“Diarios de las estrellas” de Stanislaw Lem, por Gonzalo Balladares

Stanislaw Lem nació en Leopolis, Polonia (actualmente Ucrania) en 1921. Fue un reconocido escritor, especialmente entre aquellos a los que les gusta la ciencia ficción. Es conocido también por novelas como Solaris que fueron llevadas (en este caso más de una vez) al cine o la televisión. Sus obras, incluyendo Diarios de las estrellas, están llenas de sátiras y burlas sobre la sociedad y distintos aspectos de esta. También tiene un humor lleno de ironía pero que contiene un carácter reflexivo.

Diarios de las estrellas es una de los más conocidos trabajos de Lem. Publicado en 1971, este conjunto de relatos cuenta los viajes de Ijon Tichy, que viaja solo en su nave a través de distintos planetas en los que experimenta, vive y observa distintas aventuras y experiencias. Aun cuando muchas tienen un humor típico de otras de sus obras, algunos viajes tratan temas un poco más filosóficos o críticos.

“Viaje séptimo” es uno de los relatos de los Diarios. Ijon Tichy se queda sin control de su nave en uno de sus viajes pero no tiene cómo arreglarla ya que se necesitaba de dos personas para hacerlo. Al investigar sobre quién podría ayudarlo, se da cuenta de que está acercándose a unos remolinos de gravitación. Mientras va pasando el tiempo esperando cruzar los remolinos, el mismo Tichy de otro día se le aparece para convencerlo de salir a arreglar la nave. Esto ocurre debido al campo gravitacional producto de los remolinos, que genera que se duplique o triplique. Al pasar las horas y los días se generan discusiones acerca de la existencia de cada uno de los nuevos Ijon, lo que crea una situación muy graciosa y confusa a la vez, al tratar todos de engañar o convencer a otro Ijon de salir a arreglar el cohete.

Stanislaw Lem trata esta situación con bastante humor. También se ve que en cierto modo se burla de la idea que tienen otros escritores de ciencia ficción sobre viajes en el tiempo al hacer que Ijon Tichy pueda hablar con él mismo. Al mismo tiempo se generan discusiones sobre el resultado de ir a arreglar la nave con alguien que viene del futuro, ya que la existencia del Ijon que viene del futuro implica que la reparación no funcionó.

Me gustó mucho la idea de poder conversar con uno mismo del pasado o futuro y la forma en que se muestra la frustración del protagonista al tratar de convencer a alguien de un día anterior de arreglar la nave, incluso cuando él sabe que los intentos serán en vano porque él mismo ya había decidido no ir cuando le preguntaron en su momento. La situación, evidentemente absurda, resulta muy entretenida.

Situaciones como esa ocurren en otros viajes de Ijon Tichy. En el “Viaje vigésimo tercero” aterriza en un pequeño planeta donde los bzutos (pobladores del planeta) tienen una peculiar forma de evitar el aburrimiento o dormir. Existen unas máquinas repartidas por todo el planeta donde uno se descompone en átomos y, luego de un tiempo, es reconstruido en otro lugar. Esto lleva a una peculiar anécdota en la cual un novio es reproducido por error dos veces el día que se va a casar, por lo cual ocurre un largo juicio.

Lem también encuentra formas de criticar a la sociedad y diversos grupos a través de sus relatos. En el “Viaje vigésimo quinto” narra cómo muchos grupos se enfrentan y discuten sobre algo tan banal como la definición de patata, para lo cual se hacen muchos estudios e investigaciones.

Stanislaw Lem es un gran autor de ciencia ficción cuyas obras tienen un estilo particular. Llenas de sátiras, burlas, reflexiones y temas absurdos, son muy entretenidas. Incluso sus personajes no son nada parecidos a lo que uno espera de una obra normal. Ofrece una visión distinta a lo que normalmente se espera de un relato de ciencia ficción.