La Iglesia Católica, ¿tigre de papel?

[blockquote source=»Mao Tse Tung»]“En apariencia es muy poderoso pero en realidad no hay nada que temer; es un tigre de papel.  Un tigre por fuera,  pero hecho de papel, incapaz de resistirse al viento y la lluvia.”[/blockquote]

En una reciente columna en La Republica[1]Steven Levitsky de Harvard University argumenta que la creciente marginalidad política de la Iglesia Católica en América Latina, permitiría la aprobación del matrimonio gay y otros avances liberales.   En el Perú en particular, él sostiene que la Iglesia hoy es un tigre de papel, con una legitimidad moral destruida, al cual los políticos no deben temer.

Para quienes trabajamos en instituciones con fuerte arraigo católico, este argumento nos suena algo exagerado.  También será noticia para el Latinobarómetro[2], cuyas encuestas señalan al Perú como uno de los países donde la Iglesia Católica genera mayor confianza y legitimidad. Para algunos empresarios mineros, en cambio, esto será motivo de celebración, pues consideran que los agentes pastorales ejercen demasiada influencia política en las comunidades donde operan.

Pero, ¿en qué se basa Levitsky para sostener que la Iglesia Católica (IC) es débil y marginal?   ¿Tiene evidencia concreta o es wishful thinking?  ¿Qué fuentes tenemos para comprobar esta hipótesis? En el mundo académico peruano, la investigación sobre la IC es muy escasa, no solamente por las pocas fuentes asequibles, sino también por la falta de investigadores dispuestos a mirar con objetividad a este tigre y sus múltiples rayas. Sin embargo, en base a la información que tenemos — y para parafrasear al mismo autor – diría  que sobre la Iglesia hay más dudas que certezas. Las cuáles, a su vez, deben incentivarnos a estudiarla mejor.

En primer lugar, se señala la reducción del número de personas que se identifican como católicos en casi toda la región.  En el Perú también ese número ha disminuido, de 88,9% en 1993 al 81% en el último censo de 2007.  Pero sigue siendo una amplia mayoría.  Además, se presume que la mayoría de personas que dejan la IC van a engrosar las filas de grupos protestantes evangélicos, que pueden ser iguales o más conservadores en los temas que le preocupan a Levitsky.   ¿Así vamos a lograr avances liberales?

El segundo argumento, es que la mayoría de católicos “no son practicantes”, porque no van mucho a misa y no matriculan a sus hijos en colegios católicos.   Pero la asistencia a misa, ¿es la única forma de practicar la fe?  ¿Cuántos peruanos expresan su fe haciendo catequismo, procesiones, o donaciones solidarias con entidades católicas, o manteniendo importantes aspectos de la doctrina católica en su trabajo diario?

Respeto a los colegios, efectivamente, la mayoría de peruanos no matricula a sus hijos en colegios católicos. Probablemente, porque la mayoría no tiene los recursos para hacerlo, o no tiene acceso a ellos, pues los colegios parroquiales son pocos y la mayoría de familias depende del deficiente sistema de educación estatal.  Sin embargo, la mayoría de niños peruanos estudian en colegios donde el curso de Religión – Católica – es obligatorio, y donde los rituales católicos son trasmitidos prácticamente como parte del currículo escolar.  Esto no solamente es una obligación legal, sino también tiende a ser una exigencia de los padres de familia.

En tercer lugar,  Levitsky señala que la Iglesia tiene “cada vez menos influencia sobre la opinión pública”, debido a que la gente diverge de ella en temas como el uso de anticonceptivos y el divorcio. Es probable que las nuevas generaciones sean más tolerantes y abiertas en asuntos sexuales, que sus padres y párrocos.  Pero en el Perú aún tenemos una abrumadora mayoría (87%) en contra de la legalización del aborto, y una alta resistencia al matrimonio homosexual (65%), como ha señalado Alfredo Torres en una columna reciente[3].  Aunque Levitsky nos asegura que “el matrimonio gay se viene”, hay todavía trabajo por hacer.

