De telarañas sociales y realidades virtuales I

Mucho se ha dicho de las consecuencias positivas y negativas de internet.
positivasEntre las primeras se cuentan el acceso a información a nivel mundial que, sin esta herramienta, resultaría muy difícil de conseguir. Además, ofrece formas de distracción, contacto y aprendizaje mutuo (una amiga conoció a su actual esposo por internet, ¿cómo la ven?),  la capacidad de expresarse y que nuestro mensaje llegue a millones de cibernautas, así como exponer nuestra información profesional en redes como LinkedIn.
La conexión no tiene límites, hay quien tiene como amigo en Facebook a amigos de sus amigos de sus amigos que nunca conocieron y posiblemente jamás conocerán, pero parafraseando la canción de Objetivo Birmania, los amigos de mis amigos son mis amigos, ¿o no? (y si no sabes de qué hablo… búscala en internet).
Second Life, satanizada hasta el cansancio por hacer que las personas vivan una realidad que no es (porque ahí puedes ser Ken si te da la gana, multimillonario, mejor tenista que Djokovic o Federer –que de lejos son mejores que Nadal, no me vengan–, o hasta cambiar de raza, religión o sexo… claro, todo eso lo puedes hacer en cualquier sitio de internet, pero en SL lo vives), ofrece también la oportunidad de acceder a clases virtuales en distintas universidades.
NEGATIVASEntre los aspectos negativos, se habla de la desconexión que “la red” genera con respecto al mundo “real” (algunos hablan de adicción). Así mismo, se cuestiona qué tan adecuado resulta el acceso ilimitado a la información (los niños pueden acceder a páginas con alto contenido violento o sexual) o al contacto con terceros (no es raro escuchar casos de pedófilos que acceden a distintos foros de discusión en busca de menores de edad a quienes luego seducen, como en la película Hard Candy y la propagación de material pirata (libros, música, vídeos) en perjuicio de sus autores.
Sea como fuere y por lo que fuere, ¿será que la telaraña nos ha capturado como moscas y espera pacientemente devorarnos? Posiblemente, lo que sí es seguro es que se requiere de espacios en donde la gente pueda compartir y ser “en el mundo real”, no necesariamente alejándose de la red, pero controlándola para que no nos controle.
Jorge Pérez-Reyes
Psicólogo

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