Me quiero + Me respeto: Me acepto

En algunas ocasiones la autoaceptación y la autoestima pueden parecer muy similares, pero realmente la autoaceptación significa que nosotros mismos nos aceptemos total e incondicionalmente, ya sea que se actúe o no de forma inteligente, correcta o competente y al margen de si los demás lo aprueban o respetan. Es saber evaluar y valorar nuestros pensamientos, emociones y conductas en relación con los objetivos básicos de mantenernos con vida y ser razonablemente felices con el fin de determinar si nos ayudan a conseguirlos, sin valorar si es “bueno” o “malo”, pero siempre sin excepciones.

Existe también la aceptación incondicional del otro; valoramos los que otras personas piensan, sienten y hacen, en función de los estándares de la sociedad y de los propios, como “bueno” o “malo”. Pero nunca las valoramos a ellas, es decir, a su persona. Las aceptamos y respetamos, aunque no aceptemos algunos de sus rasgos o conductas, simplemente porque, igual que nosotros, son seres vivos y seres humanos, con defectos y virtudes.

También podemos conocer acerca de la aceptación incondicional de la vida, valoramos las circunstancias de nuestra vida y de la comunidad en la que vivimos como “buenas” o “malas”, de acuerdo con nuestros objetivos morales y con los de nuestra comunidad. Pero nunca valoramos estas circunstancias como “buenas” o “malas” en sí mismas.

Finalmente, ¿Qué podemos hacer para afrontar nuestros inconvenientes, los de los demás y los del mundo en general? Una probable respuesta es ser consciente de reconocer nuestra predisposición y tendencia a  provocar innecesariamente nuestra infelicidad, siendo en algunas ocasiones absolutistas a nuestros deseos y preferencias.  Reconocer nuestra irracionalidad (y las de los demás) con la máxima claridad posible.

Bibliografía:

Ellis, Albert (1988). Usted puede ser feliz.

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