los pasillos de la embajada norteamericana. Esta etapa de su plan le fue preciosa. Por lo pronto confirm\u00f3 que los gringos se distingu\u00edan por una manera especial de vestir que \u00e9l calific\u00f3, a su manera, de deportiva, confortable y poco convencional. Fue por ello uno de los primeros en descubrir las ventajas del blue-jeans, el aire vaquero y varonil de las anchas correas de cuero rematadas por gruesas hebillas, la comodidad de los zapatos de lona blanca y suela de jebe, el encanto colegial que daban las gorritas de lona con visera, la frescura de las camisas de manga corta a flores o anchas rayas verticales, la variedad de casacas de nylon cerradas sobre el pecho con una cremallera o el sello pandillero, provocativo y despreocupado que se desprend\u00eda de las camisetas blancas con el emblema de una universidad norteamericana. Todas estas prendas no se vend\u00edan en ning\u00fan almac\u00e9n, hab\u00eda que encargarlas a Estados Unidos, lo que estaba fuera de su alcance. Pero a fuerza de indagar descubri\u00f3 los remates dom\u00e9sticos. Hab\u00eda familias de gringos que deb\u00edan regresar a su pa\u00eds y vend\u00edan todo lo que ten\u00edan: previo anuncio en los peri\u00f3dicos. Roberto se constituy\u00f3 antes que nadie en esas casas y logr\u00f3 as\u00ed hacerse de un guardarropa en el que invirti\u00f3 todo el fruto de su trabajo y de sus privaciones. Pelo planchado y te\u00f1ido, blue-jeans y camisa vistosa, Roberto estaba ya a punto de convertirse en Boby.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Todo esto le trajo problemas. En el callej\u00f3n, dec\u00eda su madre cuando ven\u00eda a casa, le hab\u00edan quitado el saludo al pretencioso. Cuando m\u00e1s le hac\u00edan bromas o lo silbaban como a un marica. Jam\u00e1s daba un centavo para la comida, se pasaba horas ante el espejo, todo se lo gastaba en trapos. Su padre, a\u00f1ad\u00eda la negra, pod\u00eda haber sido un blanco ro\u00f1oso que se esfum\u00f3 como Fumanch\u00fa al a\u00f1o de conocerla, pero no ten\u00eda verg\u00fcenza de salir con ella ni de ser piloto de barco. Entre nosotros, el primero en ficharlo fue Peluca Rodr\u00edguez, quien hab\u00eda encargado un blue-jeans a un <i>purser<\/i> de la Braniff. Cuando le lleg\u00f3 se lo puso para lucirlo, sali\u00f3 a la plaza y se encontr\u00f3 de sopet\u00f3n con Roberto que llevaba uno igual. Durante d\u00edas no hizo sino maldecir al zambo, dijo que le hab\u00eda malogrado la pel\u00edcula, que seguramente lo hab\u00eda estado espiando para copiarlo, ya hab\u00eda notado que compraba cigarrillos Lucky y que se peinaba con un mech\u00f3n sobre la frente. Pero lo peor fue en su trabajo, Cahuide Morales, el due\u00f1o de la pasteler\u00eda, era un mestizo huat\u00f3n, ce\u00f1udo y regionalista, que, adoraba los chicharrones y los valses criollos y se habla rajado el alma durante veinte a\u00f1os para montar ese negocio. Nada lo reventaba m\u00e1s que no ser lo que uno era. Cholo o blanco era lo de menos, lo importante era la mosca, el agua, el molido, conoc\u00eda miles de palabras para designar la plata. Cuando vio que su empleado se hab\u00eda te\u00f1ido el pelo aguant\u00f3 una arruga m\u00e1s en la frente, al notar que se empolvaba se trag\u00f3 un carajo que estuvo a punto de indigestarlo, pero cuando vino a trabajar disfrazado de gringo le sali\u00f3 la mezcla de pap\u00e1, de polic\u00eda, de machote y de curaca que hab\u00eda en \u00e9l y lo llev\u00f3 del pescuezo a la trastienda: la pasteler\u00eda Morales Hermanos era una firma seria, hab\u00eda que aceptar las normas de la casa, ya hab\u00eda pasado por alto lo del maquillaje, pero si no ven\u00eda con mameluco como los dem\u00e1s repartidores lo iba a sacar de all\u00ed de una patada en el culo. Roberto estaba demasiado embalado para dar marcha atr\u00e1s y prefiri\u00f3 la patada.