Sheyla Enciso, “Anorexia y tijerita” de Alfredo Bryce Echenique

“Anorexia y tijerita” me parece un cuento que gusta no simplemente por los temas de fondo que abarca, desde corrupción hasta discriminación racial (problemas más profundos en el mundo moderno), sino también por la genialidad del autor para poder narrar como si estuviera hablando. Creo que ese es uno de los factores fundamentales que influyen para poder hacer el texto más real, para hacerle sentir al lector que no se trata de una historia meramente descriptiva, sino que, al saltarse un orden establecido, logra explicar la naturaleza humana precisamente como es, desordenada, compleja.

El autor mezcla tiempos; primera, segunda, tercera persona; personajes; pensamientos. Es por ello que sentí el cuento real; logré incluso ponerme en la situación de Joaquín Bermejo, de cómo se podía sentir, de cuánto estrés podía tener, de cómo debía manejar las cosas, tal vez debía irse por el camino más fácil y dejar todo de lado, pero qué dirían los demás, pero también qué había de él, de sus ambiciones –por más buenas o malas que fueran–, de cómo lo limitaban. Situaciones en las que piensas en una y mil cosas, y se te vienen a la mente otras mil y un cosas, caracterizan mi día a día también. Por ello me encantó este cuento, y fue sin duda uno de los mejores a lo largo de este taller.

Ahora, con respecto a los temas de fondo. Además de la forma en la que Bryce Echenique logra describir a sus personajes, mediante sus expresiones y actitudes, es interesante en contexto en el que enmarca el cuento: una familia limeña favorecida por la fortuna. Joaquín Bermejo es un político sin escrúpulos, como tantos hoy en día, envuelto en un caso de corrupción, que además es infiel. Se siente mal por dejar de ser ministro y, por tanto, dejar de ser “importante”; pero aún más le preocupa quedar como un político corrupto. Piensa en cómo escaparse de esa, qué dirá la prensa, qué le dirá a sus hijos, que tal vez sea una buena idea mandar a matar a su esposa y huir con su amante, tantas cosas. Sin embargo, nunca logra cuestionar sus propios actos que lo llevaron a esa situación.

El rol de su esposa en su vida es fundamental por más infiel que le sea. Raquelita, es una dama de clase alta que desprecia a gente “de ínfima”, pero que, al final, sorprende con su intrépida hazaña para no dejarse robar, aunque en efecto no le habían robado, solo que, para ir acorde a la percepción que se tiene de una dama de la oligarquía, se dejó llevar por las apariencias y, prejuiciosamente, pensó que un señor de raza negra le había robado. También llama la atención que señalara “está prohibido sudar”, “en esta casa no se suda”, como si por ser de clase alta librara a las personas de una reacción natural, pero que ella considera sucia. Estas superficialidades la alejan de ser consciente de la realidad social e incluso de su realidad matrimonial.

El rol de sus hijos también es importante. A pesar de que Joaquín no tenga escrúpulos, le importa mucho qué le dirá a sus hijos, y sobre todo piensa en la imagen que quiere que ellos se lleven de él. “¡Pues pulso! ¡Cráneo! ¡Pulso y cráneo! ¡Y con el sudor de mi frente! ¡Con el sudor…!”

Toda esta preocupación que tiene Joaquín nos lleva hacia la mirada de un hombre y su conflicto personal. A pesar de no tener escrúpulos, es un individuo que se encuentra acorralado y debe tomar una decisión, por más o menos honrada que haya sido la situación que lo llevó a ello. Es interesante cómo en varios momentos del cuento Bryce Echenique cita las palabras de Raquelita: “Te quiero por lo que eres” le dice a Joaquín. Eso es lo que acrecienta el conflicto de Joaquín. ¿Quién es realmente? ¿Fue en el pasado una mejor persona? ¿Hoy es solo un político corrupto? ¿Acaso no está donde está a base de puro esfuerzo?

Este cuento logró, de una forma diferente, invitar al lector a vivir el conflicto personal de un hombre sin escrúpulos, en un contexto de abismos sociales que han dividido a la sociedad peruana. ¡Muy buen cuento!