¿Soy bipolar?

 “Yo puedo estar muy contenta, y luego me dicen algo malo y me pongo  llorar… debo ser bipolar.”

“Te juro que no entiendo al profe, en clase es buenísima gente, pero en el examen es un machetero…Es que ése es un bipolar…”

“Mi mamá está loca, creo que es bipolar.”

Es un hecho, la bipolaridad está de moda. Tan de moda como lo estuvo hace un par de años ser border y, antes de eso, ser histérico… y curiosamente los tres términos, que remiten a cuadros completamente distintos, se han utilizado en épocas distintas, por generaciones distintas, para referirse a lo mismo: los cambios bruscos de humor. Y cuando digo que está de moda, no exagero. Hasta es cosa de chiste (“¿Qué es más peligroso que un oso polar?”, me pregunta un amigo. Tras mi respuesta, para mí obvia, “dos osos polares”, replica: “No, un oso bipolar”… jaja). Pareciera que todos son, o quieren ser, bipolares (la razón aún no la encuentro… será que es “chévere” ser algo).
El término bipolar se aplica indiscriminadamente a todos, ya sea al amigo que se pone triste de súbito, a la hermana que grita porque cogen sus cosas, a candidatos presidenciales de uno u otro bando, o a la madre –pobres madres, pareciera que sufren de personalidad múltiple y, para colmo, cada una de éstas padece una psicopatología distinta– que intenta poner límites y pierde la paciencia al no lograrlo.
Pero la bipolaridad va más allá de los cambios bruscos de humor, los cuales padecemos todos (si estoy pasando un momento agradable con amigos y alguien me da una mala noticia, definitivamente me voy a entristecer o enojar… no hacerlo sería lo raro).
Entonces, ¿quién es bipolar? La bipolaridad es una condición médica y, como tal, debe ser tratada con psicoterapia y medicación. Son personas que fluctúan entre la depresión (pero de las fuertes, no la “depre” diaria, sino aquélla que no te permite salir de la cama, te hace ver un futuro sin esperanzas, y hace que no encuentres placer en actividad alguna) y la manía (no esa con la que nos referimos a los hábitos desesperantes que no cambiamos por nada del mundo, sino esa loca que eleva el estado anímico y hace sentir omnipotente, invulnerable e infalible); de ahí que también se le conozca como trastorno maniaco-depresivo.
¿Y a qué viene todo esto? Simplemente a nuestro interés en que te puedas referir con propiedad a las enfermedades mentales. Ah, algo más a tomar en cuenta: la edad. Sí, entre los 13 y 19 años, los cambios de humor son habituales, y hasta esperados. Así que no te asustes (¿o afanes?) porque pasas de la risa al llanto a la cólera. No eres bipolar, eres adolescente.
Si quieres ver cómo es un verdadero bipolar y los riesgos a los que se expone, échale un vistazo a Richard Gere (especie de George Clooney de inicio de los 90) en la película Mr. Jones.

Jorge Pérez-Reyes
Psicólogo
 

1 comment

  1. Anonymous   •  

    “no eres bipolar, eres adolescente” jajaja +1

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