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Fueron interminables d\u00edas de tristeza, mientras buscaba otro trabajo. Su ambici\u00f3n era entrar a la casa de un gringo como mayordomo, jardinero, chofer o lo que fuese. Pero las puertas se le cerraban una tras otra. Algo hab\u00eda descuidado en su estrategia y era el aprendizaje del ingl\u00e9s. Como no ten\u00eda recursos para entrar a una academia de lenguas se consigui\u00f3 un diccionario, que empez\u00f3 acopiar aplicada mente en un cuaderno. Cuando lleg\u00f3 a la letra C tir\u00f3 el arpa, pues ese conocimiento puramente visual del ingl\u00e9s no lo llevaba a ninguna parte. Pero all\u00ed estaba el cine, una escuela que adem\u00e1s de ense\u00f1ar divert\u00eda. En la cazuela de los cines de estreno pas\u00f3 tardes \u00edntegras viendo en idioma original <i>westerns<\/i> y policiales. Las historias le importaban un comino, estaba solo atento a la manera de hablar de los personajes. Las palabras que lograba entender las apuntaba y las repet\u00eda hasta grab\u00e1rselas para siempre. A fuerza de rever los films aprendi\u00f3 frases enteras y hasta discursos. Frente al espejo de su cuarto era tan pronto el vaquero rom\u00e1ntico haci\u00e9ndole una irresistible declaraci\u00f3n de amor a la bailarina del bar, como el gangster feroz que pronunciaba sentencias lapidarias mientras cos\u00eda a tiros a su adversario. El cine adem\u00e1s aliment\u00f3 en \u00e9l ciertos equ\u00edvocos que lo colmaron de ilusi\u00f3n. As\u00ed crey\u00f3 descubrir que ten\u00eda un ligero parecido con Alain Ladd, que en un <i>western<\/i> aparec\u00eda en blue-jeans y chaqueta a cuadros rojos y negros. En realidad solo ten\u00eda en com\u00fan la estatura y el mech\u00f3n de pelo amarillo que se dejaba caer sobre la frente. Pero vestido igual que el actor se vio diez veces seguidas la pel\u00edcula y al t\u00e9rmino de esta se quedaba parado en la puerta, esperando que salieran los espectadores y se dijeran, pero mira, qu\u00e9 curioso ese tipo se parece a Alain Ladd. Cosa que nadie dijo, naturalmente, pues la primera vez que lo vimos en esa pose nos re\u00edmos de \u00e9l en sus narices.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Su madre nos cont\u00f3 un d\u00eda que al fin Roberto hab\u00eda encontrado un trabajo, no en la casa de un gringo como quer\u00eda, pero tal vez algo mejor, en el club de Bowling de Miraflores. Serv\u00eda en el bar de cinco de la tarde a doce de la noche. Las pocas veces que fuimos all\u00ed lo vimos reluciente y diligente. A los ind\u00edgenas los atend\u00eda de una manera neutra y francamente impecable, pero con los gringos era untuoso y servil. Bastaba que entrara uno para que ya estuviera a su lado, tomando nota de su pedido y segundos m\u00e1s tarde el cliente ten\u00eda delante su hot-dog y su Coca-Cola. Se animaba adem\u00e1s a lanzar palabras en ingl\u00e9s y como era respondido en la misma lengua fue incrementando su vocabulario. Pronto cont\u00f3 con un buen repertorio de expresiones, que le permitieron granjearse la simpat\u00eda de los gringos, felices de ver un criollo que los comprendiera. Como Roberto era muy dif\u00edcil de pronunciar, fueron ellos quienes decidieron llamarlo Boby. Y fue con el nombre de Boby L\u00f3pez que pudo al fin matricularse en el Instituto Peruano-Norteamericano. Quienes entonces lo vieron dicen que fue el cl\u00e1sico chanc\u00f3n, el que nunca perdi\u00f3 una clase, ni dej\u00f3 de hacer una tarea, ni se priv\u00f3 de interrogar al profesor sobre un punto oscuro de gram\u00e1tica. Aparte de los blancones que por razones profesionales segu\u00edan cursos all\u00ed, conoci\u00f3 a otros L\u00f3pez, que desde otros horizontes y otros barrios, sin que hubiera mediado ning\u00fan acuerdo, alimentaban sus mismos sue\u00f1os y llevaban vidas convergentes a la suya. Se hizo amigo especialmente