El profesor particular: “Quédate con el profesor que te escuche y busque entenderte, antes de decirte cómo hacer algo”

Cuando el rendimiento en un curso no es el mejor y tomamos conciencia de la necesidad de ayuda para mejorar, son varias las alternativas que se pueden barajar:

 

  • Pedir asesoría al mismo profesor del curso
  • Estudiar en grupo para absolver dudas de manera colectiva, buscando que aquellos que “sepan un poco más” nos ayuden a “ver” y “comprender” los contenidos, desde una perspectiva diferente a la nuestra.
  • Inscribirnos en una academia o en asesorías colectivas para “repasar” los temas abordados en clase.
  • Buscar a un profesor particular que nos de esa asesoría “personalizada” que no siempre se obtiene en clase y al que podamos hacerle todas las preguntas que queramos, seguros que no tiene otro compromiso que no sea escuchar y resolver nuestras dudas y “enseñarnos” aquello que aún no sabemos (al menos durante el tiempo que está con nosotros).

 

Dedicaremos las siguientes líneas a abordar algunas consideraciones a tener en caso optes por la alternativa del profesor particular:

 

  • Busca a un profesor familiarizado con los contenidos específicos que se abordan en la materia en la que estás matriculado. Preferentemente, que conozca el curso, que se tome el tiempo de revisar el silabo e intente comprender la lógica de la asignatura, así como sus objetivos de aprendizaje.

 

  • No busques un profesor que te de “tips”, al menos que no sólo te de “tips”. Sabemos que quieres aprobar, sabemos que quieres obtener mejores notas, pero no te olvides que sobre todo quieres “aprender” y no solo aprender los contenidos, sino aprender a mirar, leer y analizar los ejercicios que ahora te resultan complejos, necesitas desarrollar tu pensamiento lógico de modo que llegado un momento, puedas enfrentar tú solo ejercicios que no necesariamente sean “iguales” a los hechos en clase.

 

  • No te limites a “mirar” cómo el profesor resuelve ejercicios: si sólo haces eso, estas confiando en que tu memoria pueda registrar el proceso de “cómo hizo determinado ejercicio tipo”. Mientras resuelve, pregúntale, cuestiona lo que hace, dile lo que tú piensas que se debe “hacer a continuación”; es más, en algunos momentos será mejor que tú te conviertas en el profesor y pídele que te escuche atentamente: plantea el ejercicio, resuelve y explica paso a paso lo que haces y por qué lo haces. Solo así, el profesor podrá comprender cómo es que estás pensando e identificará los errores, “nudos” y vacíos en tu procesamiento y razonamiento de la información para poder ayudarte a rectificar, desatar y completar lo necesario.

 

“QUÉDATE CON EL PROFESOR QUE TE ESCUCHE Y BUSQUE ENTENDERTE

ANTES DE DECIRTE CÓMO HACER ALGO”

 

  • No busques profesor solo “para pasar” una práctica o examen. Sabemos que hay un factor económico de por medio, pero es recomendable tener un proceso, ya que toma tiempo que el profesor pueda llegar a conocerte (tus fortalezas y debilidades) así como también toma tiempo que tú puedas definir si consideras que es una ayuda válida que impactará en tus resultados futuros (ojo con el plural: resultadoS, no resultadO). La tolerancia a la frustración es fundamental.

 

  • Como última recomendación, quizá la más difícil de cumplir porque no sólo depende de ti sino de la disponibilidad del profesor: trata de que tus horas con el profesor sean horas “lúcidas” para ti. Programar clases particulares el jueves de 8:00 a 10:00 p.m. luego de haber tenido clases de tres cursos desde las 7:30 a.m. en la Universidad puede que no sea lo mejor: ambos estarán cansados y tu energía no estará enfocada en atender y comprender, sino en mantenerte alerta y “aguantar” el cansancio.

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