{"id":1068,"date":"2013-10-25T19:52:04","date_gmt":"2013-10-25T19:52:04","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/\/?page_id=1068"},"modified":"2013-10-25T19:52:04","modified_gmt":"2013-10-25T19:52:04","slug":"ciro-alegria-cuarzo","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/textos-de-discusion\/ciro-alegria-cuarzo\/","title":{"rendered":"Ciro Alegr\u00eda, \u00abCuarzo\u00bb"},"content":{"rendered":"<h6 align=\"RIGHT\"><span style=\"font-size: small;\">Edici\u00f3n para el club virtual de lectura <i>En las nubes de la ficci\u00f3n<\/i>. Universidad del Pac\u00edfico, octubre de 2013.<\/span><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">El indio Fabi\u00e1n caminaba imaginando la cara que su peque\u00f1o hijo pondr\u00eda al ver el cuarzo. El bloque trasl\u00facido erizado de varillas refulgentes, estaba con la calabaza y la cuchara de palo del yantar y otros trastos, en el fondo de las alforjas que le ce\u00f1\u00edan el hombro. Un quebrado sendero, \u00e1gil equilibrista de bre\u00f1ales andinos, aumentaba la brusquedad de su paso, por lo cual los objetos de las alforjas se entrechocaban produciendo un ruido mon\u00f3tono que rimaba con el choclear de las ojotas. M\u00e1s all\u00e1, en torno del viajero, s\u00f3lo hab\u00eda silencio. La puna estaba cargada de noche. Un ligero viento no consegu\u00eda silbar entre las pajas.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">A Fabi\u00e1n no le importaba la cegadora oscuridad ni las desigualdades de la ruta, pues se hallaba acostumbrado a vencerlas con habilidad aprendida entre las mismas pe\u00f1as. Am\u00e9n de que la noche a flor de tierra no era tan densa y permit\u00eda estar, erguido, as\u00ed fuera sobre un hilo de senda rondadora de abismos. M\u00e1s sombra tuvo en la profundidad de la mina, mayor incomodidad en la estrechez del socav\u00f3n roque\u00f1o.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Trabaj\u00f3 dos meses all\u00ed. Los peones entraban por las prietas galer\u00edas a barrenar y dinamitar las entra\u00f1as de la tierra, extrayendo una sustancia pesada y lustrosa, de color chocolate, envuelta en rutilantes rocas de cuarzo. Una callada hilera de mujeres andinas, que era como un arco iris de pollerones orlando la tierra gris, tom\u00e1bala entonces y separaba el cuarzo, rompi\u00e9ndolo a golpe de martillo. As\u00ed, los fragmentos de tungsteno quedaban listos para ser cargados en asnos y llamas y enviados muy lejos. Fabi\u00e1n no sab\u00eda precisamente a d\u00f3nde ni para qu\u00e9. Se hablaba de que hab\u00eda una guerra grande en el mundo y que esa guerra, fuera de gente, com\u00eda tungsteno. Muchos inventos sacaban. Al principio, unos gringos treparon los roquedales andinos a explorar y luego llamaron a los campesinos para el laboreo. Ahora se llevaban el mineral. Y sobre la ancha falda del cerro rico, seg\u00fan pod\u00eda verse, nevaba la nueva nieve del cuarzo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Los viajeros de la regi\u00f3n no dejaban de echar un vistazo a la original industria. Antes vieron explotar el oro, la plata, el cobre, aun el carb\u00f3n. Los tiempos modernos con su fiera guerra, hab\u00edan valorizado el&#8230; \u201c\u00bfc\u00f3mo se llama?&#8230; \u00a1Ah, el tungsteno!\u201d. Mascullaban algo en tono de broma y, como nadie lo imped\u00eda, echaban a las alforjas un trozo de brillante cuarzo para obsequio o recuerdo. Lleg\u00f3 a ponerse de moda. Por toda la comarca se esparci\u00f3 la roca de la mina. Los ni\u00f1os indios miraban maravillados los poliedros, hasta que al fin se atrev\u00edan a jugar con ellos. Las mujeres d\u00e1banles oficio de peanas. En los escritorios de los hacendados a guisa de pisapapeles, se ergu\u00edan triunfantes los haces de varillas. Fabi\u00e1n llevaba tambi\u00e9n ese regalo para su peque\u00f1o: cuarzo, luz de piedra. No era lo \u00fanico. En una esquina del pa\u00f1uelo ten\u00eda amarrados quinientos soles, s\u00f3lo algunos de metal firme, a la verdad, pero los billetes val\u00edan en las tiendas del pueblo. Su mujer ten\u00eda vista una falda de percal floreado. \u00c9l andaba aficionado de una cuchilla. El peque\u00f1o quer\u00eda una sonaja. Justo el domingo pr\u00f3ximo ir\u00edan al pueblo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Todo ello alegraba al viajero como la perspectiva de alcanzar sus lares. Ten\u00eda el coraz\u00f3n hecho un abrazo para la mujer y el hijo, la casa y el ganado, la tierra y la siembra. Cuatro leguas m\u00e1s de camino y estar\u00eda en lo suyo. Ah\u00ed la luz surg\u00eda en los cerros para mostrar al hombre todas las cosas buenas que animaban la ondulaci\u00f3n de los campos y no a marcarle la necesidad de hundirse en el socav\u00f3n ah\u00edto de tr\u00e9mulas tinieblas y ensordecedores ruidos de barrena. Despu\u00e9s de todo, pagaban algo en la mina y descontando gastos de comida y ca\u00f1azo bueno para el fr\u00edo, sol\u00eda sobrar un poco. Dec\u00edan que cuando terminara la guerra, esa pelea lejana y hasta cierto punto misteriosa, la explotaci\u00f3n del tungsteno cesar\u00eda y era cuesti\u00f3n de aprovechar ahora.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Marchaba vigorosamente, venciendo con r\u00e1pido paso los altibajos y recovecos de cuestas y laderas. Su mujer estar\u00eda contenta con los quinientos soles, su hijo con el cuarzo. La cara que pon\u00eda el peque\u00f1o al alegrarse, de puro risue\u00f1a era c\u00f3mica y le hac\u00eda a Fabi\u00e1n mucha gracia. Una leve sonrisa se perdi\u00f3 en sus facciones tal si fuera en monta\u00f1as calladas.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">S\u00fabitamente fulgur\u00f3, partiendo del cielo y la noche, la candela fugaz de un lejano rel\u00e1mpago. El granizo apedre\u00f3 despu\u00e9s el sombrero de junco y las rocas. Por \u00faltimo, la lluvia cay\u00f3 en apretados y sonoros chorros. Humedeciendo r\u00e1pidamente el poncho, que templ\u00f3 su fr\u00eda pesantez de los hombros, comenz\u00f3 a lamer las espaldas con su lengua helada. \u201cYa <span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">\u2014<\/span>se dijo el caminante<span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif;\">\u2014<\/span>, ojal\u00e1 escampe luego\u201d. Pero el aguacero no ten\u00eda trazas de parar. Su violencia creci\u00f3 m\u00e1s todav\u00eda a favor de un viento que lleg\u00f3 dando alaridos en la sombra. Los chorros adquir\u00edan una furia de chicote sobre la cara. Fabi\u00e1n tuvo que sacarse las ojotas, pues el sendero se torn\u00f3 muy resbaladizo. Sab\u00eda caminar engarfiando los dedos en la arcilla mojada, a fin de no deslizarse y caer.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">De rato en rato, la llama de los rel\u00e1mpagos iluminaba la puna y el eco de los truenos rodaba sordamente de picacho en picacho. A la fugaz claridad, las rocas enhiestas parec\u00edan encajarse en el negro cielo y la delgada canaleta del sendero brillaba tr\u00e9mula como si fuera a deshacerse con la pl\u00e9tora de agua y fango. Por ella segu\u00eda chapoteando Fabi\u00e1n, tozudamente, calado hasta los tu\u00e9tanos por la humedad y el fr\u00edo. Sac\u00f3 de las alforjas un pu\u00f1ado de coca que chorreaba agua y se puso a masticarla para sobrellevar mejor la marcha. Hab\u00eda tenido que lentificarla y tardar\u00eda m\u00e1s en llegar.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Con las horas, disminuy\u00f3 la furia de la tempestad. S\u00f3lo la lluvia continuaba cayendo, densa y sonora, con esa pertinacia propia de los aguaceros nocturnos. \u201cPasar\u00e1 al amanecer\u201d, pens\u00f3 Fabi\u00e1n. Y se ech\u00f3 m\u00e1s coca entre los belfos ateridos y agit\u00f3 el poncho para librarlo un tanto del agua y que pesara menos.