Por otro lado, vale la pena preguntarnos si la pérdida de influencia de la IC en el terreno de la sexualidad y salud reproductiva, ¿no se contrasta con la ganancia de influencia en otros campos?  Por ejemplo, en derechos humanos, derechos indígenas y defensa del medio ambiente, donde organizaciones y líderes católicos han tenido creciente presencia y legitimidad.

El estudio La Iglesia Católica como proveedora de servicios sociales: mitos y realidad realizado por el CIUP en 2005[4], se plantea tres roles políticos que juega la IC en el Perú: Voz del Pueblo, Voz Mediadora, y Voz Política.  En el primer caso, los ejemplos incluyen el apoyo de obispos de Piura a la consulta de Tambogrande, y las campañas para mejorar las condiciones carcelarias.   En el segundo, donde la IC sirve como puente entre el Estado y la sociedad y busca facilitar dialogo entre las partes, los ejemplos incluyen una huelga de hambre de los maestros de SUTEP en 2002, y la protesta de los arequipeños contra la privatización de Egasa y Egesur.   El tercer caso incluye la presencia de la IC en la Comisión de la Verdad y Reconciliación, la Mesa de Concertación de la Lucha contra la Pobreza, el Foro Educativo, entre otros.  Vale mencionar también, que casi la cuarta parte de los miembros de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos son entidades de la Iglesia Católica o asociados a ella.

En un trabajo reciente, Javier Arrellano también señala que en diversas localidades del Norte y Sur Andino, la IC ha escuchado las preocupaciones de la población y ha estado de lado de las comunidades afectadas por la expansión minera y petrolera[5].  A veces en el papel de mediador, y a veces en abierta confrontación con el gobierno y poderosas empresas nacionales y transnacionales. Aquí no se trata solo de individuos.  Se trata de una amplia red de obispos, sacerdotes, monjas y otros agentes pastorales, en Piura, Cajamarca, Loreto, La Oroya, quienes colaboran con las comunidades y los líderes políticos locales con infraestructura, organización, comunicaciones (ej.: Radio Marañón) y contactos internacionales.  Su opción por estar de lado de los pobres, tiene raíces en la Teología de la Liberación, doctrina recientemente revindicada por el Vaticano.  A la vez, la integración de temas ambientales en el mensaje espiritual de la IC, es novedosa y potente. Según Arellano, “la inclusión de referencias al medio ambiente y los derechos en los discursos y las rituales religiosos explícitos ha sido el aporte principal de la Iglesia”.

¿Qué otra información tenemos para evaluar la presencia y el peso de la Iglesia?  Hace diez años, por ejemplo, los investigadores del CIUP encontraron que la presencia institucional de la IC se encontraba extendida en el territorio nacional.  Según el Directorio Eclesiástico de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP), en 2002 había 1,406 parroquias con 2,406 sacerdotes, y un promedio de 11,000 fieles por sacerdote, además de unas 2,300 otros tipos de organización religiosa asociada a la IC.

¿Cuántos son hoy?   Para responder a esto, encontramos tres fuentes.   Según el mismo CEP, hoy en las 45 jurisdicciones eclesiásticas hay 1360 parroquias (46 menos), pero 2599 sacerdotes (193 más), además de cientos de otros religiosos y religiosas.  Hay unos 27 millones de habitantes en sus jurisdicciones, o un ratio de 10,445 personas por sacerdote. Más de la mitad de estas parroquias están en el interior del país, a menudo ubicadas en lugares de difícil acceso[6].

Una segunda fuente es la Dirección de Asuntos de la Iglesia Católica del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, la entidad del Estado encargado de ver las relaciones institucionales con la IC[7].  Según ella, la totalidad de agentes pastorales de la IC hoy será más de 8,000 personas, repartidas en 44 jurisdicciones territoriales y el Obispado Castrense, que sirve a las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional en todo el país. De las territoriales, 7 son arzobispados, 19 obispados, 10 prelaturas y 8 vicariatos apostólicos, éstos últimos siendo territorios de misiones en la Selva. La tercera fuente es un estudio reciente del INEI, en colaboración con el CIUP, que identifica a 180,000 organizaciones privadas sin fines de lucro legalmente registradas en el Perú.  De ellas, el 7,8% son organizaciones religiosas de diversos credos, y 2,7% (unas 4,860) son instituciones católicas, incluyendo parroquias, colegios y otras entidades.[8]

