“El hijo solo” de José María Arguedas, por Nadia Cahuana Santiago

José María Arguedas nació en Andahuaylas el 18 de enero de 1911 y murió el 2 de diciembre de 1969. Fue literato, antropólogo y etnólogo; uno de los máximos exponentes de la literatura indigenista, no solo por lo que plasmó en sus obras, sino también por lo que en vida contribuyó para generar una valoración de las costumbres de nuestra sierra peruana.

Las obras de José María Arguedas han sido siempre mis favoritas, ya que muestra claramente dos tipos de realidades y costumbres diferentes en un mismo país. Por una parte está todo lo relacionado a lo andino: fiestas, música, danza, costumbres, lo cual trata de ser reivindicado por Arguedas y, por el otro lado encontramos lo occidental y es a lo que más estamos familiarizados nosotros. La riqueza de esta mezcla hace muy interesante cada relato, novela o cuento.

Sus obras son bastante auténticas y esto se debe a la niñez que tuvo entre poblaciones indígenas, quienes en esa época fueron quienes le dieron amor y cariño, es por eso que es capaz de expresar con tanta naturalidad todo lo correspondiente al mundo andino. Es más Los ríos profundos es una novela autobiográfica, en la que se ve claramente todo ese sentimiento e identidad indígena que Arguedas posee, a pesar de sus rasgos físicos que lo asemejaban más a un mestizo de la costa.

“El hijo solo” es un cuento en el que Singucha, personaje principal, muestra un lado bastante sensible y tierno al proteger a su perro, quien es algo más que una mascota, es la fuente de su alegría entre toda las cosas malas y la pobreza en la que vivía. Y si hacemos una comparación entre Singucha (peón) y los dueños de las tierras, podemos observar que el primero posee mucho más humanidad, sinceridad y buenas costumbres que los segundos; con este pequeño análisis nos podemos fijar que justamente esa era la percepción que había concebido Arguedas a través de los años y que plasmó en todas su obras. Las injusticias que vivía Singucha, así como otros peones que habitaban en esa zona llena de conflictos y explotación, era un reflejo de lo que en su época muchos campesinos vivían. Es más, creo que todo ese sentir del pueblo andino y la acumulación de estos abusos dieron origen a los primeros reclamos que más adelante se convirtieron en la reforma agraria la cual fue y es duramente criticada, pero que tiene como base un problema social que Arguedas expone muy bien en todas sus obras.

Las peculiaridades al hablar, las palabras en quechua y la descripción casi perfecta de los paisajes propios de la zona andina nos retratan el escenario de la mayoría de sus obras. Los detalles y las costumbres narradas nos enseñan a apreciar mucho más aquella cultura de la cual somos parte pero de la que, sin embargo, muchas veces no somos participes; también considero que el hecho de que sea antropólogo ayuda mucho más a la riqueza de su obra, de igual manera su labor como educador y más adelante en cargos públicos, le da esa capacidad para contrastar todo lo que vemos en el cuento.

Considero que en general las obras de José María Arguedas son una invitación a redescubrir más ese mundo andino que está más cerca de lo que nosotros pensamos, está en demostrar el lado humano de todos aquellos que habitan en la sierra y generar así la integración de los pueblos, ya que si bien el Perú es un país multicultural y con bastantes diferencias, estoy segura que con mayor apertura y sensibilidad, la integración y la comprensión sí se puede conseguir. En conclusión, las obras de José María Arguedas nos muestran lo más profundo de nuestras raíces, nos hacen reflexionar y cuestionarnos muchas cosas, nos hacen valorar y afianzar esa identidad que todo peruano debe tener muy bien puesta.