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u00a1Malhaya las chanzas del tiempo! Fabi\u00e1n pensaba en el tibio lecho de bayetas y pieles de carnero, en el fog\u00f3n de vivaces llamas, en la sopa reconfortante que su mujer hac\u00eda. El cuerpo de Donatila era c\u00e1lido y bueno. La lluvia tendr\u00eda que contentarse con chapotear a la puerta del boh\u00edo. \u00c9l iba a llegar ya. Los raros rel\u00e1mpagos le precisaban la posici\u00f3n. He ah\u00ed las rocas que se alzaban en las inmediaciones de las chacras y, bajo sus pies, las curvas mejor conocidas, los escalones m\u00e1s familiares por frecuentados debido a la proximidad del boh\u00edo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">De pronto, un trueno alarg\u00f3 desmesuradamente su estruendo. Ronc\u00f3 estremeciendo la noche y acallando por un momento el tenaz rumor del aguacero. Fabi\u00e1n se sobresalt\u00f3 con todas las fuerzas de su instinto, deteni\u00e9ndose y echando hacia la sombra y la lejan\u00eda los hilos tensos de sus sentidos. Continuaban produci\u00e9ndose ruidos confusos, como de piedras que ruedan y maderos que se rompen. El fuerte olor de la tierra revuelta pas\u00f3 en oleadas espesas. Ya no le cupo duda. Un derrumbe se hab\u00eda lanzado cuesta abajo y terminaba ahora de arrastrar sus \u00faltimos restos hacia el fondo de la enca\u00f1ada. No ser\u00eda en su parcela. \u00c9l mismo hab\u00eda visto que todo era firme all\u00ed, que ni una vara de suelo vacilar\u00eda. Con una consistencia s\u00f3lida e inclinaci\u00f3n propicia al desag\u00fce, nada hab\u00eda que temer&#8230;<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Fabi\u00e1n prosigui\u00f3 su marcha, deseando solamente que el alud no hubiera cortado la ruta. Mas estaba de contratiempos esa noche. El olor a fango se hizo permanente y pronto debi\u00f3 admitir que el camino se romp\u00eda, perdi\u00e9ndose en un barranco formado por la avalancha. Sus pies vacilaron sobre la \u00faltima fracci\u00f3n de senda, deleznable ya. Volvi\u00f3 calmosamente, casi a gatas, y termin\u00f3 por acomodarse al pie de una gran roca cuya inclinaci\u00f3n pod\u00eda defenderlo de la lluvia. Esta segu\u00eda cayendo con terca insistencia.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u201cApenas aclare, buscar\u00e9 paso\u201d, resolvi\u00f3 Fabi\u00e1n, acurruc\u00e1ndose en espera del alba. Despu\u00e9s de un rato, brill\u00f3 un rezagado rel\u00e1mpago. Su escasa lumbre bast\u00f3 para que el indio alerta viera la franja gris que manchaba el cerro. \u00bfEra tan grande que abarcaba el sitio de la casa y el redil? Ten\u00eda la evidencia de que una chacra hab\u00eda desaparecido, pero esperaba que all\u00e1, al otro lado, se elevaran todav\u00eda el promontorio del boh\u00edo y la cerca de la majada. No se pod\u00eda columbrar. Ahora s\u00ed que aguardaba ansiosamente el alba. De saber, habr\u00eda rezado y se encomend\u00f3 como pudo, en una muda imploraci\u00f3n, a la Sant\u00edsima Virgen. En la espera larga, la sombra parec\u00eda adherida a las monta\u00f1as. S\u00f3lo la lluvia fue amengu\u00e1ndose y termin\u00f3 por irse, aunque no con la brusquedad con que llegara.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Y al fin un g\u00fcicho, vig\u00eda del alba, desenvolvi\u00f3 su agudo y claro canto. \u00a1Esa sostenida melod\u00eda despertaba otrora al coraz\u00f3n de Fabi\u00e1n! Con ella se hab\u00eda levantado a recibir el sol en medio del roc\u00edo titilante, los sembr\u00edos promisorios y el ganado en acecho de la vastedad de la puna. Pero ahora obedeci\u00f3 al sonido para incorporarse a escrutar los cerros, en una angustiosa interrogaci\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">La claridad opaca del amanecer neblinoso borde\u00f3 un picacho, avanz\u00f3 por el cielo y luego descendi\u00f3 enharinando la enca\u00f1ada. Entonces