No soy obsesivo… No soy obsesivo… No soy obsesivo…

Solemos decir que una persona es obsesiva cuando muestra tendencias perfeccionistas o cuando tiene “manías” que a otros desesperan o causan gracia. Sin embargo, no todo obsesivo busca necesariamente perfección en lo que hace. De igual manera, por más que las conductas obsesivas de otros pueden parecer enervantes o risibles, lo cierto es que el obsesivo no puede, por más que quiera, evitarlo.

Ese es precisamente el drama del obsesivo: quiere, pero no puede. Quiere no lavarse las manos veinte veces al día, pero no puede evitarlo porque se siente sucio; quiere no repetir tres veces lo que dice (o pedir que le repitan lo que escucha), pero debe cerciorase de que ha comprendido o de que lo han comprendido; quiere no separar las cosas en pares o mitades, pero necesita el equilibrio. El obsesivo se da cuenta de su conducta y de lo que genera en otros, y lo que para los demás es causa de fastidio o risa, para él es causa de sufrimiento.

Imagina no avanzar una lectura al ritmo de tus compañeros porque necesitas leer tres veces cada oración, o no animarte a preguntar tus dudas en clase porque sabes que, cuando el profesor te responda, le vas a tener que preguntar un par de veces más para estar seguro de lo que has comprendido (aun sabiendo que ya lo comprendiste). Esto, a la larga, afectaría tu rendimiento académico y tu desempeño social; de ahí que decimos que el obsesivo sufre su trastorno.

¿Qué es el TOC?

El TOC (trastorno obsesivo-compulsivo) se caracteriza por la recurrencia y persistencia de pensamientos intrusivos (invaden la conciencia en contra de la voluntad de la persona), los cuales son vividos como exagerados o sin sentido y producen inquietud y preocupación. Estas son las obsesiones y, aunque aparentemente carecen de sentido, generalmente tienen como finalidad prevenir -en la mente del obsesivo- una catástrofe o evento adverso.

Las compulsiones, por su parte, son conductas repetitivas, generalmente “caprichosas” y aparentemente finalistas que se realizan según determinadas reglas de forma estereotipada con el fin de reducir la ansiedad provocada por la obsesión. Por lo general, se reconoce la falta de sentido de la conducta (verificar varias veces las cosas una y otra vez, tocar con una mano lo que ha sido tocado previamente con la otra, etc.) y no se obtiene placer en realizarla, aunque disminuye la ansiedad provocada por la obsesión. El obsesivo nota que una sola compulsión no basta para reducir su ansiedad, y entonces se ve obligado a repetir o aumentar el ritual, con lo que, si bien alivia el malestar, se refuerza la dinámica del trastorno (círculo vicioso).

Las obsesiones, como hemos mencionado, no tienen que ver necesariamente con el afán de perfeccionismo (y este por sí solo no es suficiente para calificar a alguien de obsesivo), algunas se relacionan con: evitar enfermarse, ensuciarse, contagiarse o contaminarse; verificar hechos con el fin de evitar alguna catástrofe; ordenar de manera determinada y rígida los objetos y espacios; acumular objetos, generalmente insignificantes; buscar sentido a los números; dudas y supersticiones, entre otras.

Ya no es tan gracioso, ¿no?

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