Otro indicador interesante, sería el número de laicos que participan regularmente en organizaciones católicas.  En 2002, otro estudio del CIUP encontraba que solo el 7,6% de hogares urbanos tenían personas que participan en grupos religiosos.  Sin embargo, las variaciones regionales son interesantes, pues la participación aumenta a más del 10% en nueve departamentos, los más altos siendo Cajamarca y Piura (13%), Loreto (12%) y Huánuco (11%).   Según Arellano, esta participación puede ser mayor aún en zonas rurales, y señala especialmente la importancia del movimiento catequista en provincias de Piura y Cajamarca en los años 80 y 90, y su conexión con las rondas campesinas, que hoy enfrentan a proyectos mineros como Majaz y Conga.  Citando a Orin Starn, Arelleno señala que a menudo los líderes elegidos de las rondas han sido catequistas, y consideran que las rondas realizan el ideal cristiano a través de una evidente integración de la religión con la política.

¿Cómo se mantiene esta red de instituciones y agentes pastorales?  Levitsky sugiere que el Estado los asume, a través de subsidios directos a los obispos y las diócesis.  Estos se basan en la relación especial que tiene la IC con el Estado desde la Conquista, y el Acuerdo actual entre las partes que data de 1980, haciendo de la IC sujeto de Derecho Público.  En este sentido, como también en relación a la enseñanza de Religión, podemos decir que es un tigre con privilegios.

Pero en cuanto a la subvención económica en sí, los números francamente no cuadran.  Mirando a la partida “Subvenciones a la Iglesia” en el Presupuesto del Sector Público, disponible en el portal del MEF, en los últimos tres años este monto ha sido de S/.2,613,000 anuales, de los cuales S/.2, 603,000 son subvenciones a individuos, que comprende 1,052 plazas y 23 pensiones[9].  Es decir, S/.2,412 por cura por año.  Otro S/.1 millón va para Fe y Alegría, entidad religiosa que administra alrededor de 79 colegios públicos con unos 89,000 alumnos.  S/.11 soles anuales por niño. Como es evidente, dos millones de soles anuales cubre solo una fracción de los gastos operativos de las parroquias.  Y comparados con los S/228 millones al año que recibe DEVIDA, o los S/170 millones que recibe el Instituto Peruano de Deporte (IPD), pareciera que la IC devuelva más a la sociedad que lo que recibe por subvenciones.

Por supuesto, hay otras formas de aporte público a las entidades religiosas, sobre los cuales nos faltan data reciente. Una de ellas, citado por Levitsky, es la exoneración de impuestos sobre la renta y las propiedades.  Sería interesante estimar cuánto implica esto en ahorros. Pero es importante aclarar, que las exoneraciones se aplican también a las demás iglesias que operan legalmente en el Perú, y a todas las demás asociaciones sin fines de lucro, incluyendo la Universidad del Pacifico, el Movimiento Homosexual de Lima, y el Club Nacional.

Algunos consideran que el Estado no debe otorgar exoneraciones tributarias a asociaciones cuyas  prácticas son contrarias a los derechos humanos y civiles reconocidos en nuestra Constitución.  La Iglesia Católica, discrimina en diversas circunstancias contra mujeres, homosexuales y padres divorciados.  El Club Nacional, que ocupa propiedad de alto valor en el centro histórico de Lima, no admite a mujeres, negros o indígenas (aunque fuera el Presidente de la República).  ¿Deben perder sus beneficios tributarios?   Hasta ahora la libertad de asociación ha primado en estos casos, quizás porque pocos se han atrevido a cuestionar esta situación.