de Jos\u00e9 Mar\u00eda Cabanillas, hijo de un sastre de Surquillo. Cabanillas ten\u00eda la misma ciega admiraci\u00f3n por los gringos y hac\u00eda a\u00f1os que hab\u00eda empezado a estrangular al zambo que hab\u00eda en \u00e9l con resultados realmente vistosos. Ten\u00eda adem\u00e1s la ventaja de ser m\u00e1s alto, menos oscuro que Boby y de parecerse no a Alan Ladd, que despu\u00e9s de todo era un actor segund\u00f3n admirado por un grupito de ni\u00f1as <i>snobs<\/i>, sino al indestructible John Waynne. Ambos formaron entonces una pareja inseparable. Aprobaron el a\u00f1o con las mejores notas y m\u00edster Brown los puso como ejemplo al resto de los alumnos, hablando de \u201cun franco deseo de superaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">La pareja deb\u00eda tener largas, amen\u00edsimas conversaciones. Se les ve\u00eda siempre culoncitos, embutidos en sus blue-jeans deste\u00f1idos, yendo de aqu\u00ed para all\u00e1. Pero tambi\u00e9n es cierto que la ciudad no los tragaba, desarreglaban todas las cosas, ni parientes ni conocidos los pod\u00edan pasar. Por ello alquilaron un cuarto en un edificio del jir\u00f3n Mogoll\u00f3n y se fueron a vivir juntos. All\u00ed edificaron un reducto inviolable, que les permiti\u00f3 interpolar lo extranjero en lo nativo y sentirse en un barrio californiano en esa ciudad brumosa. Cada cual contribuy\u00f3 con lo que pudo, Boby con sus afiches y sus posters y Jos\u00e9 Mar\u00eda, que era aficionado a la m\u00fasica, con sus discos de Frank Sinatra, Dean Martin y Tommy Dorsey. \u00a1Qu\u00e9 gringos eran mientras recostados en el sof\u00e1-cama, fumando su Lucky, escuchaban \u201cStrangers in the night\u201d y miraban pegado al muro el puente sobre el r\u00edo Hudson! Un esfuerzo m\u00e1s y \u00a1hop! ya estaban caminando sobre el puente. Para nosotros era dif\u00edcil viajar a Estados Unidos. Hab\u00eda que tener una beca o parientes all\u00e1 o mucho dinero. Ni L\u00f3pez ni Cabanillas estaban en ese caso. No vieron entonces otra salida que el salto de pulga, como ya lo practicaban otros blanqui\u00f1osos, gracias al trabajo de <i>purser<\/i> en una compa\u00f1\u00eda de aviaci\u00f3n. Todos los a\u00f1os convocaban a concurso y ellos se presentaron. Sab\u00edan m\u00e1s ingl\u00e9s que nadie, les encantaba servir, eran sacrificados e infatigables, pero nadie los conoc\u00eda, no ten\u00edan recomendaci\u00f3n y era evidente, para los calificadores, que se trataba de mulatos talqueados. Fueron desaprobados.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Dicen que Boby llor\u00f3 y se mes\u00f3 desesperadamente el cabello y que Cabanillas tent\u00f3 un suicidio por salto al vac\u00edo desde un modesto segundo piso. En su refugio de Mogoll\u00f3n pasaron los d\u00edas m\u00e1s sombr\u00edos de su vida, la ciudad que los albergaba termin\u00f3 por convertirse en un trapo sucio a fuerza de cubrirla de insultos y reproches. Pero el \u00e1nimo les volvi\u00f3 y nuevos planes surgieron. Puesto que nadie quer\u00eda ver aqu\u00ed con ellos, hab\u00eda que irse como fuese. Y no quedaba otra v\u00eda que la del inmigrante disfrazado de turista. Fue un a\u00f1o de duro de trabajo en el cual fue necesario privarse de todo a fin de ahorrar para el pasaje y formar una bolsa com\u00fan que les permitiera defenderse en el extranjero. As\u00ed ambos pudieron al fin hacer maletas y abandonar para siempre esa ciudad odiada, en la cual tanto hab\u00edan sufrido, y a la que no quer\u00edan regresar as\u00ed no quedara piedra sobre piedra.