Hacer o no hacer, he ahí el dilema…

Comienza un nuevo semestre académico y, con él, una serie de tareas (estudio, trabajos individuales o en grupo, exposiciones, entre otros) que no resultan siempre gratas, por lo que es común que sean postergadas hasta que resulte inevitable encargarse de ellas. Esta acción tiene un nombre: procrastinación.

El término refiere al hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras más irrelevantes o agradables. Así, lo importante queda supeditado a lo urgente.

Se trata de un trastorno volitivo del comportamiento que tiene su raíz en la asociación de la acción por realizar con la incomodidad, ya sea psicológica, física o intelectual, pues dicha acción se considera abrumadora, desafiante, inquietante, peligrosa, difícil, tediosa o aburrida, es decir, estresante.

Wlliam Knaus propone una serie de características personales propias de las personas con tendencia a la postergación:

  • Creencias irracionales basadas en una pobre autoimagen.
  • Perfeccionismo y miedo al fracaso en tareas donde no hay garantías de éxito.
  • Ansiedad y catastrofismo debido a que no hay garantía de éxito; como resultado, la persona se siente saturada e indefensa.
  • Rabia e impaciencia, pues al no cumplir las metas propuestas, surge una agresión contra sí mismo.
  • Necesidad de sentirse querido, buscando la recompensa en forma de amor o aceptación de los demás, por lo que se acepta todo tipo de demandas de los demás con el fin de agradar, dejando de lado las responsabilidades personales.
  • Sentirse saturado ante la acumulación de trabajo, por lo que se dificulta establecer prioridades; esto provoca ansiedad, saturación, estrés, angustia, indecisión, impotencia, inmovilización y fracaso, lo que cierra un círculo vicioso del que no se puede escapar.

Asimismo, se distinguen tres tipos de procrastinación:

  • Por evasión, cuando se evita empezar una tarea por miedo al fracaso; generalmente se debe a una autoestima poco sólida.
  • Por activación, cuando se posterga una tarea hasta que ya no hay más remedio que realizarla.
  • Por indecisión, típico de las personas que, intentando realizar la tarea, se pierden en pensar la mejor manera de hacerlo. Se denomina también complejo de Penélope (la mujer que tejía y destejía siempre la misma tela para evitar casarse con los pretendientes mientras esperaba que volviera su marido, Ulises).

Siendo un problema de autorregulación y de organización del tiempo, su solución consiste, entre otras cosas, en lograr una adecuada organización de este, concentrándose en realizar las tareas importantes que tienen un plazo de finalización más cercano.

Existen diversas maneras y estrategias para evitar procrastinar, tales como la “regla de los dos minutos”, establecer rutinas, aprender a decir “no” a otros, trabajar en los momentos de mayor energía, dividir el trabajo en tareas pequeñas y concretas, establecer recompensas, hacer público el reto, etc.

 

Referencias

Knaus, W. (1998) Superar el hábito de posponer. RET, Revista de Toxicomanías. Nº. 17. P 13-16. Recuperado de https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5518354

Sáez, F. 20 estrategias para dejar de procrastinar. Recuperado de https://facilethings.com/blog/es/how-not-to-procrastinate

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