Si el Estado no mantiene a la IC, ¿quién lo hace?   Aparentemente, sus fieles.  Según la  Encuesta Nacional de Donaciones y Trabajo Voluntario, realizado en 2001, las parroquias, escuelas, y organizaciones caritativas de inspiración católica, estuvieron entre los principales beneficiarios de las donaciones individuales y del trabajo voluntario de los peruanos, y también de las diversas formas de donación organizadas.  En total, el 34% de los voluntarios y más de la mitad de las donaciones se hicieron con organizaciones relacionadas con la IC.  Por cierto, esta no es una característica única de la IC, pues las otras agrupaciones religiosas también crecen gracias a los aportes de sus fieles, y así también la gran mayoría de asociaciones sin fines de lucro en el Perú.

¿Cuánto recibe la IC en donaciones para sus gastos operativos?  Portocarrero, Cueva y Portugal hicieron un ejercicio de estimación en 2002, sobre la base del número de sacerdotes, salarios promedios y otros indicadores, y concluyeron que solamente para las parroquias los gastos sumaron alrededor de S/65 millones anuales.   También hicieron una aproximación del total de donaciones (principalmente limosnas) realizadas por los fieles, en S/83 millones anuales.  Es decir, hace una década, las donaciones cubrían la totalidad de los gastos operativos de las parroquias, dejando además un remanente de 22% para otros fines, presumidamente de asistencia social.

¿Esta situación se mantiene?  No se ha repetido el ejercicio, pero podemos imaginar que entre el 81% de peruanos que aún se consideran católicos, hay quienes tienen mejores ingresos ahora y dan más a su parroquia y/o las diversas entidades caritativas asociadas a la IC.   Pero podría ser a la  inversa, y es un buen tema para investigar.  ¿Qué tan filantrópicos son los católicos hoy; los que son más ricos, y los de clase media emergentes?  ¿Los evangélicos dan más?  Y los que no profesan religión, ¿igualmente dan a sus causas favoritas?

En resumen, aunque el impacto de la IC puede haber disminuido en temas de sexualidad y salud reproductiva, la evidencia sugiere que mantiene una presencia institucional y social envidiable, especialmente en zonas rurales y comunidades marginadas por el Estado. Asimismo, parece mantener influencia en otras esferas de la vida política, y a pesar de todo, sigue siendo la institución con mayor confianza entre los peruanos.

Es posible que las recientes acusaciones de pedofilia en la IC peruana pueden mellar esta confianza, sobre todo si las autoridades eclesiásticas se niegan a entregar a los acusados y colaborar con la justicia.   Pero debemos recordar, que el abuso sexual prolifera en todas las instituciones donde hay grandes asimetrias de poder, estructuras de autoridad rígidas, y poca transparencia o fiscalización.   No hay evidencia que este problema sea mayor en la IC que en otras congregaciones, o en instituciones laicas con estas características, y debemos ser severos con todas para erradicarlo.

Irónicamente, el término “tigre de papel” es un antiguo dicho chino, utilizado en una recordada frase de Mao Tse Tung para referirse al imperialismo norteamericano[10].  Pero el astuto Mao también enfatizó la importancia de tomar en serio a este animal y conocerlo bien, pues tiene garras, dientes y camuflaje a rayas.  En nuestro caso, hacemos un llamado a los investigadores a analizar mejor a ésta y otras instituciones que ejercen poderes complejos en nuestro país.

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[2] Informe de Prensa Latinbarometro 1995 – 2011 Peru.  Según esa fuente, “La Iglesia es la única institución en el Perú que concita una cantidad muy significativa y superior de confianza que todas las otras instituciones, alcanzando el 69%, 19 puntos más que la institución que la sigue con el 50% (radios)”, p. 19. http://www.latinobarometro.org/documentos/LATBD_INFORME_LATINOBAROMETRO_Peru_1995_2011.pdf
[4]  Felipe Portocarrero, Hanny Cueva y Andrea Portugal, La Iglesia Católica como proveedora de servicios sociales: mitos y realidades (Lima, CIUP 2005).
[5] Javier Arellano Yanguas, “ Religion and resistance to extraction in rural Peru: the Church following the people? , paper presentado en conferencia sobre Religion, Social Movements and Zones of Crisis, Boston University, 25 – 27 abril, 2013.
[10] “U.S. imperialism is a paper tiger”, July 14, 1956.  http://www.marxists.org/reference/archive/mao/selected-works/volume-5/mswv5_52.htm