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Todo lo que viene despu\u00e9s es previsible y no hace falta mucha imaginaci\u00f3n para completar esta par\u00e1bola. En el barrio dispusimos de informaciones directas: cartas de Boby a su mam\u00e1, noticias de viajeros y, al final, relato de un testigo. Por lo pronto Boby y Jos\u00e9 Mar\u00eda se gastaron en un mes lo que pensaban les durar\u00eda un semestre. Se dieron cuenta adem\u00e1s que en Nueva York se hab\u00edan dado cita todos los L\u00f3pez y Cabanillas del mundo, asi\u00e1ticos, \u00e1rabes, aztecas, africanos, ib\u00e9ricos, mayas, chibchas, sicilianos, caribe\u00f1os, musulmanes, quechuas, polinesios, esquimales, ejemplares de toda procedencia, lengua, raza y pigmentaci\u00f3n y que ten\u00edan solo en com\u00fan el querer vivir como un yanqui, despu\u00e9s de haber cedido su alma y haber intentado usurpar su apariencia. La ciudad los toleraba unos meses, complacientemente, mientras absorb\u00eda sus d\u00f3lares ahorrados. Luego, como por un tubo, los dirig\u00eda hacia el mecanismo de la expulsi\u00f3n. A duras penas obtuvieron ambos una pr\u00f3rroga de sus visas, mientras trataban de encontrar un trabajo estable que les permitiera quedarse, al par que las Quecas del lugar, y eran tantas, les pasaban por las narices, sin concederles ni siquiera la atenci\u00f3n ofuscada que nos despierta una cucaracha. La ropa se les gast\u00f3, la m\u00fasica de Frank Sinatra les llegaba al huevo, la sola idea de tener por todo alimento que comerse un hot-dog, que en Lima era una gloria, les daba n\u00e1useas. Del hotel barato pasaron al albergue cat\u00f3lico y luego a la banca del parque p\u00fablico. Pronto conocieron esa cosa blanca que ca\u00eda del cielo, que los despintaba y que los hac\u00eda patinar como idiotas en veredas heladas y que era, por el color, una perfidia racista de la naturaleza. Solo hab\u00eda una soluci\u00f3n. A miles de kil\u00f3metros de distancia, en un pa\u00eds llamado Corea, rubios estadounidenses combat\u00edan contra unos horribles asi\u00e1ticos. Estaba en juego la libertad de Occidente dec\u00edan los diarios y lo repet\u00edan los hombres de estado en la televisi\u00f3n. \u00a1Pero era tan penoso enviar a los <i>boys<\/i> a ese lugar! Mor\u00edan como ratas, dejando a p\u00e1lidas madres desconsoladas en peque\u00f1as granjas donde hab\u00eda un cuarto en el altillo lleno de viejos juguetes. El que quisiera ir a pelear un a\u00f1o all\u00ed ten\u00eda todo garantizado a su regreso: nacionalidad, trabajo, seguro social, integraci\u00f3n, medallas. Por todo sitio exist\u00edan centros de reclutamiento. A cada voluntario, el pa\u00eds le abr\u00eda su coraz\u00f3n. Boby y Jos\u00e9 Mar\u00eda se inscribieron para no ser expulsados. Y despu\u00e9s de tres meses de entrenamiento en un cuartel partieron en un avi\u00f3n enorme. La vida era una aventura maravillosa, el viaje fue inolvidable. Habiendo nacido en un pa\u00eds mediocre, mis\u00e9rrimo y melanc\u00f3lico, haber conocido la ciudad m\u00e1s agitada del mundo, con miles de privaciones, es verdad, pero ya eso hab\u00eda quedado atr\u00e1s, ahora llevaban un uniforme verde, volaban sobre planicies, mares y nevados, empu\u00f1aban armas devastadoras y se aproximaban j\u00f3venes a\u00fan colmados de promesas, al reino de lo ignoto.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">La lavandera Mar\u00eda tiene cantidades de tarjetas postales con templos, mercados y calles ex\u00f3ticas, escritas con una letra muy peque\u00f1a y aplicada. \u00bfD\u00f3nde quedar\u00e1 Se\u00fal? Hay muchos anuncios y cabarets. Luego cartas del frente, que nos ense\u00f1\u00f3 cuando le vino el primer ataque y dej\u00f3 de trabajar unos d\u00edas. Gracias a estos documentos pudimos reconstruir bien que mal lo que pas\u00f3. Progresivamente, a trav\u00e9s de sucesivos tanteos, Boby fue aproxim\u00e1ndose a la cita que hab\u00eda concertado desde que vino al mundo. Hab\u00eda que llegar a un paralelo y hacer frente a oleadas de soldados amarillos que bajaban del polo como cancha. Para eso estaban los voluntarios, los ind\u00f3mitos vig\u00edas de Occidente. Jos\u00e9 Mar\u00eda se