Cuando el alimento se vuelve tormento

En una entrada anterior comentamos acerca de los dos desórdenes alimenticios más conocidos: anorexia y bulimia, pero hay muchos más. Aquí presentamos solamente algunos para que puedas identificarlos y actuar adecuadamente frente a éstos.
COMPULSIÓN ALIMENTICIA Y BINGE EATING
La compulsión alimenticia se caracteriza por atracones de comida persistentes y frecuentes  que no van acompañados por las conductas purgatorias compensatorias que caracterizan a la bulimia.
 ¿Cómo reconocer a un comedor compulsivo?
Frecuentemente come cantidades de alimento mayores a las que la mayoría podría comer en un tiempo similar, aún cuando no tenga hambre, usualmente a solas o en secreto.
 Se siente incapaz de controlarse durante la comilona, y muestra enojo consigo mismo después.
 Ha intentado todo tipo de dietas sin éxito.
 Comer reduce su ansiedad y estrés.
 Usualmente es una persona obesa, inactiva y deprimida.
 Recupera el peso perdido rápidamente.
 Siente culpa, vergüenza y coraje por su figura y sus conductas hacia la comida.
El binge eating (o trastorno por atracón) es un desorden asociado a la bulimia, en el que la persona presenta, en un corto período de tiempo, atracones de comida, de una cantidad definitivamente superior a la que la mayoría podría consumir en el mismo tiempo y bajo circunstancias similares. Estos atracones deben darse al menos dos veces a la semana, por un periodo mínimo de seis meses.
Aunque pueden parecer desórdenes similares, las personas con binge eating no presentan compulsión a comer, ni pasan gran parte del tiempo fantaseando acerca de la comida; incluso algunos tienen sentimientos negativos hacia ésta.
ORTOREXIA
La ortorexia (Steven Bratman, 1997) se define como la obsesión patológica por consumir solamente comida sana, y  puede llegar a transformarse en enfermedad si no se ingieren grasas, preservantes, productos animales (carnes, pescado) u otros alimentos necesarios. Parte del ritual incluye la obsesión por distribuir los alimentos siguiendo patrones geométricos, cortarlos de determinada manera, y utilizar exclusivamente cierto tipo de  materiales (por ejemplo, sólo cerámica o sólo madera).
 Los ortoréxicos desarrollan sus propias reglas alimentarias y, si las rompen, se sienten culpables y corrompidos, e incurren en ayunos o dietas estrictas. Pese a que este comportamiento es similar al de las personas que sufren anorexia o bulimia nerviosa, éstos se preocupan por la cantidad de comida que consumen, mientras que los ortoréxicos se obsesionan con la calidad de la misma.
 Estas personas pueden recorrer kilómetros para adquirir los alimentos que desean, pagando por ellos hasta diez veces más que por los ordinarios, optando por ayunar si no los encuentran o dudan de su origen; evitan los restaurantes y rehúsan invitaciones para comer en casas ajenas. Las consecuencias de este desorden incluyen desnutrición, falta de energía, anemia e incluso la muerte por inanición.
 Los comedores compulsivos no son flojos ni carecen de fuerza de voluntad. La comida es utilizada por ellos como una manera de llenar el vacío que sienten producto de su baja autoestima.
Los desórdenes alimenticios no son vanidad ni capricho. Hacer dieta es cuestión de vanidad, pero si la conducta se convierte rápidamente en un mecanismo para combatir el estrés, el odio a uno mismo, el dolor y la vergüenza, se ha instaurado un desorden alimenticio.
Jorge Pérez-Reyes De la Flor
Psicólogo

4 comments

  1. Anonymous   •  

    No conocía la orterexia. Veo que cada vez hay más desórdenes alimenticios. Creo que tiene que ver mucho con la sociedad en que vivimos hoy y la importancia que se le da a cómo uno se ve(como ejemplo simplemente veamos la publicidad en la tele). Es probable que muchos hayamos tenido posibilidad de caer en un desorden alimenticio alguna vez y conocemos a muchos que los han tenido.

    Creo que un tema importante a tratar es el rol de la familia: si no caimos en el trastorno quizás fue por la ayuda de nuestro entorno familiar y amical o quizás caimos por ellos.

    El Perú tiene estadísticas al respecto?

  2. GDA   •  

    Efectivamente, la familia juega un papel predominante. Pese a que se habla de una base genética, ésta puede o no desarrollarse dependiendo de cuán contenedor sea el entorno familiar de la persona (si bien una familia afectuosa no necesariamente elimina las posibilidades de desarrolalr un trastorno alimenticio, sí ayuda a prevenirlo). De igual manera, la sociedad y sus exigencias (estereotipos y modelos deseables e ideales), también aporta su -no tan pequeño- grano de arena.
    Con respecto a las estadísticas, este artículo de 2010 revela que aproximadamente el 11% de adolescentes en el país sufre algún trastorno alimenticio.

  3. Anonymous   •  

    Todos estos desórdenes alimenticios presentan el factor obsesión. Según parece, la ortorexia puede comenzar como un afán por comer sano y hasta cierto punto es algo positivo estar informado sobre los efectos de cada alimento que uno consume y cuáles son los que deberían predominar sobre nuestra dieta con el fin de estar más saludables y mejorar nuestra calidad de vida. Pero si la procupación que le damos a nuestra alimentación pasa a niveles obsesivos esta oportunidad de mejorar nuestra alimentación puede devenir en una enfermedad que tenga efectos contrarios a los que en primer lugar queríamos lograr.

  4. GDA   •  

    Tienes mucha razón, los desórdenes alimenticios tienen un alto componente obsesivo que lleva a las personas a tratar de controlar de manera excesiva el peso, las calorías, la figura, etc. Como en todo, lo que daña es el abuso de estas conductas.

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