Fabi\u00e1n pudo ver. Cada vez m\u00e1s claramente, vio. La avalancha se hab\u00eda llevado todo, amontonando ruinas en lo m\u00e1s bajo del abra, all\u00ed entre los retorcidos alisos que bordeaban una quebrada. La huella oscura comenzaba arriba, muy alto, al pie de una gran pe\u00f1a, se curvaba un tanto al adquirir amplitud y luego descend\u00eda por la falda del cerro, recta y violentamente, hasta el fondo. Un pardo retazo de chacra quedaba al otro lado, pero la casa y el redil, con todo lo m\u00e1s querido, estar\u00edan abajo, envueltos en el hacinamiento de troncos, piedras y barro.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">El d\u00eda fue pronto una luz amarilla que comenz\u00f3 a brillar en la yerba y a calentar la tierra, levantando el vaho las nubes. Fabi\u00e1n no dejaba de mirar la mancha gris. De saber cosas, la habr\u00eda encontrado igual a la silueta con que los dibujantes de fantas\u00edas fingen el s\u00edmbolo de la muerte. Para \u00e9l era solamente la presencia de la desgracia hecha lluvia, flojedad y ca\u00edda hecha derrumbe. Todo ten\u00eda una aplastante simplicidad, una definici\u00f3n sin r\u00e9plica.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Admiti\u00e9ndolo as\u00ed, descendi\u00f3 bordeando el nuevo barranco hasta llegar a su t\u00e9rmino. El cad\u00e1ver de una oveja asomaba apenas del lodazal, lo mismo que dos vigas. Bajo una costra de tierra, la azulosa pupila de la oveja se empe\u00f1aba en mirar obstinadamente.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Habr\u00eda que sacar a la mujer y al hijo para darles la debida sepultura y a las ovejas para desollarlas. Vender\u00eda las pieles y la carne servir\u00eda para el velorio. El sol lleg\u00f3 a hundirse en el revuelto conglomerado, haciendo m\u00e1s intenso el olor acre del barro. Fabi\u00e1n dio varias vueltas considerando indicios y lo observ\u00f3 todo sin que se contrajera un m\u00fasculo de su cetrina faz. La tibieza del sol le record\u00f3 la conveniencia de secar el poncho y lo extendi\u00f3 -rojo y azul- sobre unas matas. Luego pens\u00f3 en ir a demandar ayuda, pero al punto cay\u00f3 en cuenta de que los indios de los contornos, al advertir la huella en el cerro, acudir\u00edan a examinar lo sucedido, encontr\u00e1ndose con \u00e9l y d\u00e1ndole una mano en la tarea. Con todo, \u00e9sta ser\u00eda larga y conven\u00eda renovar la entonadora dotaci\u00f3n de coca a fin de acopiar fuerzas. Sent\u00f3se, pues, a un lado, revolviendo las alforjas que guardaban la hoja verde. Al hacerlo encontr\u00f3 el albo y aristado trozo de cuarzo, que fulgur\u00f3 bellamente bajo el sol. Pero en los ojos de Fabi\u00e1n centell\u00f3 tambi\u00e9n una llama y con un desde\u00f1oso movimiento del brazo, lo arroj\u00f3 hacia las ruinas. El cuarzo sumergi\u00f3 su n\u00edtida blancura en la prieta masa del barro, produciendo un breve chasquido.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Y esa llama fugaz y tal gesto despectivo fueron los \u00fanicos signos exteriores de que algo hab\u00eda ocurrido en el alma del indio Fabi\u00e1n. Despu\u00e9s, hasta sentirse con \u00e1nimo para la faena, se puso a masticar su coca impasiblemente.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"JUSTIFY\">* * *<\/p>\n<p><a title=\"Ciro Alegr\u00eda, &quot;Cuarzo&quot;\" href=\"https:\/\/blogs.up.edu.pe\/nubes\/\/wp-content\/uploads\/2013\/10\/Alegria-Cuarzo.pdf\"><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"JUSTIFY\">Versi\u00f3n en PDF para descargar<\/p>\n<p><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Edici\u00f3n para el club virtual de lectura En las nubes de la ficci\u00f3n. Universidad del Pac\u00edfico, octubre de 2013. &nbsp; El indio Fabi\u00e1n caminaba imaginando la cara que su peque\u00f1o hijo pondr\u00eda al ver el cuarzo. 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