salv\u00f3 por milagro y ense\u00f1aba con orgullo el mu\u00f1\u00f3n de su brazo derecho cuando regres\u00f3 a Lima, meses despu\u00e9s. Su patrulla hab\u00eda sido enviada a reconocer un arrozal, donde se supon\u00eda que hab\u00eda emboscada una avanzadilla coreana. Boby no sufri\u00f3, dijo Jos\u00e9 Mar\u00eda, la primera r\u00e1faga le vol\u00f3 el casco y su cabeza fue a caer en una acequia, con todo el pelo pintado revuelto hacia abajo. El s\u00f3lo perdi\u00f3 un brazo, pero estaba all\u00ed vivo, contando estas historias, bebiendo su cerveza helada, desempolvado ya y zambo como nunca, viviendo holgadamente de lo que le cost\u00f3 ser un mutilado. La mam\u00e1 de Roberto hab\u00eda sufrido entonces su segundo ataque que la borr\u00f3 del mundo. No pudo leer as\u00ed la carta oficial en la que le dec\u00edan que Bob L\u00f3pez hab\u00eda muerto en acci\u00f3n de armas y ten\u00eda derecho a una citaci\u00f3n honor\u00edfica y a una prima para su familia. Nadie la pudo cobrar.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\n<p align=\"JUSTIFY\"><i>Colof\u00f3n<\/i><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00bfY Queca? Si Bob hubiera conocido su historia tal vez su vida habr\u00eda cambiado o tal vez no, eso nadie lo sabe. Billy Mulligan la llev\u00f3 a su pa\u00eds, como estaba convenido, a un pueblo de Kentucky donde su padre hab\u00eda montado un negocio de carnes de cerdo enlatada. Pasaron unos meses de infinita felicidad, en esa linda casa con amplia calzada, verja, jard\u00edn y todos los aparatos el\u00e9ctricos inventados por la industria humana, una casa en suma como las que hab\u00eda en cien mil pueblos de ese pa\u00eds-continente. Hasta que a Billy le fue saliendo el irland\u00e9s que disimulaba su educaci\u00f3n puritana, al mismo tiempo que los ojos de Queca se agrandaron y adquirieron una tristeza lime\u00f1a. Billy fue llegando cada vez m\u00e1s tarde, se aficion\u00f3 a las m\u00e1quinas tragamonedas y a las carreras de auto, sus pies le crecieron m\u00e1s y se llenaron de callos, le sali\u00f3 un lunar maligno en el pescuezo, los s\u00e1bados se inflaba de <i>bourbon<\/i> en el club Amigos de Kentucky, se enred\u00f3 con una empleada de la f\u00e1brica, choc\u00f3 dos veces el carro, su mirada se volvi\u00f3 fija y aguachenta y termin\u00f3 por darle de pu\u00f1etazos a su mujer, a la linda, inolvidable Queca, en las madrugadas de los domingos, mientras sonre\u00eda est\u00fapidamente y la llamaba chola de mierda.<\/p>\n<p align=\"RIGHT\">(Escrito en Par\u00eds en 1954).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"RIGHT\">* * *<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/Ribeyro-Alienacion.pdf\"><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"RIGHT\">Descarga en PDF<\/p>\n<p><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Julio Ram\u00f3n Ribeyro Alienaci\u00f3n Edici\u00f3n para el club virtual de lectura En las nubes de la ficci\u00f3n. Universidad del Pac\u00edfico, octubre de 2013. A pesar de ser zambo y de llamarse L\u00f3pez, quer\u00eda parecerse cada vez menos a un zaguero &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/textos-de-discusion\/julio-ramon-ribeyro-alienacion\/\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"parent":9,"menu_order":32,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-1077","page","type-page","status-publish","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/1077","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1077"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/1077\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1079,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/1077\/revisions\/1079"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/9"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1077"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}